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| "¡Tranquilo!", de Raúl Cisterna |
Formal protesta contra quienes confunden familiaridad con cercanía y olvidan las reglas básicas de convivencia
Oiga, no me tutee, yo lo trato de usted, le exijo que me hable igual. No quiero ninguna reverencia, ningún saludo especial, menos que haga una genuflexión, sólo que no me trate de “che vos”. Entiendo que ha mirado mucha televisión y que ahí todos son “vos vení”, “vos vete”, “vos sos” y que en su casa se trataban de vos, padres, madres, hermanos, el kiosquero, el abuelo y la tía vieja, todos mezclados. Pero fuera de su casa existe otro mundo en el que rigen convenciones que lo hacen más previsible y amable, uno en el que quienes no se conocen se tratan de usted.Voy a la farmacia, a la verdulería, a comprar un pantalón y los atrevidos dependientes me preguntan “qué andas buscando”, “¿necesitas algo?”. Entonces me pregunto cuándo nos presentamos, por qué tanta confianza, ¿acaso los autoricé a que me tuteasen tan confianzudamente como si estuvieran en la tabeada? Quienquiera que sea el otro, es siempre alguien importante, al menos hasta que demuestre lo contrario. Y no importa la diferencia de edades, para mí usted siempre será usted.¿Hasta cuándo debe durar el trato cortés?, es la pregunta. En algunos casos, hasta que los amigos se dicen “pero, vamos a tratarnos de vos, ¿qué te parece?” y el otro le contesta, “sí, ¿qué no?, por qué tanta formalidad si ya somos como chanchos”. En ocasiones, el trato formal es para siempre. Casos se han visto de esposos que se trataban de usted. Compartían cuchillo, tenedor y cuchara, casa, patio, cama, velador, sala, cocina y baño, y se decían usted desde el día en que se han conocido hasta que se han muerto de viejos. Y durante todo el tiempo que les duró la vida criaron los hijos, se rieron juntos, bailaron, se amaron, viajaron, jugaron a las cartas, salieron con amigos, se enojaron y amigaron, siempre con consideración, pidiendo todo por favor, dando las gracias.
No, señor, no me quiero tirar de antiguo ni darme aires de grandeza ni hacerme el importante. Pero me molesta que alguien a quien le llevo más de treinta años me trate de vos sólo porque cree que es dueño de toda la Creación, la tiene para uso exclusivo y no hay lugar para el resto. Este mundo también es de uno, a pesar de que todos le digan viva la vida, la felicidad ja, ja, ja, ja, ser joven es ser un héroe y el que no salta es porque tiene artrosis.
Sí, amigo, yo soy del vino tinto, uso calzoncillos de tela, no pongo los codos en la mesa para comer, tengo canas y no me las tiño. Yo soy viejo, repita: vie—jo. Cómo será usted algún día, si no se muere joven nomás, a los 30, a los 40, y la vida le sonríe como a mí.
Tráteme de usted.
¿Es mucho pedir?
Porfis.
Juan Manuel Aragón
A 23 de septiembre del 2026, en el Farolito. Pidiendo un potrillo tinto.
Ramírez de Velasco®



Excelente. En cada visita a La Argentina, el impacto del tuteo (o vos-eo) es notorio y chocante. Aparentemente la sociedad lo ha naturalizado, pero impacta al que llega de afuera por el contraste que hay con otros como es el trato en otros paises.
ResponderEliminarToda la publicidad se ha vuelto chabacana, por el tuteo, y para peor, haciendo uso de conjugaciones verbales (querés, podés, sabés), que ni siquiera existen en la lengua española.
Si a eso se suman los horrores gramaticales, de sintaxis y de contexto (venta de "aires" "acondicionados"), que no son tema de este artículo, la.mediocridad comunicacional que se evidencia resulta deprimente.