Imagen ilustrativa “No hay armisticio ni alto el fuego que valga, mientras en el sopor de las casas los hombres duermen con el sudor chorreando tibio por el cuello” Deambulan a la sombra del anonimato que brinda la calzada hirviente, toman el fresco que se guarece bajo los altos postes de luz que más tarde amarillearán la noche. Sólo los ven quienes salen en ese intervalo del día que los extraños eligen para nombrarnos: pueblos en constante modorra, tranco corto y bondad sin límites de pobres corazones provincianos. Se arrastran entre el humito que germina en los bordes líquidos del alquitrán que junta el pavimento. No hay quien registre sus evoluciones, la ciudad duerme su sopor de cuatrocientos cincuenta años y la yapa. Caminan cuando la tarde ya no es tarde. La calle extraña casi todos los colectivos que descansan en sus garajes; para el norte y para el sur de la Belgrano no camina ni un alma entera. Los trabajadores de las estaciones de servicio suelen verlos pasar raudos. O se det...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero