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Mostrando las entradas etiquetadas como Mancarrón

PAGO El éxito de los fierros nuevos

El obispo de Catamarca Luis Urbanc, lleva a la Morenita en sulky "Nos percatamos de que el cambio había llegado para quedarse la última vez que fuimos en sulky a la fiesta de la Virgen" Cuando comenzaron a llegar las bicicletas creímos que no tendrían éxito. ¿Quién iba a querer andar en esos cuatro fierros teniendo caballos, mulas, burros? Nadie. Pero al tiempo ya todos habían comprado la suya y hasta nosotros, que tanto las habíamos criticado, tuvimos que rendirnos ante la evidencia de que son más baratas de mantener, más rápidas, y hasta podíamos llevar una chinita en el caño, lo mismo que en las ancas del matungo. Nos terminamos de convencer cuando uno de los amigos se vino al pueblo en una mañana, casi 100 kilómetros de pedaleo en un rato nomás. De a caballo quizás hubiera hecho el mismo trayecto en un día entero con riesgo de matar al mancarrón. Nos equivocamos tan fiero que cuando llegaron las motos fuimos casi los primeros en comprar una. Para qué íbamos a luchar contr...

PROMESA A caballo

De a caballo Un hombre vino montando al centro de la ciudad con un extraño designio que se revelará justo antes del final de esta nota Cuando cumplió su plan apareció en los diarios, pero no salió completa la noticia, solamente decía que un gaucho había venido al centro, de a caballo, un domingo, cuando los municipales no trabajan y no hubo quién lo ataje. Cuando llegó por primera vez, para probar nomás, tomó por el Camino de la Costa y entró al centro por la Francisco Viano, luego la Buenos Aires y llegó a la San Martín, pasando un poco la Moreno, ahí vivía. A muchos les llamó la atención, pero hubo otros que no se inmutaron, acostumbrados como estaban, en ese tiempo, a los carritos tirados por matungos. Todo había comenzado un poco antes, cuando el hombre dijo que tenía una promesa que cumplir y los amigos le avisaron que estaba loco, que era una tontería. “Por qué no gastas la plata en otra cosa o se la das a un pobre”, le aconsejó un amigo. Pero, era de esos que cuando se le pone a...

BRUJOS La cura del Chagas

"Paisaje santiagueño", de Hugo Argañarás El engaño de los curanderos a los pobres que acuden a ellos, como última esperanza para zafar de un mal endémico en el norte de la Argentina La última vez que había visto a Lalo Coronel, todavía estaba viva su señora, la Dina, que me conocía de muy niño. Anduve como dos o tres días por el pago. Con un mancarrón y un apero que me prestaron, visité amigos, anduve por viejas sendas casi cerradas del todo, respiré el aire de esas mañanas, cristalino, diáfano, perfumado. Como siempre la casa se mantenía limpia, se diría reluciente, si no fuera porque el piso era de tierra, pero barrido hasta el confín del guardapatio como sabían ser antes los de todas partes. Tenían unos cuantos chanchos, un chiquero con cabras y ovejas, una huerta pequeña pero bien surtida, un loro, Lorenzo, y un guayacán inmenso ofertando una sombra que refrescaba las tardes del verano. Recuerdo que la Dina se quejaba por unos dolores del pecho —tenía mal de Chagas— que s...