Resolviendo un crucigrama “La vieja resolvía crucigramas”, también podría titularse este cuento que fue enviado a un concurso, pero no salió ni a los veinte “Anciana es hallada muerta en su casa”, decía el artículo en El Liberal. Era una noticia cualquiera del diario, perdida en la página de Policiales, como tantas otras. Pero daba la casualidad de que esa anciana era mi abuela, la pucha. La hallaron como dormida en su cama, el rostro en paz, el retrato del abuelo mirándola —como nos miraba a los nietos— desde un cuadro ovalado, pintado a mano, sombrero de ala ancha de viejo galán, junto a una Virgen con Niño Dios, una hermosa reproducción que nunca he visto en otra parte. En mitad del pecho, más o menos a la altura del corazón, estaba plantado el cuchillo de cocina que usaba la vieja, nada más que esta vez alguien lo había usado para clavárselo alevosamente, en vez de dejar que ella siguiera cortando la carne bien chiquita para las empanadas que a veces hacía los domingos. Golpe duro ...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero