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Mostrando las entradas etiquetadas como Ciego

CUENTO Día del periodista

Antiguo aparato usado por los periodistas Ficción en homenaje a uno que quiere ser parte del gremio, pero todavía no le da el piné para que lo admitan en Pomporerá Está muy bien para hoy, que es su día, narrar un cuento de periodistas y de uno que usufructuó las notas de otro para que, después de muerto, lo tuvieran por tal, lo consideraran y le publicaran “sus” notas en la sección de “Cartas de lectores” de un otrora prestigioso matutino, ahora felizmente en decadencia casi mortal. Es sabido que hay artículos de los diarios que son del editor, del dueño, del propietario, no del periodista. Como las editoriales, que constituyen, al decir de San Wikipedia, “un juicio institucional sobre cualquier sucedido, formulado en concordancia con la línea ideológica del medio”. Es la opinión de los que ponen la tarasca, como se dice y así como una nota narra el qué y la opinión dice el por qué, la editorial muestra el para qué. Dicho de manera simple, sencilla y esquemática, por cierto. En este ca...

ESPECTÁCULO La morcilla y los gallos

Combate de gallos de pelea La riña es uno de los espectáculos más representativos de la cultura popular santiagueña; la cría de estos animales es una actividad noble y pura No hay espectáculo más representativo y particular de la cultura popular santiagueña que la nunca bien ponderada riña de gallos, ya sea campesina o en pleno centro de cualquier ciudad, de Selva a Villa Nueva Esperanza, de Monte Quemado a Frías. Entre sus próceres figura el Ciego Montaldo, de Tucumán, y quienes han tenido la dicha de conocerlo, dan fe de que pedía silencio en las paradas para sentir cómo iba peleando sus animales. Por ahí afirmaba: "Ha pegado el mío" y era la pura verdad. Tanto era el cariño sincero que les profesaba, que los conocía por el sonido que hacían al toparse. En casi todos los pueblos del oeste santiagueño, los gallos figuran entre las aficiones más arraigadas de la paisanada, que deposita en ellos un amor puro y trasparente con el solo afán de extraer lo mejor de cada uno de ell...

CIEGO Domingo de Quincuagésima

Evangelio según San Lucas XVIII, 31,43 I illo tempore Desde que tenía uso de razón iba al mismo lugar del camino, a la entrada de Jericó, a pedir limosnas. Mi vida era una constante sombra, lo sé ahora porque veo, pero todo lo que conocía hasta entonces no era más que tinieblas y tanteos, tropiezos en la más negra cerrazón, negrura, escasez y desamparo. El mundo, allá afuera, era una referencia lejana y desconocida. Hasta que llegaron las mentas de ese Nazareno —ahora lo sé— la oscuridad era total y absoluta, pero entonces se me abrió una pequeña luz de esperanza en el entendimiento y en esa región del profundo corazón que llaman alma y solamente es conocida por Dios. La gente hablaba de él y pasaban de boca en boca las maravillas de sus milagros. Pero yo no creía en él solamente por eso sino porque sus palabras, según lo que contaban mis conocidos, eran la Verdad, no sé cómo explicarlo, no una verdad cualquiera: era tener razón contra los sacerdotes, los fariseos, los mercaderes del t...