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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

DESTINO La mujer equivocada

Mujer bajo la lluvia Un encuentro bajo la lluvia que confunde pasado y presente y deja abierta la duda de si alguna vez se conocieron Cuando la lluvia comenzó a insinuarse, primero pensé en refugiarme en una librería, pero la más cercana estaba a tres cuadras y calculé que no llegaba. Me metí en un bar. Hermoso, me dije, ver la lluvia a través del cristal, tomando un café. Pero, ¿ha visto lo que es el destino? Un instante después, llegó ella, apurada. Cuando dejó el paraguas en su silla, le incliné la cabeza y respondió. Tenía cara conocida. Me fijé que estábamos solos. Me acerqué a su mesa y le pregunté si podía sentarme. Respondió que sí. —¿Cómo andan tus cosas? —Bien, ¿y las tuyas? —respondió. Le conté que andaba de diez, que todo marchaba sobre ruedas, como debe ser. Como suele ocurrir, después de un intercambio de cortesías, nos quedamos callados. Entonces aproveché para preguntarle su nombre, porque no lo recordaba. —Lidia —me dijo y agregó su apellido. —¡Ah!, claro, Lidia —repus...

OSCURIDAD Manual para el crimen

Ilustración En este cuento, un rostro olvidable y una personalidad que oculta una paciente espera para preparar el golpe final A las 3 y media de la mañana le toqué el timbre varias veces. Un rato después se acercó a la puerta y con voz asustada preguntó: “¿Quién es? ¿Qué quiere?”. Le tuve que repetir mi nombre. “¿Qué quieres?”, insistió. Le mentí que mi mujer me había encontrado con otra y estaba en problemas. Abrió despacio, fijándose si había alguien más conmigo. Entonces me dejó pasar. “¡Uf!, qué nochecita”, le avisé. Me pidió un momento para ir a su habitación a vestirse, y volvería a conversar. De chico mis padres nunca me dejaban meter la cuchara en sus conversaciones. Mi hermana, mucho más grande, se fue de casa temprano. Fui un niño retraído. Mis compañeros de la escuela no me hacían burla, pero tampoco eran mis amigos. Estudié lo necesario para pasar de curso, nunca tuve un sí ni un no con los maestros. Mi silencio hacía que algunos creyeran que era inteligente, al poco tiemp...

CUENTO Juego de manos, juego de villanos

Ilustración En un bosque cargado de presagios, la crueldad infantil y la humillación incuban una tragedia que desata algo antiguo e innombrable Por *José Luis Banegas El cielo, cargado de nubes grises, pesa como vendas húmedas y desteñidas que amenazan con lluvia, pero no la dejan caer. Son como perros amarrados, furiosos, ladrando con ansias de morder. Dos siluetas desiguales se mueven por el bosque, simulando el juego del gato y el ratón. Las hojas marchitas—antes verdes y vibrantes—crujen bajo los árboles desnudos, emitiendo un último lamento. Sus ramas rígidas se alzan como dedos envejecidos, testigos silenciosos del otoño y su tributo al invierno. Nadie escapa al tiempo. Nunca se escapa del tiempo que se acaba. Siempre hay un precio por nacer. Peter, el mayor, avanza con esfuerzo mientras corre; sus piernas arden y su espalda jorobada protesta. Persigue a Thomas como puede, pisando sonoramente el follaje seco y marchito mientras esquiva ramas que aún se aferran a los troncos. Siem...

CUENTO La golondrina que se quedó

Golondrina Un famoso relato que daba vueltas hace unos años, da cuenta de las paradojas de la vida y, por qué no, de la muerte El siguiente cuento es ajeno: circulaba hace algunos años y pasaba de boca en boca, contado en asados, cafés, oficinas y demás. Sin sacar lo esencial, aquí va una versión nueva, por si en su momento no se la contaron. Está ambientado en Nueva York, cuando las golondrinas abandonan la ciudad porque se viene el invierno. Todas salen de viaje dibujando en el cielo un adiós inteligente, como dice el tango. Pero una se queda. No es rebelde ni valiente, sólo un poco más romántica. Cree que el mundo se va a acomodar a sus antojos. Nueva York sigue reluciendo con los colores del verano y ella quiere quedarse en el brillo de Manhattan. Durante unos días, la ciudad la engaña. El sol todavía calienta los alféizares, el viento es un rumor amable y los parques ofrecen migas suficientes como para sostener la ilusión de que nada malo va a suceder. Pero el invierno no negocia....

BICHOS Me presento, soy la juanita

Hedionda juanita Breve historia de un molesto bicho que todos los veranos vuelve a los pueblos con su historia a cuestas Yo soy la juanita, así nomás, con minúsculas, porque soy nombre genérico, como león, torcaza, omeprazol. Nada de delicadezas ortográficas para mí. Las únicas que llevan mayúscula son Juanita Simón, Juanita Viale, Juanita Tinelli, Juanita Repetto, sor Juana Inés de la Cruz. A nosotras nadie nos invita a una foto ni a una alfombra roja; con suerte ligamos un chancletazo bien aplicado. En las tradiciones argentinas, al menos, no figuramos como protagonistas de ninguna leyenda, cuento, mito, fábula, novela o quimera. Ni siquiera se dignaron a inventarnos una superstición digna, de esas que asustan changuitos. Y eso que nuestra pestilente presencia, si algo tiene, es potencial narrativo. Sin embargo, apenas ocupamos un rincón mínimo del acervo pop-folklórico del país. En la Sociedad Argentina de Autores y Compositores hay contadas canciones que llevan mi nombre —con o sin...

RESABIO Carta de un desvío

Ilustración Un vínculo que desafía las fronteras del afecto y arrastra al protagonista a un territorio incierto Ahora que ha pasado agua bajo el puente de la vida, no me importa que vayan con el cuento a mostrarte este escrito: durante dos años, después de nuestra última despedida, te soñé noche tras noche. Nos teníamos como antes, como debió haber sido hasta el final, porque habíamos planeado morir jóvenes. Poca gente recorre ese camino indemne. Son los tiempos modernos, que llegan para cambiarnos; la vida promete algo más allá y uno se entusiasma con hacer el trayecto en soledad. Todos creían que vos me habías dejado. Han pasado los años y lo voy a decir, total ya no importa, nadie nos recuerda juntos: te abandoné porque eras una compañía malsana, no me hacías bien y quería saber qué se sentía estar lejos de vos, algo que nunca habíamos hecho desde la primera vez que nos vimos. Me arrepiento de haberte conocido. Hice muchas tonterías en mi vida: me embriagué con el vino de la alegría...

CUENTO La Mercedes

La alojera, óleo de Absalón Argañarás Este relato fue escrito hace más de 20 años, desde hace varios días lo vengo corrigiendo y acortando, ahí va (si lo leyó antes, es el mismo, pero es otro) No vaya a creer que es la ginebra la que me hace hablar. Hay momentos en la vida en que uno necesita contarle a alguien lo que le pasa. Que el primer amor es el que no se olvida nunca. Esa mujer es la única que merece que uno la recuerde, las demás son todas iguales. Aunque usted sea un desconocido, alguien que no ha conocido Algarrobal del Norte, le voy a contar lo que es el amor, o lo que ha sido para mí. Algarrobal del Norte, ¿conoce? Pago donde nací, es la mejor querencia. Contando con la nuestra eran cinco casas. Linda vida. Sirva otro poquito, hombre. Ginebra sin hielo, porque el hielo le cambia un poco el gusto, ¿no? Cuando nos hicimos grandecitos mi tata decidió que el Manuel lo ayudaría en el cerco y yo saldría a hachar leña. En el campo uno de chico ya sabe lo que pasa. Cuando nos comen...

SUSURROS EN LOS MINARETES La Agente del Mossad que Bailó en Teherán

Ilustración nomás El siguiente escrito fue enviado por un amigo argentino-israelí, si no es cierto, porque pocas cosas lo son en una guerra o en la red, merece ser verdad o, como dicen los italianos, "si non è vero, è ben trovato" Autor desconocido Esto no es una novela. No es una fantasía. Es la historia real, estremecedora y palpitante, de una mujer que cambió el rumbo de una guerra—no con armas ni drones, sino con silencio, encanto y una pluma envenenada. Su nombre era Catherine Perez-Shakdam. Era una paradoja envuelta en sombras, una mujer cuya cada acción desafiaba al destino. Nacida en París en una familia judía secular, su sangre llevaba los ecos antiguos del Yemen: sus desiertos, su poesía, sus secretos. Especialista en asuntos de Medio Oriente, no era ajena al laberinto de la geopolítica. Su mente era un mapa de líneas de fractura: sunitas y chiitas, persas y árabes, poder y traición. Y entonces, hizo lo impensable. Se convirtió públicamente al islam chiita. Se envol...

PARECIDO Bicho que no hay

Ilustración nomás Un cuento para alegrar el domingo de los amigos que tienen paciencia y entereza para leer estas ocurrencias mal escrititas Fue un regalo de unos vecinos, de dónde lo habrían sacado, no sabemos. Mi mamá no quiso saber nada, pero, como le insistimos, dejó que lo hiciéramos quedar, siempre y cuando —dijo —esa porquería no venga a ensuciarme la casa, “porque cuando tengo que limpiar nadie me ayuda, todos se hacen los tontos, no pongan esa cara porque saben que es verdad”. Y siguió un rato con el discurso de siempre. Al principio supusimos que era un perro, pero luego nos dimos con que tenía una especie de astitas en la cabeza, pezuñas verdes y un solo ojo en medio de la frente. Como no sabíamos qué era, lo llamamos Bicho que no hay. El nombre se le ocurrió a Ramoncito, por el dicho que circula en las escuelas: “Pareces bicho que no hay y si hay son muy poquitos y muy fieritos, como vos”. Al tiempo vinieron unos gringos en unas camionetas grandes diciendo que eran de la Ad...