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Mostrando las entradas etiquetadas como Mozos

PREGUNTAS ¿Por qué las propinas?

Mozo Abajo van una serie de interrogantes sobre la obligación de dejar plata a los mozos: ¿dónde están los sindicatos? ¿Por qué no le dan propina al enfermero que pone una inyección?, ¿por qué no la recibe el muchacho que trabaja en la verdulería?, ¿la chica de la tienda, siempre muy amable y sonriente, no la merece?, ¿el barrendero al que cruza todas las mañanas no debería recibirla?, ¿los repositores del supermercado no la cobran?, ¿por qué solamente los mozos? ¿Por qué no le piden un aumento de sueldo al dueño del bar, así se dan el lujo de rechazar la dádiva que ofrecen los clientes?, ¿cobran poco?, ¿dónde están los gremios que no hacen un planteo a las patronales para que les aumenten?, ¿si es obligatoria, por qué no la incluyen en la cuenta?, ¿nadie se percata de que si no dan factura por la propina es economía en negro? ¿No es parte del sueldo?, ¿entonces qué viene a ser?, ¿un aguinaldo, un regalo, un obsequio, un donativo? ¿Usted dice que es una tradición y por eso tienen que c...

PARRILLA No habrá ninguna igual

El Vasco de Santiago La parrillada “El Vasco”, de Libertad y Pringles en Santiago, fue una fuente inacabable de mala atención y carne como piedra, hasta que se terminó No habrá ninguna igual, no habrá ninguna. Ninguna otra parrillada asegurará a los comensales, como “El Vasco” o “El Vasco Junior”, como se llamaba al final de su perra vida, una carne de mamut tan dura, unos chinchulines tan gomosos, esos chorizos recalentados del mes pasado y morcillas que quién sabe de qué parte, de qué animales bípedos o cuadrúpedos, plumes o implumes, artrópodos o reptiles del vasto bosque santiagueño estarían hechas. Para no hablar de la pésima atención de los mozos, que en la Libertad y Pringles solían brindar mediodías y noches memorables, puteándolos sin parar, avivando úlceras, haciéndolas sangrar sin ranitidina ni ningún omeprazol a la vista para calmar tanto ardor estomacal, tanta furia. Ningún otro lugar de Santiago será nunca más teatro de tantas reincidencias: siempre terminábamos diciendo ...

PROPINAS Hablando de injusticias

Mozo simpático Se responsabiliza a los clientes de bares y confiterías de una situación en la que no tienen nada que ver, haciéndolos cargar con una injusticia que no generaron ¿Usted le entrega una propina al chango que trabaja en la verdulería, a quien le pagan dos pesos con cincuenta por día y el dueño lo trata como el culo?, ¿le da una propina a la empleada de la tienda que la atendió de diez, interpretó lo que quería comprar y al final le vendió un pantalón cómodo y a la moda?, ¿entrega una propina al amable colectivero, que siempre le da los buenos días y maneja el vehículo con mucho cuidado y suavidad?, ¿le da propina al kiosquero que, cada vez que llega, le entrega callado el atado de cigarrillos Marlboro que sabe que es la marca que fuma? Respuesta: no. ¿Por qué? Porque no corresponde. Ahá. Oiga, ¿entonces por qué es obligación pagar una propina a los mozos de bares y confiterías?, ¿no ganan bien?, que se quejen al gremio, o le pidan aumento de sueldo al dueño del bar. Pero no...

GASTRONOMÍA Ninguna parrillada como El Vasco

El Vasco Servían dura carne de mamut, chinchulines gomosos  y chorizos recalentados No habrá ninguna igual, no habrá ninguna. Ninguna otra parrillada asegurará a los comensales, como “El Vasco” o “El Vasco Junior”, como se llamaba al final de su vida, una carne de mamut lanudo tan dura, unos chinchulines tan gomosos, chorizos recalentados del mes pasado y morcillas que quién sabe de qué parte, de qué animales, de qué cosas muebles o cristianos estarían hechas. Para no hablar de la pésima atención de los mozos, que, en la Libertad y Pringles de Santiago del Estero, brindaron mediodías y noches memorables, puteándolos sin parar, avivando las úlceras, haciéndolas sangrar, con la mujer pateándote por debajo de la mesa: “Si sigues así, no salimos más un sábado, pórtate bien, pareces un chico”, al tiempo que espantaba las moscas o tinquiaba una pícara cucaracha que le hacía burla desde la mesa, mantel de hule con más grasa que sopa de lechón. Ningún otro lugar de Santiago será nunca más,...