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Mostrando las entradas etiquetadas como Guayacán

SILENCIO El bastón y el cangrejo

El bastón y su recuerdo Creí que conservaba un objeto cualquiera, pero cada golpe contra el piso termina despertando recuerdos persistentes Se quedó en casa el último bastón que tuvo mi tata, uno de guayacán, negro y opaco. No me lo reclamaron los parientes y ahora, aunque me lo pidieran ya no lo voy a entregar. Lo tengo bien guardado en un ropero y a veces lo saco para hacerlo dar contra el piso. El sonido del regatón pegando contra el suelo me recuerda sus pasos cuando era viejo y los años que se le venían encima. En el silencio de la muerte, las cosas no se mueren del todo. Guardan algo del alma que las usó, como si recordaran la mano que las tocaba. No son simples objetos sino pedacitos de vida que se resisten a desaparecer y siguen resonando, aunque ya no haya un resuello para sostenerlas. A veces pienso que la muerte no se lleva todo de golpe, nomás lo esconde en un rincón. En cada cosa que tocó la mano de mi tata quedó algo de su intención, como si el alma le hubiera dejado su m...

HUELLAS El guayacán ya no estaba

"Camino", de Raúl Cisterna Cuando la memoria deja de coincidir con el camino, hasta el pago conocido se vuelve ajeno Esa tarde salí a buscar ají, el bosque estaba nublado, agarré por una huella medio cerrada. Iba despacito, ¿no?, como quien no quiere la cosa. Silbaba canciones que sabían sonar antes en la radio, cosas de Los Fronterizos, del Chango Nieto. Me iba acordando de algunos de la ciudad, que al mistol le dicen “mishtol”, creyendo que es palabra quichua. Iba pensando en mi vida, porque una caminata, aunque sea buscando ají putaparió, el que le dicen "mala palabra", también es una experiencia peripatética. Y de repente, sin darme cuenta, me perdí. El sol no aparecía por ninguna parte: no había cómo hallar el norte. Estaba desorientado en lugares por los que había andado ochocientos trillones de veces. Sin rumbo. Uno por ahí cambia el punto de vista desde el que habitualmente ve un lugar y cree que está en otra parte. El paisaje seguía siendo el mismo, pero ha...

GUAYACÁN Olvido de folkloristas

Solitario guayacán Hay un árbol en el bosque santiagueño, ignorado por casi todos, de características casi únicas y especiales Soy el guayacán, planta ni muy grande ni muy chica, de madera oscura, de las más duras y pesadas del mundo: si me tiran al agua, como al quebracho, no floto, me hundo. El campesino me usa como cabo de rebenque, como bastón o también mano de mortero. En la Argentina abarco todas las provincias del norte, de Formosa a Catamarca, pasando por Chaco, Tucumán, Salta, Jujuy, norte de Córdoba y Santiago. Crezco sobre todo en suelos pobres o compactos. Antes de la llegada de los españoles, cuando en esta región había más pastizales, crecía en los pequeños bosques porque mi pago era el Chaco: monte espeso, pero con claros donde asomaban arbustos, pencas y pastizales. Soy sombra en el bosque, pero también en algunas casas de los humildes campesinos del pago. La vaca, traída por los españoles al comer mi semilla, contribuyó a mi dispersión amplia, sobre todo en terrenos ba...

TRABAJOS Ella enfila para el corral

"Paisaje santiagueño" de Hugo Argañarás Un día en la vida de una mujer, criando los hijos y con el marido lejos, en alguna cosecha o atareado en los trabajos más duros del campo Antes de que el alba tiña de celeste el guayacán del patio, aparta las colchas, sigilosa. Se viste a ciegas en la habitación, saca agua del aljibe para lavarse. Antes de salir agarra los tachos, la manea, el lazo chileno, y enfila para el corral caminando leve por una senda que conoce con la memoria de tantos días recorriéndola. Balan las vacas mientras les abre la puerta para que entren al coral. Después va soltando uno a uno los terneros. Apenas el primero toma el apoyo, lo enlaza con una maestría que envidiaría cualquier hombre, lo ata en el algarrobo, manea a la madre y ordeña baquiana, como lo viene haciendo desde que era chinita y acompañaba a su mama al corral y ella a su vez iba con su abuela. Después hará lo mismo con el resto de las vacas, hasta terminar de sacarles la leche. Todas las mañan...