Morocha, imagen de ilustración Cómo descubrí, en una noche de culto, la liturgia fervorosa y los reflejos bien entrenados de los evangelistas Una vez fui al culto de los evangelistas. No quería ir, pero me insistieron tanto que tuve que ir, aclarando que iba solamente por una cuestión de curiosidad periodística. Era gente humilde, quizás el último escalón de los protestantes argentinos, pastoreando en un barrio humildísimo de la ciudad, si no era el más pobre, por ahí andaba. Quien ha sido periodista en las provincias argentinas conoce la pobreza, la ha mirado a los ojos. No es una metáfora. Es imposible contar la realidad de pueblos perdidos del país sin conocer lo que pasa en los barrios más humildes. Antes había escrito un título en el diario en que trabajaba. Fue muy festejado: “Lo único que abunda es la carencia. Lo único que falta es caridad”. Salió un domingo en el suplemento “Informe Especial”. Casi me dan un premio por esa nota. Esa noche me di cuenta de cómo venía la man...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero