Carlos Zurita Ser aprendiz de poesías puede convertirse en la forma más triste de la derrota literaria Me he despertado queriendo escribir como Carlos Virgilio Zurita, tarea imposible porque debería nacer de nuevo, estudiar sociología y aguardar una eternidad hasta tener un gato llamado Charlie, también imitar a la perfección la forma en que respiran sus versos. Además, tendría que comprometerme a tener una inteligencia superior, constancia para el estudio y vivir en la calle Jujuy, que antes llevaba a la costanera del Dulce y ahora es la vía pavimentada que conduce a La Banda, ciudad de los diez mil cantores y poetas populares. Quizás esta, la de la calle, digo, sea la mejor explicación de su aptitud para esos versos introspectivos que redacta. Con Carlos somos amigos por carácter transitivo, como tantos en Santiago que coinciden en una misma cuadra, en un barrio, en una simpatía por un equipo de fútbol o en una redacción habitada de sueños que no amanecían nunca. En otra vida querría...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero