Perdiendo todo De las mesas de escolaso a los celulares, el juego mutó, pero conserva su lógica implacable de vaciar bolsillos El Código Civil Argentino dice que las deudas de juego son naturales, es decir, si no quiere, no las paga y listo. Pero entonces entra a tallar la mafia. “¿Cómo que no vas a devolver lo que te prestamos?”, le dicen. Lo agarran del cogote y lo fuerzan. A partir de ese momento, chau, o paga o pierde. Si se mete en ese ambiente, verá que ahí está el hombre en su real dimensión, sobre todo cuando ha dejado hasta los calzoncillos y debe volver a la casa, a explicar por qué quedó como quedó. Es por eso, suponen muchos, que el Estado se hace cargo del juego en casi todos lados, a fin de darle al menos una pátina de legalidad a una actividad oscura. Con el Estado no se puede jugar al fiado, no hay intermediarios y si ganó le pagan al instante, pero si perdió fue por anticipado. Un consuelo: una leyenda urbana sostiene que un grupo de escolaseros de Santiago del Estero...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero