Terapia intensiva En este cuento un moribundo rechaza la Iglesia moderna y muere fiel a una fe antigua, incómoda y sin concesiones El día que murió andábamos preparando un secuestro para sacarlo de aquel sitio infecto y llevarlo a disfrutar los últimos días a su casa. Nos frenaba el hecho de que no habíamos conseguido morfina para los dolores, de otro modo su muerte sería atroz. Si no hubiera sido por ese pequeño —gran— detalle, habría visto por última vez la luz entre sus plantas queridas, con su perro, sus amigos y el perfume que le vendría del bosque cercano, esa madrugada en que se marchó para el otro mundo. Lo cuento ahora, porque a nadie le importa, pocos lo recordamos sin interés, pues no nos interesaba qué tenía ni le hicimos un inventario antes o después. Le llevaron un cura para que perdonara sus pecados. Querían decir “extremaunción”, pero le advirtieron que sería “unción de los enfermos”. Sin enojarse avisó que se estaba muriendo porque, al final de cuentas era algo que en ...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero