Riqueza No espere en esta nota un discurso moral, sólo se le pide que diga con qué gesto concreto sabría que ha llegado a la opulencia Casi nadie se siente rico. Monetariamente hablando, claro. Es más: sentirse rico es una rareza. Uno suele ubicarse a sí mismo en la mitad de la tabla, o de la mitad para abajo. O directamente abajo. El rico es el otro. Quien lee estas líneas, desde ya, es una persona espiritual. Cree que la verdadera riqueza es la que anida en el corazón, que lo material se gasta, que nadie se lleva nada al otro mundo y coso. Pero esta nota trata de plata. Del vil metal. De la biyuya. Y de una pregunta bastante simple: ¿qué debería tener usted para sentirse rico? Dicho de otro modo: ¿qué signos exteriores en su vida le darían la certeza íntima, definitiva, de haber llegado? No se trata de cifras ni de balances, sino de señales. Hay amigos, por ejemplo, que dicen que el día que tengan chofer particular sabrán que son ricos. Decirle a uno: “Mañana pasá por casa a las siet...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero