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Mostrando las entradas etiquetadas como Hermosa

CUENTO La chica del frente

Ilustración “Empieza a salir la carne y todos se acomodan en sus lugares, tres o cuatro caballetes sosteniendo una tabla y las sillas del comedor” Todo va bien hasta que llega la chica. Está invitado a comer en lo de los López. Asado en el patio de la casa. Repasador al hombro, gran cuchillo de cocina en una mano, el viejo López da vuelta las costillas, vigila los chinchulines, fiscaliza el chorizo, la parrilla bajo control. No es el único invitado. Hay otra gente también. Cumpleaños de doña Rosaura, la esposa del viejo López. Hay quesito y salamín para ir picando mientras se terminaba de asar la carne. Las conversaciones son las de siempre, los amigos que ya no están, el tiempo loco, que un día llueve y al día siguiente hay un sol rajante, el último chisme, algo de política, asuntos banales. Empieza a salir la carne y todos se acomodan en sus lugares, tres o cuatro caballetes sosteniendo una tabla y las sillas del comedor. Están empezando a comer cuando llega la chica, que había estad...

NOTA Audelina y la Almamula (las cadenas de Tarzán)

Foto de archivo de madre e hija Un verano que no había noticias en el diario, una mujer llama para decir que ella ha sido el famoso espanto: por qué no se publica la noticia “Tuve relaciones con el cura de mi parroquia, un muchacho bien puesto, inteligente y simpático”, dijo doña Audelina, tranquilamente, como si estuviera contando lo que había conversado con el carnicero esa misma mañana. No sé si le ha sucedido, que cuando un viejo narra sus aventuras juveniles, uno querría reconocer en esa misma persona, los rasgos de antaño. “Ese tiempo me insistió tanto que al final terminé diciéndole que sí”, siguió contando. La atendíamos muy serios, concentrados, mientras la vieja nos pasaba el mate. Si no cree pregúntele a Chito Cáceres, del barrio Smata, que fue conmigo esa vez y que no va a desmentirme. En ese momento trabajábamos en el diario. Yo me hacía el periodista mientras él laburaba de chofer, de ayudante de los changos que hacían policiales y era hombre de confianza de los dueños. L...

CUENTO Hablar de las hormigas

Modelo, archivo “Citar la novela que justamente estaba leyendo en mis ratos libres, dar como referencia de mis gustos literarios a Franz Kafka sería un error” La observaba en un boliche mientras bailaba con uno que parecía su novio. Pensé que sería una más de todas las hermosas mujeres que daban vueltas por el mundo y que nunca se fijarían en mí, pobre insecto. Pero sucedió algo impensado, en un momento ella se sentó en la misma mesa, a mi lado. La observé un segundo, miré para todas partes a ver si venía el muchacho con el que había estado bailando y le dije algo como “qué linda fiesta, ¿no?”. Soy muy tímido y esas pocas palabras me costaron. Me agarró un coraje extraño. Ella sonrió, y me respondió que sí, esperando que le dijera algo más, pero no se me ocurrió nada. Mientras hacía fuerza para hallar una frase con la que llamar su atención, volvió el muchacho con unas bebidas. Los observé detenidamente, conversaban de asuntos intrascendentes, se reían mirando cómo bailaban los otros y...

¡TIERRA! Rodrigo de Triana

Estatua que recuerda a Rodrigo de Triana en Sevilla Si los sonidos que se producen quedan en el aire, entonces debe ser posible traer al presente la primera palabra diche en español, en tierras americanas Dicen que los sonidos que producimos, los golpes, las frenadas de los autos, los martillazos, el galope de los caballos, las palabras que pronunciamos, todo, pero todo, todo, todo, queda grabado en algún lugar del aire. No es que se hayan perdido para siempre o que no existan, simplemente no existe la máquina capaz de traerlos al presente. Si ese aparato para volver a oir lo que sucedió pudiera reproducir hoy aquello que sucedió, bien podría ser capaz de oir las nítidas palabras de un tal Rodrigo de Triana, la madrugada del 12 de octubre de 1492 cuando divisó un fueguito, adivinó una isla y gritó: “¡Tierra!, ¡tierra”. Imagínese la alegría con que habrá oído ese grito mañanero el resto de la tripulación de las tres pequeñísimas cáscaras de nuez que se habían lanzado al Atlántico, rumbo...

EQUIS-EQUIS Amigos nada más

Imagen de ilustración Qué sucede cuando una mujer tiene estima por un hombre, él la desea y ella lo presenta como “mi amigo”, resaltando esa condición Jugaba en el puesto de acompañante, me presentaba como “mi amigo”, pronunciando bien todas las letras para que no quedaran dudas, íbamos juntos a todas partes. Me parecía extremadamente bella, única, hermosa, con un rostro delicado y un cuerpo que era un dibujo en el aire. Lo único que no hacía era hablarme de los hombres que le gustaban, y no por miedo a herirme, sino porque sabía que ese sería el fin de nuestra relación. Yo la divertía, le gustaba mi compañía, mis chistes la hacían reír, pero, por favor, jamás tendría algo conmigo, más que una linda amistad como me recalcaba siempre que podía. Estaba muerto por ella, me tenía a sus pies, si me hubiera pedido ser un felpudo lo habría sido sólo por conformarla. ¿Era enfermedad lo mío? Muchas veces me lo pregunté durante aquel tiempo, y a pesar de que la respuesta era unos días sí y otros...