"Pasa la chica" Quería ser una heroína de novela, pero el autor apenas le ofreció un muchacho tímido Escribo sobre la chica que pasaba todas las tardes por la vereda del bar en que se reunían los muchachos para hablar de fútbol, mujeres y política. Un buen día dejaron de decirle cosas porque uno de los jóvenes les comunicó a los demás que a partir de ese momento estaba juntando coraje para hablarle, ponerse de novio y al final, si todo andaba bien, casarse con ella. Ya se sabe, nada hay más sagrado para uno que la mujer del amigo, aunque sea futura o imaginaria. Todo esto para contar que el muchacho consigue vencer la timidez: una tardecita, con pocos amigos a la vista, se levanta de la silla para encararla y justo en ese momento me tocan la puerta de casa. ¿Quién es? No va a creer, amigo: ¡es la chica! Dice que se da cuenta de para qué lado va el cuento. Se queja porque es un argumento muy usado: ella finalmente rechazará al muchacho, lo aceptará, se entusiasmará con el novi...
Ilustración Roberto Juarroz Una red de mirada permanece unido al mundo, no lo deja caerse. Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos, mis ojos van a apoyarse en una espalda que puede ser de dios. Sin embargo, ellos buscan otro rojo, otro hilo, que anda cerrando los ojos con un traje prestado y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo. Mis ojos buscan eso que nos hace sacarnos los zapatos para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo o inventar un pájaro para averiguar si existe el aire o crear un mundo para saber si hay dios o ponernos el sombrero para comprobar que existimos. Ramírez de Velasco®