"Conyugal", de Raúl Cisterna Él quería que ella hiciera algo que jamás había intentado y, cuando ella accedió, su felicidad fue completa ¿Usted ha tenido tiempos felices, en los que realmente se sintió pleno frente a la vida? Bueno, yo sí. Hubo una época feliz en mi matrimonio, todo fue armonía, no hubo ni un sí ni un no, y vivimos en santa paz con mi mujer. Le cuento. Entre otras historias que conseguía por la calle, un día vino con que una amiga y el marido habían hecho votos de castidad. “¿Para toda la vida?”, pregunté alarmado. Respondió que no lo sabía, pero le preguntaría. Pensé que comprometerse a algo difícil era loable, pero debía justificarse para no convertirse en un sinsentido. A los pocos días, entre lo que le había pasado a su compañera, la Faustina, con el marido y el precio del tomate, me propuso que debíamos hacer nosotros también un voto de algo. Entonces me vino una revelación divina, una epifanía, báh. Le dije que podríamos hacer como los monjes medievales...
Ilustración Letra de Cátulo Castillo Música de Aníbal Troilo ¡Acaso te llamaras solamente María...! No sé si eras el eco de una vieja canción, pero hace mucho, mucho, fuiste hondamente mía sobre un paisaje triste, desmayado de amor... El Otoño te trajo, mojando de agonía, tu sombrerito pobre y el tapado marrón... Eras como la calle de la Melancolía, que llovía... ¡llovía sobre mi corazón..! ¡María...! En las sombras de mi pieza es tu paso el que regresa... ¡María...! Y es tu voz, pequeña y triste, la del día en que dijiste: "Ya no hay nada entre los dos.." ¡María...! ¡La más mía...! ¡La Lejana...! ¡Si volviera otra mañana por las calles del adiós...! Tus ojos eran puertos que guardaban ausentes, su horizonte de sueños y un silencio de flor... Pero tus manos buenas, regresaban presentes, para curar mi fiebre, desteñidas de amor... ¡Un Otoño te trajo...! Tu nombre era María, y nunca supe nada de tu rumbo infeliz... Si eras como el paisaje de la Melancolía, que llovía...llovía, ...