Imagen de internet Creímos que nombrar alcanzaba para dominar el mundo, sin sospechar que cada palabra llevaba ya el germen de la ruptura Quizás porque era demasiado perfecta la palabra, nos confundió Jehová, el que no se debe nombrar. En tantas cosas dejó que fuéramos iguales, con dos ojos, dos piernas, cinco dedos en cada mano y entrañas y pensamientos. Quiso hacer una diferencia. Y en lo que ahora son desiertos pero alguna vez fueron las tierras más fértiles del mundo, un día creímos que elevando nuestros cuerpos hacia el firmamento seríamos como él. O más también. El afán de inmortalidad siempre existió, pero con nosotros fue la primera vez que Jehová impuso un castigo que recordaríamos para siempre. Algunos viejos no estuvieron de acuerdo, habían observado que había pájaros que volaban más alto que cualquier otro y sostenían que no llegaríamos a su altura. ¿Qué pasaría, preguntaban, si alguno de esos pájaros hacía un nido cerca de la punta y desde allí llegaba hasta cien veces la ...
Ilustración Sor Juana Inés de la Cruz Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por crüel y otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar ...