"Doña Juanita", de Raúl Cisterna El comisario duerme la siesta, Solano afila un cuchillo y la vida sigue como si nada fuera a suceder, pero… La cámara hace una toma que baja del aire y se acerca a una casa. Doña Juanita barre la vereda. Cuando vuelva su gente, andará atareada, dando las últimas puntadas al almuerzo que compartirá con el marido, estafetero del pueblo, y sus changos. Uno es aprendiz en la carpintería, el otro trabaja en la panadería. Todas las mañanas Alfonso Gómez les trae la leche recién ordeñada de sus vacas, mezclada con agua pura del aljibe para que a nadie le falte. En el destacamento la cerradura del calabozo está trabada. Hace años que no hay un preso. El comisario instaló un catre al lado de la ventana para echarse una siestita cada vez que puede. Nadie lo molesta, ni siquiera el agente Elías Salomón, el “Turco”, que a veces hace lo mismo cuando regresa tarde de visitar a la novia. Los vendedores se alojan en el Mónaco. Se cuenta que el viajante de ani...
Ilustración Alfonsina Storni Tristes calles derechas, agrisadas e iguales Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo, Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo. Me apagaron los tibios sueños primaverales. Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada En el vaho grisáceo, lento, que las decoran. De su monotonía mi alma padece ahora. —¡Alfonsina!—No llames. Ya no respondo a nada. Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero Viendo en días de otoño tu ciclo prisionero No me será sorpresa la lápida pesada. Que entre tus calles rectas, untadas de su río Apagado, brumoso, desolante y sombrío, Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada. Ramírez de Velasco®