Eufemiano y sus mujeres Una madre, una esposa y un cura terminan poniendo un nombre que acompañará toda una vida A último momento decidieron que si era varón se llamaría José Agustín, santo que les recordaba a parientes de ambos lados y, sobre todo, al que ya le estaban debiendo el nombre, porque en ambas familias habían sido muy devotos. También habían pensado cómo ponerle si era mujer, pero no viene al caso. No querían que su niño tuviera un nombre rubio y de ojos azules junto a un apellido morocho y español. Si le digo cuál es la época que más me gusta, le miento, porque en algunas cosas éramos muy crueles y las costumbres se han suavizado mucho, aunque ahora también haya cada cosa que a uno lo obliga a pensar en volver el reloj para atrás. No diga nada, ya sé que es imposible. Cuando nació, el 26 de abril de 1962, el hombre se fue al Registro Civil a anotarlo. Antes pasó por lo de su madre. “¿Cómo le van a poner?”, le preguntó. “José Agustín”. Pícara la vieja, le sugirió: “¿Por qué...
Ilustración Nicandro Pereyra Se me ha quedado perdida la sombra de la palabra. ¿Cómo ha de ser la medida sino que está muy mellada? ¡Todos toman naranjada y el pobre naranjo nada! Soy aquel que voy herido el que apenas llora y canta por la calle del olvido que está bien pavimentada ¡Todos toman naranjada y el pobre naranjo nada! Cualquiera que viene al mundo va sorbiendo agua salada ¿cómo he de ser sino pena con la voz desafinada? ¡Todos toman naranjada y el pobre naranjo nada! Ramírez de Velasco®