Michi Aparicio y Alejandro Carrizo Ayer murió Guadalupe Aparicio, a quien sus amigos llamaban Michi: esta nota fue publicada el 24 del 2012 y pinta al hombre mucho más que al artista Por *Alejandro Carrizo Es muy difícil hablar de algo tan cercano. El alejamiento permite cierta objetividad, una mirada más integral. Escribir algo sobre el Michi es como escribir sobre mí mismo. Me da un poco de vergüenza. Creo que no podré nunca hablar sólo de su pintura. Su obra plástica –al menos a mí me parece– no existe sin su historia de vida. Sus cuadros van acompañados de un entorno de anécdotas, vivencias y excentricidades cotidianas. Sí –si el oxímoron lo permite–, su vida estuvo hecha de grandilocuencias minimalistas, o viceversa. Una vida límpida, como sus cuadros; obras intensas, como su vida. Que, además, nunca fue su vida, sino “sus” vidas, con Irene, que en realidad era una sola vida. ¡Y qué vida! En 50 años nunca se separaron un solo día (perdón, sí una vez que Irene se fue de Jujuy a Bue...
Casi todos clergyman en un consejo presbiterial español Cuando el sacerdote abandona la sotana pierde claridad y se diluye en una sociedad que ya no distingue lo sagrado Curas vestidos de cura, de sotana con ochocientos botones es lo que queremos ver por las calles algunos católicos. Que se sepa que son curas. No nos gusta el cosito blanco que se ponen en el cuello de la camisa negra (¿se llama clergyman, traje clerical o suit?). Ese detalle los diluye entre la multitud. ¡Vamos!, han estudiado para tener un estado incómodo, sobre todo en estos tiempos que corren. Son curas en un mundo que abomina de ellos. O por lo menos sospecha de su vocación. Cuando se hicieron sacerdotes tomaron una resolución valiente. Aunque la mayoría no hizo votos de pobreza, eso es lo que finalmente hallaron en las humildes diócesis argentinas. Las limosnas que dejan los fieles son paupérrimas. Muchas veces lo que juntan en la bolsa que pasan en la misa, lo que les pagan por bautismos, casamientos, extremaunci...