Cocodrilo africano Hay una espera tensa frente a una escena que ya está decidida, aunque todavía no haya ocurrido nada visible El otro día en un canal de animales, pasaban una serie sobre los cocodrilos africanos. A su lado la hiena parece un tierno gatito regalón. Se mete en el agua. Aguanta la respiración. Espera que los impalas se confíen mientras beben. Sabe que está ahí. Para comerlo. Lo ha visto muchas veces. El agua de la represa ha bajado de tal forma que hay más de un cocodrilo por metro cuadrado, pero igual se acerca. Recela. De repente siente un chasquido lejano y salta para alejarse del peligro. La sed puede más, entonces vuelve a la carga, ahora elige un lugar junto al anterior pero menos barroso. Otro, y salta, ¡uf!, no era nada por suerte, piensa. El espíquer ya ha dicho que es un programa para ver cómo caza el cocodrilo. Guarda una leve esperanza de que zafe. Al mismo tiempo piensa en el cálculo que debe estar haciendo el otro bajo el agua. Puede pasar cualquier cosa y,...
Ilustración Rubén Darío El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo, rabioso, ha asolado los alrededores; cruel ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños. Fuertes cazadores armados de hierros fueron destrozados. Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros, como de cabritos y de corderillos. Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano lobo! El animal contempló al varón de tosco sayal; dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas, y dijo: ¡Está bien, hermano Francisco! ¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas de horror y ...