Panadero feliz Sueña con la prosperidad visible de un panadero bandeño y recuerda sus ambiciones literarias juveniles En ocasiones cree que debiera haberse dedicado a la panadería, en vez de seguir el impulso que lo llevaba a ser un fracasado escritor de provincia. Si hubiera sido panadero, al poco tiempo habría tenido una buena camioneta de reparto como la de los bandeños, con lucecitas por todos lados y parlantes para oír cumbias. Habría tenido además una casa para todos los días y otra para los fines de semana y una mujer que lo hubiera ayudado con las tortas. Capaz que se daba el lujo de pasar todas las vacaciones en Mar del Plata. Y no le hubieran faltado los asados con los amigos pasando un viernes, con la televisión encendida mirando fútbol. Recuerda que un gobierno de hace varias décadas ofrecía un préstamo para poner una pequeña fabriquita. Un amigo le insinuó instalar una panadería. Pero por una parte era engorroso ponerse a aprender un oficio del que lo único que sabía era d...
Ilustración Atahualpa Yupanqui Si una guitarra triste me dijera que no quiere morir entristecida, me pondría a rezar sobre su herida con tal de recobrar su primavera. Si un triste trovador hoy me pidiera un poquito de luz para su vida, toda la selva en fuego convertida para su corazón yo le ofreciera. Mas, de poco valió la proclamada pujanza de mi anhelo, si callada la muerte te llevó, Daniel Reguera. Pasa tu zamba por la noche oscura, y el eco de tu voz en la llanura sigue buscando luz y primavera. Ramírez de Velasco®