El templo de La Merced, entrevisto después de la tormenta Seis cuadras de historia, fantasmas, demoliciones, negocios y escenas que explican la vida santiagueña La crónica de la calle Urquiza es la única que empieza antes de ser lo que es. A la altura del 200, sobre los números pares, al lado de la casa de Tito Alegre, se declaró la Autonomía de la Provincia. Pero en ese tiempo, el 27 de abril de 1820, Justo José de Urquiza, el autor de su nombre, tenía sólo 18 años y le faltaba para ser nombre de calle. ¡Malhaya triste destino, los próceres argentinos! Haberse desvelado por su patria para terminar siendo sólo parte de la nomenclatura catastral de las ciudades. Su continuación se llama Pedro León Gallo, con otro porte, más abierto, como que en tiempos antiguos era todo un bulevar. Tiene por límites sobre la avenida Belgrano, del lado de los impares el templo de la Merced, que viene del tiempo de Juan Felipe Ibarra y Pastas Don Luis, justo al frente, porque así son las ciudades que Espa...
Mausoleo de doña Carlota viuda de Mosca, en el cementerio de Añatuya Luis Manzione Era italiana: romañola; tenía un marido bellaco lo asesinaron en el Chaco con un disparo de pistola. Desde Vilelas a Añatuya nadie fue mejor contratista que esta señora fuerte y lista que se salió con la suya. Caritativa cuando pudo donó un terreno al hospital benefactora y maternal a pesar de su aspecto rudo. Construyó su bóveda en paz en el cementerio lugareño y echándose a dormir su sueño se fue para siempre jamás. Ramírez de Velasco®