"Carrera", de Raúl Cisterna La respuesta estaba ahí entre motores, mecánicos, asado, secretos y una carrera de cincuenta centímetros cúbicos "Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos; que Dios protege a los malos cuando son más que los buenos", dice el refrán popular español. Claro, nosotros éramos los buenos, los de allá, los malos. Alguien me dijo que no era así, sino que rozaba el sarcasmo, pues originalmente Dios protegía a los buenos, que eran ellos. Busqué la versión en la Espasa Calpe y ahí también Dios estaba con los malos. Un versito del cura Leonardo Castellani le daba la razón al viejo dicho: "Nosotros somos los buenos, nosotros ni más ni menos, los otros son unos potros comparados con nosotros". Debo ser muy tonto, ¿no?, pero a veces una idea me revolotea en la cabeza durante mucho tiempo, y me quedo pensando, dándole vueltas y vueltas. Hasta llegué a consultar con un sacerdote que me confirmó que, al menos en este caso, Dios ayudaba a lo...
Ilustración Homero Manzi Malena canta el tango como ninguna y en cada verso pone su corazón. A yuyo del suburbio su voz perfuma, Malena tiene pena de bandoneón. Tal vez allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón, o acaso aquel romance que sólo nombra cuando se pone triste con el alcohol. Malena canta el tango con voz de sombra, Malena tiene pena de bandoneón. Tu canción tiene el frío del último encuentro. Tu canción se hace amarga en la sal del recuerdo. Yo no sé si tu voz es la flor de una pena, sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena, te siento más buena, más buena que yo. Tus ojos son oscuros como el olvido, tus labios apretados como el rencor, tus manos dos palomas que sienten frío, tus venas tienen sangre de bandoneón. Tus tangos son criaturas abandonadas que cruzan sobre el barro del callejón, cuando todas las puertas están cerradas y ladran los fantasmas de la canción. Malena canta el tango con voz quebrada, Malena tiene pena de bandoneón. Ramírez ...