Lluvia Un buen día una compañera de trabajo se decidió a contar un asunto oscuro que le había sucedido cuando joven La historia es triste, dura. Por más que quiera florearla, no me salen las palabras como debieran. Le sucedió a una amiga más que cuarentona y todavía soltera que, entre risas, en la tienda, suele jactarse de sus anécdotas de amor para que las otras chicas y los de administración se admiren. No sé por qué me contó lo suyo una mañana en que llovía a cántaros desde temprano y escaseaban los clientes. —Así como me ves, mal hablada, una vez tuve novio. En ese tiempo yo era una pinturita, partía la tierra, ¡ja, ja, ja! Él trabajaba de mozo en un restaurante. Nos habíamos conocido un sábado. Me sacó a bailar, me habló lindo. El martes me vino a buscar a la salida y el domingo siguiente ya andábamos entreverados en su casa. Vivía solo, en el barrio Centenario. Me presentó a la hermana, que vivía en La Banda, y una tarde que vinieron los padres, que eran del campo, comimos en la ...
Ilustración Letra de Ángel Villoldo Música de Enrique Saborido Yo soy la morocha, la más agraciada, la más renombrada de esta población. Soy la que al paisano muy de madrugada brinda un cimarrón. Yo, con dulce acento, junto a mi ranchito, canto un estilito con tierna pasión, mientras que mi dueño sale al trotecito en su redomón. Soy la morocha argentina, la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Virginia Luque Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño. Yo soy la morocha de mirar ardiente, la que en su alma siente el fuego de amor. Soy la que al criollito más noble y valiente ama con ardor. En mi amado rancho, bajo la enramada, en noche plateada, con dulce emoción, le canto al pampero, a mi patria amada y a mi fiel amor. Soy la morocha argentina, la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño. Ramírez de Velasc...