Ilustración "Una mujer quedó despechada en el camino, una falla en el deber de la caridad, alguna blasfemia" Viajábamos hacia el sur. Mientras el sol iba poniéndose detrás de un paisaje de sembrados, pueblos de nombres olvidables —La Rubia, Hersilia, Arrufó, Ceres— fincas, postes pintados de blanco, el hombre comenzó a hablar. El auto es uno de los mejores confesionarios que se han inventado. Pésame, Dios mío… La noche que se demoraba, difuminaba los rostros y tal vez por eso eligió esa hora para avisar que tenía un secreto, que si no sacaba del pecho lo terminaría matando. Yo le dije que no sería para tanto y —sin ser cura— le expliqué que cualquier pecado, por más terrible que fuera, Dios se lo perdonaría si a la vuelta se confesaba debidamente. Quise recordarle el sacramento cuando me detuvo: —Yo no tengo perdón de Dios. Todos escondemos algo: faltas menores nomás. Una mujer quedó despechada en el camino, una falla en el deber de la caridad, alguna blasfemia, la violación ...
Ilustración José Martí Es rubia: el cabello suelto Da más luz al ojo moro: Voy, desde entonces, envuelto En un torbellino de oro. La abeja estival que zumba Más ágil por la flor nueva, No dice, como antes, "tumba": "Eva" dice: todo es "Eva". Bajo, en lo oscuro, al temido Raudal de la catarata: ¡Y brilla el iris, tendido Sobre las hojas de plata! Miro, ceñudo, la agreste Pompa del monte irritado: ¡Y en el alma azul celeste Brota un jacinto rosado! Voy, por el bosque, a paseo A la laguna vecina: Y entre las ramas la veo, Y por el agua camina. La serpiente del jardín Silba, escupe, y se resbala Por su agujero: el clarín Me tiende, trinando, el ala. ¡Arpa soy, salterio soy Donde vibra el Universo: Vengo del sol, y al sol voy: Soy el amor: soy el verso! Ramírez de Velasco®