"Licaón", de Raúl Cisterna Una historia griega es el tema de conversación de muchos vecinos en asados, galas, recepciones, fiestas, bailes y saraos Tema de conversación en la mesa familiar de los santiagueños cuando se juntan en asados, galas, recepciones, bailes, fiestas y saraos, es el de Licaón, pero no el hijo de Príamo y Laótoe que, hecho prisionero, fue vendido como esclavo por Aquiles. Lo mataron porque intentó fugarse. Tampoco se trata del que era hijo de Antenor, a quien en consideración a su padre los griegos respetaron la vida cuando ganaron la Guerra de Troya. No, mis amigos, el que ocupa las conversaciones de los buenos vecinos es Licaón, el rey arcadio, hijo de Pelasgo y Melibea, que era hija a su vez de Océano. En vez de leer la tracalada de noticias policiales con que los periódicos de la ciudad asesinan el idioma todos los días, los santiagueños se dedican a averiguar detalles de la vida de este personaje y se entusiasman con sus idas y venidas, con el horror...
Ilustración Jorge Aulicino Se distrae en el sanatorio mirando reproducciones de Claude Monet. Se detiene frente a la de Pont d'Argenteuil que está frente a la cocina. No le interesa ya el “efecto Monet” que venía siguiendo sino la copa de esos árboles al otro lado del río. “Éste es un cuadro naturalista”, se dice, “puesto que Monet atrapó la felicidad de esos árboles. ¿O la felicidad de esos árboles sólo la vemos Monet y yo? Pero sin duda es la mismafelicidad que yo veo en los árboles reales”. De pronto se abre a su espalda una puerta y el pasillo es invadido por la fragancia del café. Como si abriera una grieta en su pensamiento otro éxtasis. Ramírez de Velasco®