Anuncio de una corrida Quizás todo se vea distinto si uno se pone en el lugar del otro De repente te percatas de que el trapo que se mueve por adelante es aire en el aire cargado de sonidos desconocidos, olores, el rojo de la sangre. Lo maneja un hombre que lo ha agitado con movimientos precisos. Durante toda su vida no hizo otra cosa que estudiar tus reacciones. Desde hace siglos los hombres se paran en el límite para aguantar tus embestidas. El que te enfrenta no es un espontáneo que corre en una calle de Pamplona. Es alguien que sabe que, una vez que pasa tu cabeza, luego seguirá el cuerpo. Debe atender solo a tus cuernos. Y confiar en tu miedo, en medio de ese ruido infernal que no sabes qué es, y la furia, porque te sacaron del cortijo. Todo va a durar lo necesario, hasta que estés tan cansado y dolorido que ya no puedas embestir. El otro confía en que no habrá una sombra de inteligencia pasando frente a tus ojos. Si fuera cierto que hay reencarnación, no apostarían al vértigo de ...
Quebracho Alfonso Nassif Quebracho... padre del monte, hijo de la tierra mía, vida de la flora nuestra... ¡Ay, cuánto vale tu vida! Síntesis de una epopeya. Soldado de mil vigilias. Yo sé por qué los tambores de las hachan no te olvidan. El acero vegetal que en tus entrañas palpita está temblando con soles, huracanes y codicias. ¡Oro rojo! ¡Sangre nuestra! ¡Sangre de mi tierra herida! Orfebres manos morena te tallarán sus desdichas. Manos que no son culpables, hachas sin alma homicida. Otro es el viento que lleva la sangre, el sudor y el clima. ... Serás poste de alambrado en tierras desconocidas y habrá un sol reforestado en la intemperie de astillas. Hoy yo vengo a acariciarte, verte de abajo hasta arriba y descolgar las estrellas que entre tus gajos titilan. Épico castillo, triste de hojas, garra, sombra y fibra... Sabes que estás condenado le has confesado a las brisas... ¡Épico baluarte insigne! ¡Vetusta atalaya lírica! Sin ti se queda el paisaje exánime y de rodillas. ¡Quebracho!...