Retrato Marineros, camellos, amores y recuerdos: cuenta pendiente escrita desde mi computadora De pie bajo el umbral de algo que adivino definitivo, me animo a atisbar aquello que pude ser alguna vez. La vida me ha sucedido con un millón de posibilidades de lo que no fui: de marinero del Ártico a cazador de cocodrilos en el África, de viajero impenitente de todos los mundos en este orbe que conocemos como Tierra a marajá de un hogar con ciento cincuenta mujeres, quinientos hijos y una flota de camellos cruzando los desiertos de Arabia. Y más también. Casi de vuelta de muchas aventuras, me doy con que la vida me dotó de una inteligencia mediana, que apenas me alcanzó para intentar alguno de los pocos oficios que abordé, siempre con baquía de marinero, nunca como capitán experto. Coloco en la balanza, con cuidado, una bondad que me ufana a veces porque me lo han hecho creer los amigos, pero no es tal sino una cara de lelo que les impide creer en las maldades a las que me aboco con persev...
Ilustración Luis Díaz Por el surco amarillento y dolorido, —como un ángel castigado del tablón— va el changuito sin auroras de la zafra, va llevando la comida al pelador. Con la ollita puro tizne de colonia, sucio el pobre, remendado el pantalón Va descalzo, blanda y triste la mirada, ¡dura imagen que retuerce el corazón! Hace un alto… Y en mitad de su camino, una caña, aunque sea una ha de chupar. él no sabe, pero su hambre necesita ¡del azúcar que regala el vegetal! Ya en el cerco, junto al padre que devora la ración mezquina y agria del jornal, corre y grita, y en el surco hachando sueña Un tablón de harina dulce y verde pan. Ramírez de Velasco®