Ilustración En este cuento una historia verídica a la que solamente se le agregaron detalles de color para darle ritmo Cuando el mundo era joven, de vez en cuando alguien se equivocaba y me invitaba a una reunión importante. Algunas veces incluso me decían: “Vení así nomás, es una reunión informal”. Iba con mi mejor pilcha y apenas empataba con el resto. En ocasiones eran cenas de etiqueta o simples asados, pero siempre se conversaba de asuntos trascendentales: el precio del dólar, la burbuja inmobiliaria de Santiago, qué barbaridad, lo baratos que están los autos eléctricos. Ah, las nuevas tecnologías, decía uno y, por agegar algo, yo tiraba una frase, llegaron para quedarse, cosas así. Los ñatos me miraban como diciéndose este tipo seguro que tiene dinero, por eso está aquí como nosotros, pero queda mal que le pregunte cómo lo hizo. Entonces me averiguaban qué haces para vivir. Y no les respondía que simplemente respiraba, porque no era lo que esperaban, sino estoy en la industria de...
Ilustración Por Miguel Agustín Príncipe En agua de Colonia bañaba a su marrano doña Antonia con empeño ya tal, que daba en terco; pero a pesar de afán tan obstinado, no consiguió jamás verle aseado, y el marrano en cuestión fue siempre puerco. Es luchar contra el sino con que vienen al mundo ciertas gentes querer hacerlas pulcras y decentes: el que nace lechón, muere cochino. Ramírez de Velasco®