Casa de Gobierno de Santiago Una historia verídica deja ver cómo un descuido casi sin importancia cambia todo de manera inesperada Esto que voy a contar sucedió a mediados del año 94, cuando el gobernador de Santiago era Juan Schiaretti. Hasta hoy lo sabíamos muy pocas personas. Ahora usted también se anoticiará, ya han pasado más de treinta años, tiempo suficiente para que la anécdota se convierta en historia. Bueno, le cuento. Resulta que Salvito Ruiz no tenía trabajo. Ah, ¿no lo ubica? Vivía en el barrio El Triángulo, detrás del Batallón y había sido empleado de Vialidad, no sé qué macana se mandó y lo corrieron. Andaba, como quién dice, al salto por un bizcocho. Diga que la señora era empleada municipal, si no, en esa casa no hubieran tenido qué comer. A veces le pedía unos pesos a la patrona y se iba a la pizzería las Cuartetas, pedía una porción y un potrillo de tinto. Nada del otro mundo, lo hacía mitad para tomar un vinito y mitad para matar el tiempo. También solía pasar un ra...
Ilustración Jorge Vocos Lescano Y tanta cosa que para otro día dejé pasar, mientras me decidía. Esas lecciones de filosofía. Y el piano. Y hasta un verso que venía. Y tanto sueño como fui dejando para después, para quién sabe cuándo. Cierto perfil de amor que estaba hablando. Y noches. Y otros cielos fulgurando. Y ahora ya no hay más después ni nada. No hay más, no hay más. Las sendas que no anduve no he de andar. Ya no hay más que una gran nube donde no hay pie, ni paso, ni pisada. La vida es dulce pero despiadada. Y yo, que encima de eso me entretuve. Ramírez de Velasco®