"Belgrano", de Raúl Cisterna La libertad de todo pequeño exige que los grandes renuncien incluso a la obligación de cuidarlo Creo en la libertad, por eso a mi hijo no le doy ninguna religión. Cuando sea grande, si quiere, será musulmán, budista, evangelista, lo que elija. Imponerles una religión a los niños es una atrocidad. Tampoco le diré si tiene que ser macho o hembra. Por lo tanto, un día lo vestiré como hombrecito, otro como mujercita, al siguiente le pondré solamente un collar de perro y, al otro, un cabestro. Así, cuando sea grande y se autoperciba como hombre, mujer, perro, caballo, ropero antiguo o mate amargo, podrá reclamar su documento nacional de identidad, que lo acreditará frente al mundo. La libertad ante todo. Eso del sexo binario (binarie), es un artilugio malsano que contaban antes, fabricado por mentes atrofiadas que repetían como loros viejos axiomas de religiones retrógradas. No lo obligaré a comer de todo. Si quiere alimentarse solamente con papitas y ...
Ilustración Homero Manzi El duende de tu son, che bandoneón, se apiada del dolor de los demás, y al estrujar tu fueye dormilón se arrima al corazón que sufre más. Estercita y Mimí como Ninón, dejando sus destinos de percal vistieron al final mortajas de rayón, al eco funeral de tu canción. Bandoneón, hoy es noche de fandango y puedo confesarte la verdad, copa a copa, pena a pena, tango a tango, embalado en la locura del alcohol y la amargura. Bandoneón, para qué nombrarla tanto, no ves que está de olvido el corazón y ella vuelve noche a noche como un canto en las gotas de tu llanto, ¡che bandoneón! Tu canto es el amor que no se dio y el cielo que soñamos una vez, y el fraternal amigo que se hundió cinchando en la tormenta de un querer. Y esas ganas tremendas de llorar que a veces nos inundan sin razón, y el trago de licor que obliga a recordar si el alma está en "orsai", che bandoneón. Ramírez de Velasco®