"Banco Nación". Acuarela de Raúl Cisterna La historia de una charla mínima, una duda interminable y el coraje que no termina de aparecer Le gustaba esa chica como nunca le había gustado una mujer. Siempre la había observado desde las sombras: fantasma de un amor imposible. Se conformaba con admirarla por la calle y a veces, cruzar un saludo amable. Usted dirá que podría haber sido parecido a un amor oscuro, como el de esos siniestros personajes de las películas norteamericanas que esperan el momento propicio para mandarse alguna macana con la chica. Pero él era más bueno que el pan así que olvidesé, algo así no pasaría nunca. Nunca supo si ella se daba cuenta de que la miraba furtivamente, con un dolor incurable en el pecho. Una vez cruzaron algunas palabras: él estaba haciendo una fila en el banco y ella justo vino a ponerse detrás. De repente él oyó que alguien protestaba por la lentitud del cajero. Se dio vuelta, era ella. No supo qué decir. Sintió que tenía una sola bala ...
Ilustración Severo Sarduy El rumor de las máquinas crecía en la sala contigua: ya mi espera de un adjetivo -o de tu cuerpo- no era más que un intento de acortar el día. La noche que llegaba y precedía el viento del desierto, la certera luz -o tus pies desnudos en la estera- del ocaso, su tiempo suspendía. No recuerdo el amor sino el deseo: no la falta de fe, sino la esfera- imagen confrontando su espejeo con la textura blanca, verdadera página -o tu cuerpo que aún releo-; vasto ideograma de la primavera. Ramírez de Velasco®