"Redacción", acuarela de Raúl Cisterna Descuajeringado retrato de una profesión precaria, poderosa y caótica que sobrevivía gracias al oficio y al idealismo Hoy se festeja en la argentina el día de los periodistas. Usté disculpe, pero esta será una nota medio descuajeringada, sólo para que tenga destellos de ese trabajo. Antaño era un tipo que muchas veces tenía este oficio como segundo empleo, mal pago, precario y con una alta dosis de idealismo. Antes de que las academias de comunicación social intentaran lavarle la cara, convirtiéndolo en una profesión descafeinada, el cronista tenía que batallar en varios frentes. En la calle debía adelantarse a otros que estaban buscando lo mismo, de policiales a política, pasando por espectáculos o sociales. Después, al volver a la redacción, quizás convencer a un jefe de su relevancia. O hablar con el dueño, cuyos intereses eran contrarios a la información. Qué problema. También importaba dónde ubicar el artículo. No era lo mismo arrib...
Ilustración Tomas de Iriarte Ello es que hay animales muy científicos en curarse con varios específicos y en conservar su construcción orgánica, como hábiles que son en la botánica, pues conocen las hierbas diuréticas, catárticas, narcóticas, eméticas, febrífugas, estípticas, prolíficas, cefálicas también y sudoríficas. En esto era gran práctico y teórico un gato, pedantísimo retórico, que hablaba en un estilo tan enfático como el más estirado catedrático. Yendo a caza de plantas salutíferas, dijo a un lagarto: “¡Qué ansias tan mortíferas! Quiero por mis turgencias semi-hidrópicas, chupar el zumo de hojas heliotrópicas”. Atónito el lagarto con lo exótico de todo aquel preámbulo estrambótico, no entendió más la frase macarrónica que si le hablasen lengua babilónica; pero notó que el charlatán ridículo de hojas de girasol llenó el ventrículo, y le dijo: “Ya, en fin, señor hidrópico, he entendido lo que es zumo heliotrópico”. ¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo, aunque se fue ...