"Oficina", acuarela de Raúl Cisterna Cada mañana atraviesa la oficina sin saber que alguien se derrite en silencio al verlo pasar Ella hace volar sus pajaritos cuando él llega, pero nunca se lo va a decir. Todas saben que el jefe las prefiere rubias, jóvenes, pulposas, divertidas. Así y todo, se levanta dos horas antes de salir de la casa y se pone de punta en blanco. Desayuna, se baña, se pinta, se viste, se mira en el espejo, se cambia la blusa, se vuelve a mirar, se vuelve a cambiar la blusa y sale corriendo a tomar el ómnibus para ir a la oficina. Cada mañana él pasea entre los escritorios derrochando simpatía, a todas piropea: las viejas lo tratan como hijo, las jóvenes le hacen chanzas, le aconsejan, se ríen de sus tribulaciones de pertinaz y codiciado soltero. Ella, tímida, lo adora en silencio, lo mira disimuladamente. No es rubia, joven, pulposa. Tampoco es divertida, aunque sus sobrinos digan que sí. Mira de reojo para todos lados, si nadie presta atención, lo obser...
Ilustración Olegario Víctor Andrade Todo está como entonces La casa, la calle, el río, Los árboles con sus hojas ¡Y las ramas con sus nidos Todo está, nada ha cambiado, El horizonte es el mismo; Lo que dicen esas brisas ¡Ya otras veces me lo dicho! Ondas, aves y murmullos Son mis viejos conocidos, ¡Confidentes del secreto De mis primeros suspiros! Bajo aquel sauce que moja Su cabellera en el río. ¡Largas horas he pasado A solas con mis delirios! Las hojas de esas achiras Eran el tosco abanico Que refrescaba mi frente Y humedecía mis rizos. Un viejo tronco de ceibo Me daba sombra y abrigo, ¡Un ceibo que desgajaron Los huracanes de estío! Piadosa una enredadera De perfumados racimos, ¡Lo adornaba con sus flores De pétalos amarillos! El ceibo estaba orgulloso Con su brillante atavío; ¡Era un collar de topacios Ceñido al cuello de un indio! Todos aquí me confiaban Sus penas y sus delirios; Con sus suspiros las hojas, Con sus murmullos el río. ¡Qué triste estaba la tarde Las última vez que ...