"Almas", de Raúl Cisterna Cuando cae el silencio recuperan sus juegos, recorren rincones conocidos y hacen crujir los muebles para hacerse notar Si nos vamos, se ponen a bailar, a saltar, organizan ceremonias secretas, pasean como Juan por su casa por las habitaciones desoladas. Resumen nuestras viejas ansias, porque más allá de la vida topemos algo y, si fuimos buenos, que mejore lo presente. Quién sabe si tienen idea de la naturaleza de su ser o solo se dedican a danzar en la sala, la cocina, el patiecito de luz, la habitación de los chicos, la pieza de nosotros, el baño, el patio de atrás. Abren la alacena para revolver entre la yerba, el azúcar, los fideos, el arroz y el aceite; se prueban la ropa, sacuden las polillas de los vestidos o se sientan en los sillones del patio a mirar las estrellas, curiosas, como si no las conocieran, preguntándose si son fuentes de luz o agujeros en el techo de la carpa de la oscuridad. Cerramos la puerta para marcharnos y, con el chasquido...
Sancho Panza Miguel de Cervantes Saavedra Un Sancho Panza Soy Sancho Panza, escude- del manchego don Quijo-; puse pies en polvoro-, por vivir a lo discre-, que el tácito Villadie- toda su razón de esta- cifró en una retirada-, según siente Celesti-, libro, en mi opinión, divi- si encubriera más lo huma-. Un rocinante Soy Rocinante, el famo- bisnieto del gran Babie-. Por pecados de flaque-, fui a poder de un don Quijo-; parejas corrí a lo flo-, mas por uña de caba- no se me escapó ceba-, que esto saqué a Lazari- cuando, para hurtar el vi- al ciego, le di la pa-. Ramírez deVelasco®