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| Retrato de Spilimbergo |
El 17 de marzo de 1964 muere Lino Enea Spilimbergo, pintor, dibujante, grabador, muralista y docente
El 17 de marzo de 1964 murió Lino Enea Spilimbergo. Fue pintor, dibujante, grabador, muralista y docente, una de las figuras mayores del arte del siglo XX en el país. Había nacido el 12 de agosto de 1896 en Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos, y desarrolló una obra marcada por la figura humana, la introspección y una rigurosa búsqueda técnica. Su fallecimiento, en Unquillo, provincia de Córdoba, cerró una trayectoria decisiva para varias generaciones de artistas.Hijo de Antonio Spilimbergo y María Enea, creció en un hogar de trabajo y disciplina. La familia se trasladó a San Juan cuando era niño y allí transcurrió su juventud. En esa provincia cuyana comenzó su contacto con el dibujo y la pintura, al tiempo que trabajaba en oficios diversos para sostenerse. La experiencia del paisaje árido y la vida provinciana dejarían una marca persistente en su sensibilidad plástica.En 1921 obtuvo una beca para viajar a Europa. Se instaló en Italia y recorrió también España y Francia. El contacto con los maestros del Renacimiento y con las corrientes modernas consolidó su formación. Estudió la estructura anatómica, la composición y el fresco, técnicas que luego trasladaría a su producción mural. Ese viaje fue decisivo para ordenar su lenguaje y afianzar una concepción del arte ligada al rigor constructivo.
De regreso en la Argentina, se vinculó con otros artistas que buscaban renovar la plástica nacional. En 1933 participó de la creación del Taller de Arte Mural junto a David Alfaro Siqueiros, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino. En ese marco realizaron el mural “Ejercicio Plástico” en una quinta de Don Torcuato, experiencia que introdujo en el país procedimientos técnicos innovadores y una concepción monumental de la pintura.
Su obra de caballete se caracterizó por la presencia constante de la figura humana, tratada con una gravedad casi escultórica. Mujeres, trabajadores, escenas íntimas y retratos muestran cuerpos sólidos, modelados con una paleta sobria. El dibujo, siempre preciso, fue la base de su producción. Cultivó también el grabado, en especial la litografía y el aguafuerte, campos en los que desplegó un dominio técnico notable.
En 1948 se instaló en Unquillo, Córdoba, donde fundó un taller que se convirtió en centro de formación y referencia. Allí trabajó y enseñó, consolidando una influencia que se proyectó sobre artistas jóvenes. Su casa-taller, hoy convertida en museo, conserva obras, bocetos y herramientas que testimonian su método riguroso y su dedicación cotidiana al trabajo.
A lo largo de su carrera recibió premios y distinciones nacionales. Participó en salones oficiales y exposiciones internacionales. Sin embargo, mantuvo una actitud reservada, más concentrada en la investigación formal que en la notoriedad pública. La docencia fue un eje central de su vida: ejerció en la Escuela Superior de Bellas Artes y transmitió una concepción ética del oficio artístico, basada en la disciplina y el estudio permanente.
Entre sus obras más conocidas hay murales, retratos y series de figuras femeninas que exploran la quietud y la tensión interior. Su tratamiento del volumen y la luz revela la asimilación de lecciones clásicas, reinterpretadas con una sensibilidad moderna. La construcción geométrica subyacente organiza cada composición, incluso en escenas de apariencia sencilla.
En los últimos años su salud se deterioró, aunque continuó trabajando en su taller cordobés. La muerte lo sorprendió el 17 de marzo de 1964. Sus restos fueron velados en Córdoba y su figura fue recordada por colegas y alumnos como la de un maestro exigente y coherente. Tenía 67 años.
El Museo Municipal de Bellas Artes de San Juan lleva su nombre, al igual que instituciones educativas y espacios culturales en distintas ciudades argentinas. Parte de su producción integra colecciones públicas y privadas, entre ellas el Museo Nacional de Bellas Artes. En Unquillo funciona el Museo Spilimbergo, que resguarda obras, archivos y correspondencia, y mantiene abierto al público el ámbito donde trabajó durante más de quince años.
Ramírez de Velasco®


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