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| "Tizón, trebe y pava", fotografia de Jorge Llugdar |
Siempre se vuelve sobre sabores, sonidos y afectos que parecían comunes hasta que desaparecieron
¿Ha probado el guiso de torcaza, amigo? ¿Sabe de qué se trata la felicidad? ¿Alguna vez anduvo cerca de los límites de esa sensación tibia y engañosa que le agarra siempre después del amor? ¿Qué nombre excelso tiene la vida después de un guiso de cabrito y un plato de mazamorra? ¿Y entonces dónde queda la leche con calabaza? ¿Y los besos de esa mujer?¿Ha dormido la siesta en catre de tiento y jerguillas, a la sombra del paraíso japonés, sin que le importe si el mundo sigue en vigencia o se ha venido abajo? ¿Le ha salido del alma la expresión “si esto es la guerra que la paz no vuelva nunca”? ¿Qué hay del mate de después de sestear?, ¿se ha percatado de que tenía un sabor distinto cuando estaba con ella? ¿Ha visto las cabras volviendo al chiquero por las tardes? ¿Se acuerda del sabor de la algarroba?
¿Podría abarcar el azul del Cielo en pocas palabras? ¿Se ha metido hasta lo más hondo del bosque a saborear su propio silencio? ¿Se da cuenta de que andar perdido por esos senderos de vacas que venían quién sabe de dónde, es una de las grandes maravillas del mundo, más que todas las cataratas juntas? ¿Ha sentido el traqueteo de los carros cargados con leña? ¿Ha notado la sinceridad de la conversación de los paisanos? ¿La inocencia?
¿Está seguro de que nunca ha de volver a esa vida? ¿No pagaría lo que no tiene por un ratito de andar oyendo las catitas, mientras el viento norte respira sobre el mundo sin cansarse nunca? ¿Se acuerda del juego del chumuco en los zanjones después de la tormenta? ¿Qué se habrá hecho el coro de sapos nocheros cantando felices y contentos en la represa hasta el borde? ¿Recuerda esa rana solitaria que vivía en el manojo inmenso de cañas tacuaras, que anunciaba la lluvia con un quejido, aunque nadie le creyera?
¿Nunca se ha preguntado qué impulso ciego ha sido el que lo llevó a abandonar aquello? ¿Por qué creía que fuera del pago habría destinos mejores si entonces ya sabía que el paisaje era el hombre? ¿Qué lo hizo pensar que el camino que conducía a la ciudad era mejor que el que venía? ¿Por qué se le hace tan pesada la soledad cuando se acuerda de aquellas abras perdidas, de esos corrales, cercos y potreros? ¿Quién levantó el guardapatio de aquella casa para convertir en tapera un pago tan lindo?
¿Y milanesa de corzuela ha probado, amigo?, ¿guiso de mondongo?, ¿pichi asao?
Juan Manuel Aragón
Miércoles 10 de junio del 2026, en Arizona (vaquería). Probándome un lompa.
Ramírez de Velasco®
¿Está seguro de que nunca ha de volver a esa vida? ¿No pagaría lo que no tiene por un ratito de andar oyendo las catitas, mientras el viento norte respira sobre el mundo sin cansarse nunca? ¿Se acuerda del juego del chumuco en los zanjones después de la tormenta? ¿Qué se habrá hecho el coro de sapos nocheros cantando felices y contentos en la represa hasta el borde? ¿Recuerda esa rana solitaria que vivía en el manojo inmenso de cañas tacuaras, que anunciaba la lluvia con un quejido, aunque nadie le creyera?
¿Nunca se ha preguntado qué impulso ciego ha sido el que lo llevó a abandonar aquello? ¿Por qué creía que fuera del pago habría destinos mejores si entonces ya sabía que el paisaje era el hombre? ¿Qué lo hizo pensar que el camino que conducía a la ciudad era mejor que el que venía? ¿Por qué se le hace tan pesada la soledad cuando se acuerda de aquellas abras perdidas, de esos corrales, cercos y potreros? ¿Quién levantó el guardapatio de aquella casa para convertir en tapera un pago tan lindo?
¿Y milanesa de corzuela ha probado, amigo?, ¿guiso de mondongo?, ¿pichi asao?
Juan Manuel Aragón
Miércoles 10 de junio del 2026, en Arizona (vaquería). Probándome un lompa.
Ramírez de Velasco®


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