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VENENO La gota exacta

Ilustración Convertía recuerdos mínimos en armas persistentes con insinuaciones tardías calculadas, silenciosas, dolorosas y familiares Era extremadamente precisa en sus insultos y descalificaciones. No largaba una catarata de groseros agravios, sino más bien un “tic”, una gotita de veneno muy leve justo donde sabía que desataría oleadas de silenciosa indignación. Tan sutil era que por ahí uno se daba cuenta tal vez días después. Para eso era inteligentísima. Uno de los hijos contó una vez este problema que tenía con su madre. Decía: “A pesar de que sé que es una trampa, quizás por esa cosa del amor filial que le tengo, siempre caigo”. Dijo que, si hubiera tenido edad para esas cosas, quizás habría ido al psicólogo. Por si fuera poco, atizaba el fuego de las pequeñas rencillas entre hermanos, casi intentando que estuvieran tan disgustados como para no hablarse durante meses, pero a la vez lo suficientemente amigos como para no esquivarse. Siempre tenía a mano alguna anécdota del pasado...