Llueve “En poco tiempo se convirtió en el hermano menor que no habíamos tenido, ese que uno trata de hacerle comprender cómo colarse en la cancha” Afuera llueve a cántaros. Estos días me pongo nostálgico, pienso en mi vida, en lo que pudo haber sido, en lo que no fue, en lo que —para mi bien o para mi mal— todavía podría ser, pero dificulto. Se me aparece nítida la figura del Yeti, a quien la abuela le puso Alberto, sólo porque fue el único que se le ocurrió cuando lo bautizamos. Entusiasmados porque el cura lo consideraba cristiano, no pensamos un nombre para ponerle y como en muchas ocasiones, la vieja nos sacó del paso, ¡Alberto! En poco tiempo se convirtió en el hermano menor que no habíamos tenido, ese que uno trata de hacerle comprender cómo colarse en la cancha o qué decirle a una mujer para enamorarla o de qué manera atarse correctamente el pañuelo al cuello. Entre otros asuntos, claro. En las baldosas coloradas las gotas forman globitos, señal de que va a llover mucho. Y se m...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero