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CUENTO Yeti

Llueve

“En poco tiempo se convirtió en el hermano menor que no habíamos tenido, ese que uno trata de hacerle comprender cómo colarse en la cancha”

Afuera llueve a cántaros. Estos días me pongo nostálgico, pienso en mi vida, en lo que pudo haber sido, en lo que no fue, en lo que —para mi bien o para mi mal— todavía podría ser, pero dificulto. Se me aparece nítida la figura del Yeti, a quien la abuela le puso Alberto, sólo porque fue el único que se le ocurrió cuando lo bautizamos. Entusiasmados porque el cura lo consideraba cristiano, no pensamos un nombre para ponerle y como en muchas ocasiones, la vieja nos sacó del paso, ¡Alberto! En poco tiempo se convirtió en el hermano menor que no habíamos tenido, ese que uno trata de hacerle comprender cómo colarse en la cancha o qué decirle a una mujer para enamorarla o de qué manera atarse correctamente el pañuelo al cuello. Entre otros asuntos, claro.
En las baldosas coloradas las gotas forman globitos, señal de que va a llover mucho. Y se me viene a la mente la Mabel, ¡ay!, tanto que la quise. Pienso en algunos detalles de nuestra relación que fueron limando los puentes de entendimiento entre nosotros. No quiero pensar que el entusiasmo por Alberto fuera el culpable de nuestro desapego final. Entendió que el otro también necesitaba de atención, cariño, mimos. Al final nos veíamos tan poco tiempo que dejar fue un simple trámite: devolverse las fotos, diligencias menores que exigen las mujeres cuando se van de la vida de uno.
Hace un rato me he asomado para ver las nubes, el sur viene cargado. Es posible que siga lloviendo hasta quién sabe qué hora de la noche. El Yeti hace años que regresó a su pago, de vez en cuando escribe por el telefonito de mano o manda una foto. Dice que trabaja en una gruta haciendo asustar a documentalistas australianos. El gobierno de Nepal le paga fortunas por una aparición de pocos segundos. Todo un país vive de sus furtivas actuaciones, casi siempre corriendo para no dejarse ver. Y de los escaladores del Everest.
Este último año he juntado monedita por monedita para irme al Nepal de visita. Quiero saludarlo, tener noticias suyas de primera mano. En una de esas ver si me puedo quedar, aunque sea un tiempo. Ese pago me gustó mucho cuando fuimos a traerlo.
Dice que ya va teniendo como cinco hijos, todos parecidos a él, menos uno, igualito a la Mabel.
Juan Manuel Aragón
A 30 de enero del 2026, en Puesto de Juanes. Desvasando el flete.
Ramírez de Velasco®

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