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Mostrando las entradas etiquetadas como Espejo

TELEVISIÓN Reclutadora de prostitutas

Jorge Fonatana, Cacho Las redes de internet, hijas de la caja boba, son infinitamente peores para conocer la verdad de lo que está sucediendo en el país o en el mundo La televisión de Buenos Aires tenía en un principio, grandes locutores y presentadores, casi todos llegados de la radio. Consideraban que tenían la obligación de educar, antes que informar y entretener. Evitaban las groserías, las palabras soeces, los chistes de doble sentido sexual. Mujeres y varones se presentaban correctamente vestidos, sin despreciar a la audiencia vistiéndose con zapatillas, prenda que remite a deportes y por lo tanto a sudor y malos olores. Mucho menos calzándose zapatillas si se habían puesto saco y corbata. La televisión, era —es, todavía— imagen y movimiento y por lo tanto debía dar la impresión de pulcritud, buen gusto, elegancia. Respeto por quien estaba mirando del otro lado. Un buen día se dio vuelta la tortilla, es decir ya no se consideró que la pantalla debía mostrar un cuadro de lo que la...

ESTACIÓN Desnudos y felices

Saluden al astronauta ¿Es posible observar, a simple vista y desde la Tierra, cómo se acopla la Estación Espacial Internacional con el satélite para arreglarlo? De tarde iban a tirarse en el pastito del cerco de la finada Rosa, miraban más allá de las nubes buscando el satélite que a esa hora le tocaría sacarles fotos, calculaban. Decían que no era como buscar un avión a chorro pasando entre las nubes, porque al menos se siente el ruido lejano. En este caso debían mirar fijamente un lugar, luego otro y más tarde otro y así hasta que lo hallaban. Era un pequeño puntito blanco perdido en la inmensidad azul del Cielo de la siesta o de la tarde, casi invisible, cualquiera hubiera dicho una motita de polvo, un defecto de la vista, una suciedad del ojo, sin embargo, se movía, despacito, muy lenta, casi imperceptiblemente, pero caminaba. Más tarde, cuando oscureciera llegarían los otros satélites, los de la primera hora de la noche, visibles a simple vista, viajando por las estrellas a contra...

IDIOMA Lugares comunes

Napoleón Bonaparte “El agua fresca de la pileta lo lleva a meditar, siempre le sucede igual, apenas llega hasta sus orillas y ya está pensando en la inutilidad de la vida” Solitario, a la orilla de la pileta, piensa que hay pelotudos comunes, de todos los días, pelotudos de diario digamos. También hay de los otros, importantes, solemnes, pomposos, campanudos, que se miran al espejo queriendo hallar a otro y no a ello mismos, como todas las cacatúas que sueñan con la pinta de Carlos Gardel. Ha conocido varios, los tiene junados, como quien dice. Cada vez que les señala una huevada insigne, pierde un amigo o un conocido deja de saludarlo. No le importa. El día del amigo suele pasar encerrado en su casa, acompañado de su fiel “Tucumán”, un gato pardo que se le aquerenció en el patio. Cree que uno de estos días debería redactar una lista transcendental de pelotudos insignes, algo así como el “top ten” de las huevadas seriales más significativas que ha oído en su vida. Una sonrisa se le dib...

VIDA Llegar a viejo

Por qué deberías empezar a tratar bien a los ancianos A veces, cuando me miro al espejo digo: “Bueno, Juan, esto había sabido ser viejo”. No porque me haya acostumbrado dejo de notar las arrugas, la cabeza blanca como alpargata de pintor, la mirada algo caída, la busarda prominente, los pasos cada vez más lentos. Es solamente el paso del tiempo, saber lo que he vivido o me resta por vivir, diría José Hernández. Lo que me tocó y lo que hice con eso. Uso anteojos para leer desde pasados los 40 años, de vez en cuando me duelen algunos huesos que antes ni sabía que existían. No sé y no me interesa entrar en algunos asuntos del presente rabioso, como el manejo de los teléfonos móviles, Netflix, los pantalones ajustados al cuerpo o usar esos ridículos zapatones de goma, los sapos, ni para andar en casa. Me banco perfectamente que una mujer joven me diga en la carnicería: “Esa no es la fila, abuelo, venga que le indico”. De chico me gustaba andar de gorra o de sombrero, de joven me decían que...