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Mostrando las entradas etiquetadas como Eufemiano

NOMBRE El que decide no es el padre

Eufemiano y sus mujeres Una madre, una esposa y un cura terminan poniendo un nombre que acompañará toda una vida A último momento decidieron que si era varón se llamaría José Agustín, santo que les recordaba a parientes de ambos lados y, sobre todo, al que ya le estaban debiendo el nombre, porque en ambas familias habían sido muy devotos. También habían pensado cómo ponerle si era mujer, pero no viene al caso. No querían que su niño tuviera un nombre rubio y de ojos azules junto a un apellido morocho y español. Si le digo cuál es la época que más me gusta, le miento, porque en algunas cosas éramos muy crueles y las costumbres se han suavizado mucho, aunque ahora también haya cada cosa que a uno lo obliga a pensar en volver el reloj para atrás. No diga nada, ya sé que es imposible. Cuando nació, el 26 de abril de 1962, el hombre se fue al Registro Civil a anotarlo. Antes pasó por lo de su madre. “¿Cómo le van a poner?”, le preguntó. “José Agustín”. Pícara la vieja, le sugirió: “¿Por qué...

CRÓNICA Los fantásticos Reyes Magos

Los Reyes Magos, a mdo de ilustración nomás La que sigue ocurrió realmente, hay fotografías que se tomaron esa noche cuando a la casa de mis abuelos llegaron visitas inesperadas Aquel año ocurrió algo fantástico en el campo de mi abuelo, bosque adentro de Santiago. Si es de los que creen en que los acontecimientos más asombrosos se producen en el lugar menos pensado y de una forma en que nadie se imaginaría, siga adelante con la lectura de este escrito, si no, para qué. Hay asuntos que, si los analiza mucho, si los piensa con cuidado, terminará convirtiéndose en un escéptico, de los que todo lo saben, pero no creen en nada. Resulta que después de Año Nuevo siempre llegábamos de visita a Sol de Mayo, departamento Jiménez, durante el resto de las vacaciones de verano, a veces hasta con varios amigos, mis abuelos siempre estaban felices de recibirnos, como que los alegraba tener la enorme casa aquella, llena de chicos. No sé por qué, en casa, los regalos que traía el Niño Dios eran más im...

CHIQUILLADA A prueba de balas

El Universo desconocido Segundo cuento de la temporada con mi hermano Eufemiano de protagonista, con una interesante teoría de yapa ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía? Jorge Luis Borges Tenía una gran imaginación, en eso me ganaba por varios cuerpos, si yo hacía volar el pensamiento, a Eufemiano las cosas que se le ocurrían siempre andaban más arriba, a veces cerca de las nubes o mucho más allá. Pero, deje que le cuente, así lo comprende mejor. En tercero o cuarto grado, tuvo una maestra que les enseñó la cuestión del sol, las estrellas, la soledad de la tierra, un planeta boyando en los límites de una gran galaxia. Un granito de arena que vuela en un gran viento cósmico. —Somos una cosita así, que planea en medio de la nada, acompañando a una estrella mediana nomás. Sólo para molestarlo, le respondí: —¿Cómo una pelusita? No me contestó, se quedó pensando y pasamos a otra cosa. Cuando uno es chico, el día pasa muy despacio. Pongalé que está jug...

CHIQUILLADA El Káiser

Imagen de archivo Cómo cazar un duendecito de la siesta, qué ponerle de cebo, dónde llevarlo una vez que se lo pilló: detalles en este relato De agosto a diciembre, antes de las lluvias, sabían formarse remolinos en los cercos resecos del pago. Ese año el abuelo nos contó que a la siesta salía un duendecito muy pequeño y muy pícaro, negrito y fierito, que le gustaba burlarse de la gente. Decía que era del tamaño de un puño nuestro y también muy rápido. —¿Podemos trampear uno?— le preguntamos. —Pueden, pero es muy difícil que lo pillen. —¿Qué le gusta comer? —Dulce de batata. —¿Con queso? —No, sólo. Con Eufemiano, mi hermano, nos dimos a la tarea de construir una trampa para el duendecito que vivía en los remolinos de la siesta de la siempre polvorienta y reseca primavera santiagueña. La de las urpilas no iba a servir, demasiado livianita, además si era pícaro saldría por debajo. Si le poníamos un frasco con pesas encima, en una de esas se ahogaba y se moría y no queríamos matarlo sino ...

RELATO La lluvia y el centro del universo

Chicos en el Bobadal, chimpando charcos Llevaba anotada por mi madre la calle “Llanlloré”, número tal, la anduve buscando un rato largo en un mapita turístico Era marzo o abril, y se largó el agua como nunca en la vida lo había hecho y nunca más lo haría desde entonces. El cielo llovió todo lo que debía de años anteriores y entregó un adelanto al contado, por las dudas. Nos acostábamos, nos levantábamos, nos volvíamos a acostar y de nuevo amanecíamos con la tormenta. No paró ni un solo minuto, no dio respiro, tregua ni cuartel. Diga que la casa era fuerte, no tenía goteras y quedaban muchos libros que no habíamos leído en la ecléctica biblioteca que se había formado, capa tras capa, como una excavación arqueológica, con los que llevaban tíos, abuelos, primos y nuestros padres, para pasar las largas noches del invierno santiagueño. De Corín Tellado a Franz Kafka, de Jorge Wáshington Ábalos a Benito Lynch, pasando por decenas de novelas policiales de ciencia ficción, textos de historia...