Ilustración Los programas gastronómicos son un registro actualizado de chistes gruesos: prescinden de la cultura como arma para enseñar Al mismo tiempo que las vecinas abandonan la cocina, se hacen cada vez más populares los programas que enseñan a cocinar. Pero es un engaña pichanga, porque los conductores de esos programas saben que las amas de casa ya no empuñan ollas, sartenes y coladores, y se dedican a hacerse chistes internos en la pantalla. Programas para pasar el tiempo. Porque preparar un plato, dulce, salado, agridulce o amargo, es una tarea por demás embolante. Ponerle onda en el momento en que se revuelve el guiso, diciendo “ahora revolvemos la preparación”, es algo redundante. Para hacer amena la elaboración, es preciso tener una cultura amplia, de la que suelen carecer los cocineros devenidos en conductores. Un alimento cualquiera tiene miles de cosas para decir de él. Por dar un caso, la papa. Cualquiera que sepa de su historia, de su introducción en Europa, de la resis...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero