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Mostrando las entradas etiquetadas como Fincas

RUTA Sin perdón de Dios

Ilustración "Una mujer quedó despechada en el camino, una falla en el deber de la caridad, alguna blasfemia" Viajábamos hacia el sur. Mientras el sol iba poniéndose detrás de un paisaje de sembrados, pueblos de nombres olvidables —La Rubia, Hersilia, Arrufó, Ceres— fincas, postes pintados de blanco, el hombre comenzó a hablar. El auto es uno de los mejores confesionarios que se han inventado. Pésame, Dios mío… La noche que se demoraba, difuminaba los rostros y tal vez por eso eligió esa hora para avisar que tenía un secreto, que si no sacaba del pecho lo terminaría matando. Yo le dije que no sería para tanto y —sin ser cura— le expliqué que cualquier pecado, por más terrible que fuera, Dios se lo perdonaría si a la vuelta se confesaba debidamente. Quise recordarle el sacramento cuando me detuvo: —Yo no tengo perdón de Dios. Todos escondemos algo: faltas menores nomás. Una mujer quedó despechada en el camino, una falla en el deber de la caridad, alguna blasfemia, la violación ...

TUCUMÁN Provincia medio chanfleada

Mapa de Santiago, se ve la casa del autor Los santiagueños no tienen una historia con ingenios azucareros, ni Palito ni la Bomba ni chancaca ni alfeñiques: una teoría sobre las diferencias con los ñañitas Fue hace tanto, que los santiagueños ya se olvidaron del todo y se quedaron sin una historia reciente hecha de ingenios azucareros, como Tucumán. El folklore, que nació, según dicen, en la década del 40 no nombra los carros cañeros en Santiago. Que eran los que iban a la cosecha: en invierno tiraban caña de azúcar en las fincas tucumanas y en verano seguían con su trabajo aquí en el pago, trayendo leña, postes y carbón a las balanzas. No hay en estos pagos una historia hecha a los machetazos, como los ñañitas tucumanos, aquí los cuentos de los padres y los abuelos tienen hacha en sus entrañas, quebracho, algarrobo, mistol, churqui. Hay poco machete por aquí, arma que no servía para horadar el bosque chaqueño que rodeaba a los santiagueños, y aunque parecía imposible, un día erradicaro...