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TUCUMÁN Provincia medio chanfleada

Mapa de Santiago, se ve la casa del autor

Los santiagueños no tienen una historia con ingenios azucareros, ni Palito ni la Bomba ni chancaca ni alfeñiques: una teoría sobre las diferencias con los ñañitas


Fue hace tanto, que los santiagueños ya se olvidaron del todo y se quedaron sin una historia reciente hecha de ingenios azucareros, como Tucumán. El folklore, que nació, según dicen, en la década del 40 no nombra los carros cañeros en Santiago. Que eran los que iban a la cosecha: en invierno tiraban caña de azúcar en las fincas tucumanas y en verano seguían con su trabajo aquí en el pago, trayendo leña, postes y carbón a las balanzas. No hay en estos pagos una historia hecha a los machetazos, como los ñañitas tucumanos, aquí los cuentos de los padres y los abuelos tienen hacha en sus entrañas, quebracho, algarrobo, mistol, churqui. Hay poco machete por aquí, arma que no servía para horadar el bosque chaqueño que rodeaba a los santiagueños, y aunque parecía imposible, un día erradicaron para siempre.
Piensan que no fue tan malo haber perdido los ingenios si con eso se libraron de Palito Ortega y la Bomba Tucumana, de los malos olores del río Salí y del hollín de la cosecha y malhoja todos los años de abril a setiembre. Y de Santos y Decanos.
Al quetuví le dicen quetuví y no quetupí, tan fierito que te lo queda, y la rubiala es rubiala y no machilo, vé po vos. También se salvaron del bollo (ellos dicen bollio) y en vez de eso tienen el rústico chipaco, no hacen empanadas fritas sino pastelitos, a la pala le dicen pala y no primo, se quedaron sin felpa y en cambio tienen fibra y en vez de goma usan borrador, que es más fino de pronunciar, ¿ha visto?
Hay quienes dicen que los santiagueños son como son porque descienden de los indios tonocotés, raza brava, criada a bagre, añapa y tortilla al rescoldo, en cambio ellos han salido medio chanfleados, porque de chicos comían chancaca y alfeñiques, esos caramelos que apenas cabían en la boca y hasta que no ibas por la mitad te destrozaban el paladar.
Dicen que hablan igual, pero cuando se largan en tucumano básico, no los entiende ni Cristo, carajo. En vez de “¿ha visto?”, dicen algo así como “¿ahíto?", no dicen “vete, que dentro de un rato yo voy a ir también”, sino “vo iti itiendo qui ioiá vitir”. Y algunas otras expresiones más que rara vez se alcanzan a descifrar.
Además, tienen una manera curiosa de comer las empanadas. Primero le dan un bocado por arriba, después agarran una mitad de limón y le van agregando como si fueran milanesas, sólo falta que les pongan mayonesa o ketchup para ser completitos de raros. Cuando uno les pregunta por qué directamente no las preparan con limón como las esfijas, dicen que es una tradición. En serio, le dicen tradición a esa guarangada que hacen en la mesa, para horror de las mujeres que se pasaron la mañana repulgando y mal ejemplo de los niños, que hacen lo mismo creyendo que honran a quién sabe qué próceres tendrán allá.
Dicen que, en cualquier parte de la vecina provincia, levantan la vista y ven los cerros azules reverberando a lo lejos. ¿Sabe qué?, aquí nadie les tiene la más mínima envidia, porque el cielo es profundamente azul, cristalino, propio y de noche se completa con estrellas que jamás se han visto en ningún otro lado del mundo. Y es santiagueño, por lo menos desde los Telefónicos hasta la escuela Nicolás Juárez. Más allá empieza el mundo de lo desconocido y quién sabe qué habrá.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc2 de marzo de 2024 a las 7:30

    Los moroncitos de Santiago son más ricos que los polvorones de Tucumán. Además, nosotros tenemos el Mercado Armonía. Uno lo recorre y ya ha visto medio Santiago.

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  2. BUENÍSIMO JUANCHO QUERIDO...ESTILO ZOCO DE ROSEMBERG..PERO MÁS DESCRIPTIVO ...HERMOSO...!!!

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  3. ofensa gratuita a ntra provincia... nos vengaremos... ya veras aragon....

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  4. Demen lugar, soy Pilpinto Santos .
    Dicen que no había mejores empanadillas que las del campo santiagueño, hasta que se contagiaron de las fabricantes tucumanas y se las comenzaron a depilar o afeitar . Será?

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  5. Pocas empanadillas pelos por las orillas hay.
    Sería bueno escuchar por las calles las ofertas con esa frase. Un capo Ud Purpinto Santos.

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  6. Nadie habla de la ciudad permeable y versátil sin permiso para que la piensen jamón ( nada de mortadela) del sándwich que son los termeños, que somos sin carpeta nos influyen por pequeños periodos el lenguaje foráneo y aunado sobreviven

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