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Mostrando las entradas etiquetadas como Olvido

EMPRESARIOS Una inútil persecución

Relación rota Algunos se empeñan en coartar a sus antiguos empleados, la posibilidad de conseguir un nuevo trabajo, qué podría suceder Hay una clase de hombres que creen perseguir a la ex mujer o ex novia, hablando mal de ella, contando intimidades, diciendo a todo el mundo que es una esto o una aquello, para, de esa manera, quitarle posibilidades de conseguir un buen partido. Son macanas. ¿Se pelearon?, ya está, dejala que se mande a mudar tranquila, chau, chau, que te vaya bien, olvidate, concéntrate en lo tuyo. Bueno, algunos empresarios santiagueños actúan como el novio o el marido despechado, sólo que lo hacen con los empleados que se van de sus firmas, sus comercios, sus compañías, sus sucursales, sus negocios. Por equis razones, el empleado presenta su renuncia o manda el telegrama anunciando que a partir de ese día no irá más. El dueño de la empresa no solamente no entregará una buena referencia de su antiguo empleado, sino que lo perseguirá dondequiera que consiga un trabajo, ...

EDAD La vejez no viene sola

Ancianos A uno se le van yendo algunas facultades mentales que antes solía tener bien aceitadas y funcionando, como la memoria Con los años —la vejez, la edad provecta, la senectud, digamos, para ponerlo con todas las letras— a uno se le van yendo algunas facultades mentales que solía tener bien aceitadas y funcionando a la perfección. A veces recuerda un pequeño, ínfimo, mínimo detalle de su infancia remota, pongalé el color del forro del cuaderno de una compañera de banco de segundo grado. Es más, podría entrar a esa escuela que ya no existe, a ciegas, y llegar a ese grado y al banco justo en que se sentaban. Pero ahora tiene en la punta de lengua una palabra común y corriente y no le sale, no le sale, ¡no le sale, carajo! O se olvida del nombre de uno que le presentaron anteayer nomás. Y por más que se esfuerza, no le viene a la mente. También sucede que busca las llaves, las vuelve a buscar sabiendo que están a la vista, porque nunca las esconde, jamás las deja tiradas por cualquie...

ESCRITOS El olvido

Olvido de olvidos La impresión de haberse olvidado de hacer algo es molesta, lo persigue a uno durante el día, debería acordarse, pero no puede Capaz que a vos también te ha pasado esa sensación extraña de haberte olvidado de algo, pero no sabes qué. Es como que el espíritu sabe que algo que tenías que haber hecho no está ni empezado y por más que haces una lista mental de los deberes del día, no se te ocurre qué puede ser. Y das vueltas por todas partes sin saber exactamente por qué sientes, crees, sabes que algo te falta. Pero qué. Al revés de otros oficios, el de escritor es arduo, aburrido, rutinario, de otra manera es como que la mano se endurece y no puede balbucear los torpes ensayos que todos los días pueblan este sitio de internet. A la espera de que algún día se te ocurra la gran obra que, a esta altura del camino ya sabes que nunca se te va a ocurrir, todos los días te enancas en un sueño y lo dejas plasmado para siempre en líneas a las que casi siempre les falta mucho más q...

LETRA Supermercado

Supermercado El problema es que siempre me olvidaba de lo que mi mujer me encargaba comprar en el supermercado. Si eran galletitas dulces, no sé por qué elegía saladas, en vez de mayonesa traía mostaza, me confundía el arroz con el fideo, la harina con la maicena, y me enredaba las cantidades de té, mate y café. Siempre la misma historia: volvía del supermercado, ella abría la bolsa y me retaba. A veces me mandaba a la esquina a comprar una Fanta y yo caminaba diciendo “¡una Fanta naranja, una Fanta naranja, una Fanta naranja!”, pero no va a creer, llegaba al kiosco y decía: “Demé una Secco—cola”. Siempre la memoria me tendía la misma trampa. Hasta que un día que me dio muchos encargos, los memoricé tal cual: Mate, café harina, palmitos, yerba, mermelada, cacao, picadillo, paté, caballa, arroz, arvejas, sardinas, atún, choclo y lentejas”. Después le puse música, vendí la lista a Marolio y ya no me olvido más. ©Juan Manuel Aragón

CUENTO No sos vos, soy yo

Solitario Qué pasa cuando uno advierte que le están por dar el adiós en una relación: sabe lo que viene y de alguna manera se aferra, aunque sea a un leve desquite anticipado Me citó en un barcito a la vuelta de su casa y me sonó raro. “Venite a casa, conversamos tranquilos, no hay nadie y capaz que pasa otra cosa”, le respondí. Me paró en seco: “En el barcito a la vuelta de casa”. No insistí, aunque algo me hizo ruido en el fondo del corazón. Recordaba ese mismo tonito de un amor anterior que, después de anunciarme que lo nuestro no iba más porque no teníamos futuro, me dijo las fatídicas palabras: “Necesito un tiempo para estar sola”, “no sos vos, soy yo”, “quiero estar segura”, “ya vas a encontrar a otra que te merezca más que yo”, “me vas a olvidar rápido”. Esta vez iba a ir preparado, no me hallaría sin perros. A veces creo que las mujeres toman la decisión de dejarnos con mucha anticipación. Algunas no todas, un día cualquiera de un año antes de dar un cierre definitivo a la rela...

TAPERA Recuerdo del olvido

Hugo Argañarás: "Tapera en Pampa Pozo”, departamento Pellegrini, acrílico sobre fibrofacil “Usted se va y al tiempito todo empieza a cambiar, la Josefa tuvo un hijo, dicen que era de Luisito, el hijo de los Gutiérrez” Después muchas vidas, una tarde que andaba cerca, volví al pago que había sido de la infancia, al viejo rincón que había sabido ser de los abuelos. La casa se había convertido en una triste y oscura tapera con rastros de animales, olor a meada de gatos e inscripciones obscenas, garabateadas con carbón en las paredes, que seguramente pintó algún linyera que se quedó a dormir y dejó rastros de una fogata en el corredor, quizás la única parte con techo seguro que quedaba. El abuelo de mi abuelo, quizás su padre o su abuelo, había llegado a aquel lugar del norte de Santiago, en ese entonces una pampa de pastos con islas de bosque ralo y desierto de cristianos. Levantó corrales, cavó una represa, construyó la casa, compró hacienda, se hizo de un pequeño capital y cuando l...

CIUDAD Cómo se llamaba su barrio

Banco Nación en la 24 de Septiembre y 9 de Julio Los lugares van cambiando sus nombres al compás del capricho de los burócratas En Santiago del Estero había topónimos muy bonitos españoles, quichuas y overitos. El barrio del oeste, al que la Municipalidad le puso de nombre “Congreso”, se llamaba “Cantarranas”. A los grandes señores que gobernaban la ciudad les debe haber dado vergüenza tener un lugar con ese nombre tan hermoso. Debía su mote este sector de la ciudad, a que, como estaba en las afueras, había cortadas de ladrillos. Cuando llovía, los pozos de los ladrilleros se llenaban de agua y el lugar se convertía en un auténtico y verdadero palco para oir cantar las ranas. Quizás le pusieron barrio Congreso para honrar la democracia, cuyas leyes se cuecen en aquel lugar de Buenos Aires, que alberga a diputados y senadores nacionales. Pero si les daban a elegir a los santiagueños, le hubieren seguido llamando de la forma tradicional, no tenga dudas. Hacia el norte quedaba Cachi Pampa...