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Mostrando las entradas etiquetadas como picardía

IMPACIENCIA Cómo sobrevivir a los semáforos

Imagen de la inteligencia artificial Máximas callejeras que enseñan a jugar con la luz, intimidar al peatón y burlarse de todos, total Tránsito jamás pone una multa En Santiago, el semáforo no manda: los automovilistas deciden. Hay reglas, dicen, pero nadie las acata. Se pasan en rojo, se pisan sendas peatonales, se acelera como si el tiempo y la vida de los demás fueran propios. Es un código secreto, hecho porque nadie impone la ley en la calle. Cada esquina enseña un truco distinto: “si ves amarillo, metele pata”, “el verde es sólo una leve sugerencia”, “a la siesta, hacé lo que quieras”. Esta nota nace de esas máximas callejeras, de la picardía que convierte la ciudad en un juego y al semáforo en un chiste que todos saben cómo romper. A veces, pensar en títulos para una nota, antes de escribirla, facilita luego la redacción. A continuación, algunos que podrían encabezar una nota sobre la inconciencia de los automovilistas y los agentes municipales que, durante casi todo el día, refu...

PALABRAS Gentilicios raros o poco comunes

¿Cómo les dicen a los Hasenkamp? Las pequeñas o grandes marcas de identidad que se llevan pegadas al habla, a veces son un capricho de la lengua A Hebe Luz, obviamente Los gentilicios son pequeñas o grandes marcas y señales de identidad que llevamos pegadas al habla como una bandera en miniatura. Sirven para decir de dónde venimos sin necesidad de mapa, y se forman —casi siempre— añadiendo sufijos juguetones como -eño, -ense, -ino, -ano, -és al nombre del lugar: de Córdoba, cordobés; de Corrientes, correntino; de Gualeguay, gualeyo. Pero la lengua, más viva que reglamentaria, hace de las suyas: a veces los transforma por eufonía, pereza o picardía. Así aparecen los raros, los simpáticos, los caprichosos: pueblerinos, uruguayenses, napaleofucenses, infiernícolas. A veces cambian porque cambia la gente y su forma de nombrarse. Un vecino que quiere distinguirse inventa uno nuevo; otro, más práctico, lo acorta; un tercero lo convierte en chiste. También influyen la escuela, la prensa, la b...

CUENTO El dinosaurio cortito

Dinosaurio de juguete El cuento brevísimo, una categoría nacida hace unos años, vendría a ser un asalto a mano armada “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Dicen que esa frase es el cuento más breve que se haya escrito jamás en idioma español. Siete palabras, 43 letras, todo un mundo, qué pícaro, ¿no cree? Su autor es el famoso guatemalteco Augusto Monterroso. Pero, alto ahí, parece que le surgió un competidor, Luis Felipe Lomeli, que redactó otro: “El emigrante”, más corto todavía: “—¿Olvida usted algo? —¡Ojalá!”. Cuatro palabras, de las cuales tres son una pregunta y la restante una exclamación. Y ahí está Juan Pedro Aparicio, que tiene unos cuentos tan, pero tan breves, que alguien llamó a su escritura “literatura cuántica”, dando aires de ciencia a lo que no es más que otra engañifa. El más logrado de todos lleva por título “Luis XVI” y tiene una sola palabra de dos letras “Yo”. El colmo de la picardía, amigo, ah, qué hombre más picarudo (picarulo). Ante esta notici...

IDIOMA Qué significa zafar para los argentinos

"Escondido",  obra del cronista gráfico Rody  Beltrán Es un verbo, un eufemismo que, de tan repetido, se coló en el idioma casi inadvertidamente El verbo preferido de los argentinos “zafar”, tiene una definición muy cortita en los diccionarios etimológicos. Proviene del árabe andalusí ´zah´, que, a su vez llega del árabe clásico ´azah´, que es apartar. La Real Academia es un poco más específica, define el vocablo como “desembarazar, libertar, quitar los estorbos de algo”, también como “soltar o desatar algo”. En Cuba y Puerto Rico es “descoser una costura o una prenda de ropa”. Pero también es “escaparse o esconderse para evitar un encuentro o riesgo”, “librarse de una molestia”, “excusarse de hacer algo”, “dicho de la correa de una máquina: salirse del canto de la rueda o “dicho de un hueso: dislocarse o descoyuntarse”. En la Argentina, Cuba, Panamá, Paraguay y Uruguay es “desentenderse, librarse de un compromiso o de una obligación”. No sé en el resto, pero, ¿para los argen...