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CUENTO El dinosaurio cortito

Dinosaurio de juguete

El cuento brevísimo, una categoría nacida hace unos años, vendría a ser un asalto a mano armada


“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Dicen que esa frase es el cuento más breve que se haya escrito jamás en idioma español. Siete palabras, 43 letras, todo un mundo, qué pícaro, ¿no cree? Su autor es el famoso guatemalteco Augusto Monterroso. Pero, alto ahí, parece que le surgió un competidor, Luis Felipe Lomeli, que redactó otro: “El emigrante”, más corto todavía: “—¿Olvida usted algo? —¡Ojalá!”. Cuatro palabras, de las cuales tres son una pregunta y la restante una exclamación. Y ahí está Juan Pedro Aparicio, que tiene unos cuentos tan, pero tan breves, que alguien llamó a su escritura “literatura cuántica”, dando aires de ciencia a lo que no es más que otra engañifa. El más logrado de todos lleva por título “Luis XVI” y tiene una sola palabra de dos letras “Yo”. El colmo de la picardía, amigo, ah, qué hombre más picarudo (picarulo).
Ante esta noticia, la de los `cuenticortos´, ´corticuentos´ o ´brevedades literarias´, cualquiera queda patitieso, estupefacto, pasmado, atónito. Porque no sabe si está frente a elevados genios de la pluma, que serán estudiados en el futuro como los Cervantes de este tiempo, o es el objeto de una cachada cruel.
Salvo excepciones, los chicos actuales vomitan ante la vista de un libro, suponen que se trata de una vieja máquina de tortura, así que no vengan con que es la nueva literatura que el mundo aguardaba, ¡minga! Lo que espera el mundo es una camarita filmadora para llevar en el ojo y que se active con un parpadeo, un auto que funcione con dos pilas “Eveready” de las de antes, cualquier cosa, menos un éxito editorial que venga de las letras. El éxito editorial de antaño hoy se llama “video viral”. Y el que diga que sabe qué quiere leer el prójimo se equivoca de medio a medio. Porque lo que menos le interesa a su vecino, al de al lado y al otro y al otro, es leer. Cosa de viejos.
Ahí hay tipos en las redes sociales que hacen chistes para todos los gustos, con videítos cada vez más estúpidos, dando de comer a los tarados que los miran, lo demás importa poco a la mayoría. Sostener que el mundo estaba esperando cuentos cortísimos, es como decir que ahora que la equitación es un arte oneroso, hay algunos que se divertirán yendo a montar los caballos de la calesita. Y que les gustará, ¡hagamé el favor!
Nadie está diciendo que un cuento deba tener diez, veinte o treinta páginas. ¿La verdad?, los entendidos no se ponen de acuerdo sobre el largo que debe tener un escrito para ser considerado tal. Incluso puede haber narraciones de una página, de menos si quiere, pero ¿diez palabras?, ¿cinco?, ¿una? Disculpe que se lo diga, pero es un robo, porque a cualquiera se le ocurre un cuento corto. A los lectores en este momento les podría venir a la memoria el que dice: “Al final, agarró y la mató”. Más corto que el de Monterroso, con muchas menos letras también, y con más tela para cortar, no diga que no.
Pero escribir un libro así, con frasecitas cortitas, facilongas, acudiendo al lugar común o algo por el estilo, sería un asalto a mano armada, en poblado, con alevosía y premeditación.
Y ensañamiento.
Juan Manuel Aragón
A 11 de octubre del 2024, en casa. Tomando unos matungos.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc11 de octubre de 2024 a las 8:14

    Otro, no tan corto ni tan cuento: "Parece que hay gente que disfruta dejándose estafar".

    ResponderEliminar
  2. alguna vez leí un cuento muy corto adjudicado a nuestro popular cómico "Pica Cáceres" aunque algunos le atribuyen a Jaimito, la maestra pidió a los alumnos que escriban un cuento con las siguientes condiciones, tenia que ser: corto, incluir sexo, monarquía, religión y misterio:

    - ¡Se culea... a la Reina! ¡Dios mío! ¿Quién habrá sido?

    ResponderEliminar
  3. Ahí va uno de mi autoría, basado en un diálogo real con un peón de campo.
    "Indivorcio"
    "-¿ Por qué no te divorcias ?
    -Es que...la moto."

    ResponderEliminar

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