Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Pavimento

OFICIOS Otra vida

Sin destino posible Verdulero, mozo o albañil parecen salidas posibles mientras la escritura insiste en quedarse como destino inevitable De pie en el reparo de una casa de Buenos Aires, un día de lluvia, me digo “¡cambiá de vida!”. Nunca es tarde para empezar otra cosa, pienso, mirando los autos que pasan de derecha a izquierda, haciendo “¡chiiisss…!” sobre el pavimento mojado. Nada debe ser igual. Dejaré esta manía de escribir y andar en la luna dando vueltas a los temas de la próxima nota e instalaré una verdulería. Conversaré con las viejas que compran papa, lechuga, rabanito, hablaré del tiempo y les daré la razón si dicen que está cara la vida y así no se puede vivir, qué barbaridad. O me conchabaré como mozo de confitería, limpiando las mesas, sirviendo café, trayendo de nuevo la vajilla sucia. Memorizaré lo que toman los parroquianos y entregaré a cada uno lo suyo sin que me llamen, como hacen los buenos del oficio. En una de esas me hago albañil, fratachando paredes, subiendo l...

NICKELODEON El último grito de la moda

Mujer de ruleros Cuáles fueron los soplos que nos mostraron que la modernidad había llegado al pago A la vuelta del año, cuando regresábamos al pago, buscábamos en el aire del pueblo vecino, los imperceptibles soplos de la modernidad que al final acabarían por tumbarlo del todo. Ahora usted va y es un lugar que se enorgullece de ser igual a los demás, tiene barrios, una plaza con toboganes, una comisaría con 50 agentes de policía, todos bien comidos, quioscos, calles pavimentadas y hasta tuvo una rotonda que puso un intendente y el siguiente tiró abajo, y el otro cuando vuelva, si es que, anuncia que la construirá otra vez. La grieta de los pobres, digamos. Una vez descubrimos que la vieja de uno de los almacenes más famosos en 50 kilómetros a la redonda, tenía un perrito chiludo y el pueblo observaba, entre desorientado y envidioso, que era posible tener estos animales de pura compañía, no esos alborotadores de nosotros, buenos para salir a quirquinchar o que hacían empacar la haciend...