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Mostrando las entradas etiquetadas como Pecados

CARÁCTER Lo necesario

Ilustración Infancia indulgente y decisiones repetidas moldean una vida en la que todo halla justificación hasta volverse irreversible Inauguró la justificación de todos los males, todos los pecados, todas las tropelías, con descargos de tipo psicológico. ¿El nene no le tomaba la sopa, doña? Tenía algún trauma, diagnosticaban. ¿Se negaba a ir a la escuela? Que durmiera, pobrecito: la noche anterior había vuelto muy tarde de jugar en la calle. ¿Peleaba con los compañeritos? Que se la bancaran, para qué se metían con él. ¿Se sentía solo? Un celular era santo remedio. El chico iba creciendo. Más adelante, cuando tuvo 20 años, entró a saco a la cartera de la madre y de algún hermano para robar unos pesitos e ir al baile. Porque tenía derecho a la diversión, qué tanto. Sacó a crédito una motocicleta y no pagó, total el garante se haría cargo, pero necesitaba un medio de movilidad, o quería que anduviera en ómnibus, como la mersa. Engañó a la novia con otras mujeres, pero pocos entendían que...

PECADO El adulterio y las piedras

Un pecado perdonado Un cardenal, desde Roma, quiere modificar de un plumazo las enseñanzas evangélicas con argumentos infantiles Una vez que Jesús estaba enseñando en el templo, llegaron los escribas y fariseos llevándole una mujer sorprendida en adulterio. La pusieron en medio y le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”. Se creían pícaros los ñatos y le plantearon el asunto para tentarlo, y tener después de qué acusarlo. Jesús, se inclinó y se puso a escribir con el dedo en la tierra, como si no les prestara atención. Pero ellos insistían, dale y dale. Entonces se puso de pie y les dijo: “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”. Y volvió a escribir en la tierra. Pero los otros, cuando oyeron estas palabras se fueron yendo uno detrás del otro, primero los más viejos. Hasta que quedó Jesús solo con la mujer. Se volvió a incorporar y le dijo: “Mujer, ¿...

RECORDACIÓN Rafa

En el viejo bar "Odio y rencor", de los Cabezones Paz “Muchas veces hemos hablado durante varias horas, desde los ututus de la alta siesta hasta las estrellas del asado o el humilde guiso de arroz” Cuando supimos de la plaza Sintagma, en Atenas, dijimos que teníamos que ir. Nos parecía que debía ser un lugar apropiado para matear interminablemente como lo hacíamos cada vez que venía a casa. No es lo mismo conversar de política, fútbol o mujeres en la cocina de casa, viendo cómo los gatos pasan del techo de aquí al del vecino, que en la plaza Sintagma, de Atenas, otrora centro del pensamiento mundial. Acordamos que no sería en un barcito de los alrededores sino en un banco de la plaza o en esos escalones que terminan, cruzando la avenida, en el Monumento al Soldado Desconocido. Lejos de los turistas que bajan de los ómnibus en el hotel Gran Bretaña, por las dudas pasaríamos por griegos, más si se acercaba alguno hablando en español y peor si lo notábamos argentino, nos haría...

¿RELIGIÓN? Pecados que claman al Cielo

Trabajador informal “No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero” Dicen los que saben teología, que de todos los pecados hay cuatro que claman al Cielo y que serán pagados en esta vida por quienes los cometen: el homicidio voluntario, el pecado impuro contra el orden de la naturaleza, la opresión del pobre y la defraudación o retención injusta del jornal, del trabajador. El homicidio voluntario clama al Cielo desde Abel, es la muerte de otra persona motivada por la envidia. El segundo es la sodomía o pecado de inversión sexual que se opone directamente a la propagación de la especie. El tercero, la opresión del pobre se da cuando se abusa de la condición de pobre e impotente de quienes no tienen cómo defenderse y en la actualidad argentina podrían ser los jubilados. El último es la injusticia contra el asalariado, ya sea retrasándole el pago, disminuyéndolo o despidiéndolo sin causa. Vamos a ocuparnos aquí solamente del último de los ...