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Combate de gallos de pelea |
La riña es uno de los espectáculos más representativos de la cultura popular santiagueña; la cría de estos animales es una actividad noble y pura
No hay espectáculo más representativo y particular de la cultura popular santiagueña que la nunca bien ponderada riña de gallos, ya sea campesina o en pleno centro de cualquier ciudad, de Selva a Villa Nueva Esperanza, de Monte Quemado a Frías. Entre sus próceres figura el Ciego Montaldo, de Tucumán, y quienes han tenido la dicha de conocerlo, dan fe de que pedía silencio en las paradas para sentir cómo iba peleando sus animales. Por ahí afirmaba: "Ha pegado el mío" y era la pura verdad. Tanto era el cariño sincero que les profesaba, que los conocía por el sonido que hacían al toparse.En casi todos los pueblos del oeste santiagueño, los gallos figuran entre las aficiones más arraigadas de la paisanada, que deposita en ellos un amor puro y trasparente con el solo afán de extraer lo mejor de cada uno de ellos. Para quienes no lo saben, los gallos de riña traen en la sangre la rabia de la pelea, lo único que hacen los hombres es refinar ese instinto, hacerlo más certero y elegante a fin de que se entregue hasta perder la vida, en una pelea limpia con otro con el que lo han hecho igualar peso.Quien diga que es una actividad sangrienta debiera revisar sus costumbres, pues ¿qué espectáculo más sangriento puede haber en el mundo que una familia comiendo morcillas? Ninguno, y nadie, salvo algunas fanáticas de las ideologías modernosas más extremas, se asombra por eso.
No es de ahora la moda de la riña de gallos, viene de unos 3 mil años antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo o quizás antes, cuando los hombres vivían en cavernas, viendo las sombras de las ideas que pasaban por la abertura que hacía de puerta, como lo documenta acertadamente Platón, el sabio académico griego.
Los primeros conquistadores trajeron las gallinas a América y con ellas, más algunos otros abalorios, como los caballos, los botones, el anzuelo, calmaron el hambre de los indios, los atrajeron a las ventajas de la civilización y los obligaron a abandonar la espantosa costumbre de comerse los unos a los otros, previo engorde, o tener zoológicos para encerar a las tribus vencidas antes de yantárselas entre dos pancitos.
Quien haya visitado galleros, habrá visto con qué orgullo muestran a sus animales. Los alimentan de manera especial, los acarician, les hablan en todos los tonos para que reconozcan entre las decenas de voces que oirán en el reñidero la de su dueño, y los entrenan para que sean eficaces a la hora de toparse con otros y peleen furiosamente, hasta la misma muerte si es preciso. Los gallos que escapan, es sabido que ni siquiera para guiso sirven, son despreciados como plumas viejas. Son muertos para que, en palabras de los propios dueños, “no echen crías”, porque podrían ser portadores de la cobardía, una cualidad despreciada y maldita.
El día de la riña, en sí mismo es una fiesta de luz y color. Todo empieza a la mañana temprano cuando van llegando los galleros con sus animales para el pesaje. Una vez que todos hayan pasado por la balanza, ya sabrán cuál será el que le tocará al suyo. Las riñas en Santiago del Estero, no solamente están permitidas por ley, también han sido reglamentadas por decreto, de tal manera que todas las suertes que son posibles en un lance, están perfectamente delimitadas, desde el tiempo que debe durar, los baños, los segundos que se deben contar sin respuesta del otro, en fin.
Una compleja ingeniería genética es la que permite la cruza de una gallina de raza leghorn inglesa con un gallo malayo de pelea. El resultado es el pollo doble pechuga, solución de las amas de casa en tiempos de democrática pobreza franciscana como los que se viven en estos momentos en la Argentina. Gracias a que los otrora inciviles pueblos de la Malasia cultivaron la noble actividad de la riña de estos animales de combate y persistieron en conservar sus cualidades más salientes, hoy es posible luchar contra la indigencia, aunque sea con un menudo (corazón, hígado, panza), un ala y el cogote del bípedo plume, ya sea hervido, cual humilde puchero o guisado con fideo, arroz o papa.
Laus et gloria per sécula seculorum.
©Juan Manuel Aragón
A 25 de enero del 2024, en Las Termas. Tomando un baño
Buen día amigo Periodista y buen día a sus lectores.
ResponderEliminarSoy Pilpinto Santos y quiero agregarle algo que escaseó su publicación. Los riñistos ahora mezclaron las razas y sacaron una raza llamada LOMEROS el gallo pica el lomo y lanza el golpe a cualquier parte del cuerpo , hasta por el traste les entran las chuzas (es como ver a dos hombres chuceandose )._ Bueno, dejemoslo así.
Cuando yo era chico, tenía mi primita que se divertia cuando mi gallito salía del pantalón corto y yo decía q estaba enojado y cuando estaban sus amiguitas ella para que se reían todas me decía " veni Pilpi hacelo enojar al gallito " .
Se podrá ir en contra de las apariencias pero sus esencias son las que muestran su génesis y crianza, porque todos serán responsables de los que doméstican
ResponderEliminarCUANDO YO ERA CHICO(HACE UNOS 60 Y PICO)HABÍA UNA RIÑA EN LA CATAMARCA AL 200 MAS O MENOS,LLENO DE BICICLETAS EN LA PUERTA Y NO NOS DEJABAN ENTRAR.
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