Ilustración En este cuento, un rostro olvidable y una personalidad que oculta una paciente espera para preparar el golpe final A las 3 y media de la mañana le toqué el timbre varias veces. Un rato después se acercó a la puerta y con voz asustada preguntó: “¿Quién es? ¿Qué quiere?”. Le tuve que repetir mi nombre. “¿Qué quieres?”, insistió. Le mentí que mi mujer me había encontrado con otra y estaba en problemas. Abrió despacio, fijándose si había alguien más conmigo. Entonces me dejó pasar. “¡Uf!, qué nochecita”, le avisé. Me pidió un momento para ir a su habitación a vestirse, y volvería a conversar. De chico mis padres nunca me dejaban meter la cuchara en sus conversaciones. Mi hermana, mucho más grande, se fue de casa temprano. Fui un niño retraído. Mis compañeros de la escuela no me hacían burla, pero tampoco eran mis amigos. Estudié lo necesario para pasar de curso, nunca tuve un sí ni un no con los maestros. Mi silencio hacía que algunos creyeran que era inteligente, al poco tiemp...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero