| Ordenaciones sacerdotales |
El 9 de agosto de 2001 se ordenan 49 sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado en una única ceremonia
El 9 de agosto de 2001, en la Catedral de La Plata, se ordenaron 49 sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado en una única ceremonia presidida por monseñor Andrea María Erba, obispo de Velletri-Segni, Italia. Más de 2.000 fieles, familiares y amigos llenaron el templo para presenciar la imposición de manos a casi medio centenar de diáconos.Diez de ellos habían recibido el diaconado el día anterior en el mismo lugar. El arzobispo Héctor Aguer autorizó el acto tras gestiones ante la Santa Sede. Fue en medio de tensiones previas entre el Instituto y algunos sectores del Episcopado argentino.La misa se desarrolló en la nave central de la Catedral Nuestra Señora de los Dolores. Monseñor Erba, acompañado por un centenar de sacerdotes, impartió el sacramento del orden sacerdotal. Los candidatos, formados en Argentina e Italia, avanzaron uno a uno para recibir la unción, la estola y la casulla. El ritual incluyó la entrega del cáliz y la patena, símbolos de su nueva misión. Familiares llegados desde Mendoza y otras provincias siguieron la ceremonia con emoción. El acto duró varias horas bajo la imponente arquitectura del templo.
El Instituto del Verbo Encarnado fue fundado en 1984 por el padre Carlos Buela en San Rafael, Mendoza. En los años previos enfrentó diferencias con obispos locales por cuestiones de obediencia y estilo pastoral. En diciembre del 2000 se dispuso el cierre de tres centros de formación en Mendoza, medida que generó apelaciones ante el Vaticano. Ningún obispo argentino había aceptado la ordenación masiva. El capítulo general celebrado en Italia reeligió a Buela como superior. La Santa Sede autorizó la ceremonia siempre que contara con aprobación diocesana.
Monseñor Héctor Aguer explicó que no existían impedimentos doctrinales y que respondía a indicaciones de Roma para regularizar la situación. El prelado platense asistió sin concelebrar. Voceros arquidiocesanos destacaron el carácter inédito por el número de ordenados. Monseñor Erba subrayó la comunión eclesial. Andrés Fernández, de 26 años y oriundo de Mendoza, manifestó su alegría tras años de noviciado, seminario y estudios en Roma. Ese día celebraría su primera misa en San Rafael.
Más de dos mil personas ocuparon la catedral y sectores adyacentes. Se entonaron cantos litúrgicos propios de la ocasión. El obispo italiano impuso las manos sobre cada candidato en un gesto central del rito. Diez presbíteros nuevos habían sido diáconos desde el 8 de agosto. El resto recibió ese ministerio en Italia o en fechas anteriores. La congregación se distingue por su orientación misionera y devoción mariana. Los ordenados se incorporaron inmediatamente a tareas pastorales.
El obispo de San Rafael, Guillermo Garlatti, había considerado poco conveniente realizar la ordenación en su jurisdicción. El superior local, padre Gabriel Zapata, gestionó alternativas. Las tensiones incluyeron intervenciones pontificias y traslados de seminarios. Aguer ofreció la Catedral de La Plata como sede. El templo, el más grande de Latinoamérica, permitió albergar a la numerosa concurrencia. Representantes del clero local e invitados asistieron a la celebración.
Los 49 nuevos sacerdotes, con edades variadas, provenían de familias católicas. Muchos ingresaron al seminario en la década de 1990. Su formación abarcó filosofía, teología y apostolado misionero. El Instituto mantenía casas en Argentina e Italia. La ceremonia reunió a sacerdotes de distintas diócesis. Al finalizar, se impartió la bendición solemne y se entonó el Te Deum.
Fue un hito numérico en la Iglesia argentina. Los presbíteros se distribuyeron en parroquias y misiones. Algunos partieron hacia destinos internacionales.
Ramírez de Velasco®

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