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| Interrupción del servicio |
El 8 de octubre de 2021, Facebook e Instagram vuelven a interrumpirse en el mundo, cuatro días después de un apagón mundial
El 8 de octubre de 2021, Facebook e Instagram volvieron a registrar una interrupción mundial, apenas cuatro días después del apagón que había paralizado durante horas a Facebook, Instagram, WhatsApp y otros servicios de la compañía. La nueva falla afectó principalmente la carga de contenidos, el envío de mensajes y otras funciones, duró alrededor de dos horas y volvió a dejar expuesta la dependencia de millones de personas respecto de unas pocas plataformas digitales.El episodio comenzó durante la tarde y los problemas fueron advertidos rápidamente por los usuarios. En Instagram, numerosas personas no podían actualizar el contenido de sus cuentas, mientras que en Facebook Messenger aparecieron dificultades para enviar o recibir mensajes. Los informes se multiplicaron en los sitios que registran interrupciones de servicios digitales.Downdetector, una plataforma que reúne informes de usuarios sobre fallas en internet, registró más de 36.000 informes relacionados con Instagram y más de 800 vinculados con Messenger durante el episodio. Las cifras no representaban necesariamente la totalidad de los afectados, porque dependían de quienes acudían al servicio para informar el problema.
La interrupción fue apenas cuatro días después de la mayor caída registrada hasta entonces por la compañía. El 4 de octubre, Facebook, Instagram y WhatsApp habían quedado inaccesibles en buena parte del mundo durante más de seis horas. El problema había comenzado con una modificación de configuración de los equipos de red de Facebook y había afectado la comunicación de sus centros de datos.
Aquella primera interrupción había tenido una dimensión excepcional. Los servicios de la empresa dejaron de responder globalmente y también resultaron afectados sistemas internos utilizados por sus empleados. La pérdida de las rutas de red hacia los servidores DNS de Facebook impidió que los usuarios encontraran normalmente sus servicios y dificultó incluso las tareas destinadas a solucionar el inconveniente.
El segundo episodio tuvo características diferentes. Facebook informó que una modificación de configuración había afectado a usuarios de distintas partes del mundo, pero aclaró que el incidente no estaba relacionado con la caída del 4 de octubre. Después de aproximadamente dos horas, la compañía comunicó que los servicios habían recuperado su funcionamiento normal.
Durante la interrupción, como había ocurrido cuatro días antes, otras redes sociales recibieron la atención de usuarios que buscaban información sobre lo que estaba sucediendo. Twitter volvió a convertirse en un espacio para comunicar las fallas, compartir capturas de pantalla y publicar comentarios humorísticos sobre la nueva caída.
La sucesión de fallas también puso de manifiesto hasta qué punto las redes sociales se habían convertido en canales habituales para comunicarse, informarse, trabajar, vender productos y mantener contactos personales. Para empresas y pequeños comercios que utilizaban Facebook e Instagram como herramientas de comunicación con sus clientes, una interrupción de pocas horas podía significar la pérdida temporal de esos canales.
Podía imaginarse entonces una situación todavía más radical: ¿qué habría ocurrido si no hubieran fallado solamente Facebook e Instagram, sino las redes de internet en su conjunto? Para millones de usuarios habría significado volver durante un tiempo a teléfonos, diarios, conversaciones personales, cartas, radio y otros medios que no dependen de esas plataformas. También habría desaparecido, aunque fuera momentáneamente, la circulación incesante de consignas, enfrentamientos y opiniones reducidas con frecuencia a adhesiones binarias.
Aquella posibilidad permitía formular una pregunta que excedía la falla técnica: si el mundo hubiera quedado sin redes sociales durante un período prolongado, quizá algunos habrían descubierto que podían vivir sin ellas y que la conversación pública no necesitaba quedar encerrada en los mecanismos de unas pocas plataformas. Al desaparecer esas ventanas digitales, también habría podido perder fuerza el pensamiento único y binario que muchas veces se alimenta de ellas: aceptar o rechazar, seguir o cancelar, "me gusta" o "no me gusta", estar de un lado o del otro.
Ramírez de Velasco®



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