Ir al contenido principal

1886 ALMANAQUE MUNDIAL Lynch

Elisa Lynch (recreación a partir de un retrato)

El 26 de julio de 1886 muere Elisa Lynch, la irlandesa que acompaña a Francisco Solano López durante la Guerra de la Triple Alianza

El 26 de julio de 1886 murió Elisa Alicia Lynch en París. Fue la irlandesa que acompañó a Francisco Solano López durante la Guerra de la Triple Alianza, compartió con él años de poder y campañas militares, y vivió sus últimos años en Europa tras la derrota paraguaya. Aquel día, a los 53 años, terminó su vida en un modesto apartamento de la capital francesa víctima de un cáncer estomacal, después de haber regresado a Sudamérica brevemente y de haber intentado recuperar propiedades confiscadas en Paraguay.
Había nacido el 19 de noviembre de 1833 en Cork, Irlanda, en una familia de origen humilde. Se casó muy joven con el médico francés Xavier Quatrefages y se instaló en París, donde llevó una vida social activa. En 1854 conoció en la capital francesa al entonces coronel paraguayo Francisco Solano López, hijo del presidente Carlos Antonio López, con quien inició una relación duradera que la llevaría al corazón de Sudamérica.
En 1855 viajó con López al Paraguay y dio a luz a su primer hijo, Juan Francisco, en Buenos Aires durante la travesía. Al llegar a Asunción se integró rápidamente a la alta sociedad paraguaya. Durante la presidencia de Carlos Antonio López y luego bajo la de Francisco Solano López, organizó recepciones, impuso modas europeas y ejerció notable influencia en la vida cultural y social de la capital.
Al estallar la Guerra de la Triple Alianza en 1864, decidió permanecer en el país y no separarse de López. Acompañó al ejército paraguayo en las distintas campañas, vivió en campamentos militares, colaboró en tareas logísticas y sostuvo la moral de las tropas en condiciones cada vez más adversas. En Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870, presenció la muerte de López y de su hijo mayor Panchito, que intentó defenderla.
Tras la derrota definitiva, fue hecha prisionera por las fuerzas brasileñas pero logró ser respetada y liberada gracias a su nacionalidad británica. Abandonó Paraguay y se dirigió primero a Buenos Aires, donde en 1876 publicó un texto titulado Exposición y protesta en el que defendió su actuación y la de López durante la contienda. Posteriormente se radicó en Europa junto con los hijos sobrevivientes.
En París y Londres gestionó reclamos judiciales y diplomáticos para recuperar bienes y propiedades que le habían sido confiscados en el Paraguay. Realizó un breve regreso al país en 1875 con la esperanza de establecerse, pero enfrentó hostilidades políticas y sociales que la obligaron a partir nuevamente hacia el Viejo Continente.
Vivió sus últimos años en condiciones económicas precarias en la capital francesa. Mantuvo correspondencia con conocidos y conservó recuerdos y documentos de su paso por Paraguay hasta su fin el 26 de julio de 1886. Sus restos fueron sepultados inicialmente en el cementerio Père Lachaise.
Sus hijos nacidos de la relación con López fueron siete. Juan Francisco, conocido como Panchito, nació en 1855 y murió en Cerro Corá en 1870 a los quince años. Corina Adelaida nació en 1856 y falleció en la infancia en 1857. Enrique Venancio, nacido en 1858, vivió hasta 1917 y se dedicó principalmente a actividades comerciales en Europa. Federico Morgan Lloyd nació en 1860 y falleció alrededor de 1904. Carlos Honorio, nacido en 1861, llegó hasta 1924 y residió en distintos países europeos. Leopoldo, nacido en 1862, murió hacia 1870 durante la guerra. El menor, Miguel Marcial, nació en 1866 en plena contienda y falleció en 1867 por cólera. Los hijos sobrevivientes mantuvieron lazos familiares dispersos y conservaron el apellido López Lynch a lo largo de sus vidas.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FELICIDAD Apología de la mortadela

"Cortá la bocha", de Raúl Cisterna Cambiar de gustos puede ser señal de progreso, pero hay placeres modestos que merecen acompañarnos toda la vida No ha tenido buena prensa la mortadela, pero la de antes, la que vendían en los almacenes de todo el norte, redonda e inmensa, sabrosa y siempre bien apreciada cuando habías pasado un día entero trabajando y llegabas a esos paradores del fondo de las ciudades o perdidos en medio de esos desiertos mágicos de esta fracción atroz de la Argentina. Es dicho popular que cuando una familia anda pelechando, lo primero que descubre es que hay otros gustos y así como cambia el auto –si es que lo tenía– por una camioneta de las grandes, pasa de la mortadela al salamín, que da más categoría. De paso alguno de la familia siempre podrá comentar que los de la Colonia Caroya son más ricos, dándoselas de entendido, de tipo corrido, con todo un mundo gourmet caminado. Mientras, nosotros, los que sabemos que quedaremos pobres para siempre, porque nos...

CAMINERAS Siga nomás

"Citroen", de Raúl Cisterna Tres casos de policías, vehículos, documentos y algunas historias que durante mucho tiempo formaron parte de los viajes La proliferación de automóviles y las carreteras interprovinciales trajeron al norte de la Argentina un gran negocio: las policías camineras. Eran casi siempre puestos policiales perdidos en la ruta, con un agente haciendo señas para detener el vehículo. Le preguntaban de dónde venía, adónde iba, cuál era el motivo del viaje. Pero no anotaban en ninguna parte, tampoco llevaban una estadística. En algunos lugares eran solamente un motivo para molestar a los transeúntes y en otras, una fuente de financiamiento de los que estaban de guardia. Unas eran más picantes que otras. Las de Tucumán eran famosas por la avidez, Salta no les daba mucha bolilla y las de Jujuy eran como las tucumanas, pero algo menos. Van tres casos en que el control policial fue burlado o les sacaron la lengua. Sucedió en la década del 90. Un conocido volvía en a...

TECNOLOGÍA La máquina no perdona

"Metálico", de Raúl Cisterna Inteligencia artificial, cuerpos metálicos y vehículos autónomos anuncian una humanidad, arrinconad a De la inteligencia artificial salen ideas plastificadas, redondas o cuadradas, pero nunca de esas que copian a las nubes, que van cambiando de apariencia: un rato con forma de pez, después son la cara de un tío lejano y, finalmente, se vuelven nada, como las que traemos desde la cuna los cristianos, ideas de talento natural, digamos. Una inteligencia artificial entrenada para eso le podría ganar al ajedrez a cualquiera, desde el aprendiz más bobo hasta el mismísimo campeón del mundo, pero le falta la emoción de saber que podría comerse la dama contraria si no fuera por ese peón maldito, o la tristeza de tener que tumbar al rey porque lo ve perdido. La máquina no perdona. Dicen que cuando se popularice terminará con el pecado original de la imaginación de los que sueñan despiertos y se imaginan mundos más allá de las estrellas o más aquí, con las p...

CULPA No era mi problema

"Romano", de Raúl Cisterna Un funcionario romano reconstruye una decisión e intenta convencerse de que jamás pudo haber actuado distinto Estimado Cayo, tomo la pluma para narrarte una impresión de aquel tiempo. En ocasiones como hoy, no sé por qué recuerdo esos días y me pregunto si soy el mismo o me habré convertido quizás en otro. Ahora sé que no entraré en la historia, nadie leerá, en ninguna parte, nada acerca de lo que hice o lo que dejé de hacer, mi nombre no figurará para bien ni para mal, así lo ha dispuesto el destino. En tu misiva me has sugerido que abandone Roma, que haga una vida retirada, que adquiera una villa en las afueras, como han hecho muchos, y me marche de esta urbe caótica y atrozmente superpoblada. Pero me es imposible, necesito el ajetreo del día para vivir y el constante ruido de la noche para descansar. Esta ciudad no duerme jamás. Quizás por ello me sentí tan humillado cuando me destinaron como gobernador de aquel pueblo de pastores de cabras y ove...

CONVERSIÓN Mejor no explicar

"Comprensión", de Raúl Cisterna Un viejo libro heredado, unas palabras de San Clemente y una enseñanza que termina dejando callado al lector Repaso un viejo libro de religión de la biblioteca que fuera de mi tata. Su título es "El Evangelio del día", pero es para reflexionar en cualquier época del año. Abro una página cualquiera y ahí hay una perlita. Quizás los lectores quieran recordarla también. Ahí va. El evangelista Marcos cuenta que Juan le dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros". Capaz que creían que se enojaría o que saldría en su búsqueda para denunciarlo, dice uno, pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen ...