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| Pedro Alfonso Torres Farías |
El 25 de septiembre de 1962, el Papa Juan XXIII designa obispo de Catamarca a Pedro Alfonso Torres Farías
El 25 de septiembre de 1962, el Papa Juan XXIII designó obispo de Catamarca al dominico Pedro Alfonso Torres Farías, que recibió la consagración episcopal en diciembre de ese año y tomó posesión de la diócesis el 3 de marzo de 1963. Durante más de veinticinco años condujo la Iglesia catamarqueña, participó en el Concilio Vaticano II y desarrolló una extensa actividad en la organización parroquial, los seminarios, las misiones, la educación y las instituciones laicales, hasta su muerte, ocurrida el 5 de noviembre de 1988.Nacido el 6 de junio de 1917 en San Agustín, provincia de Buenos Aires, ingresó en la Orden de Predicadores y siguió la formación religiosa de los dominicos. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de diciembre de 1940 y, antes de llegar al episcopado, tuvo varias responsabilidades dentro de la orden, en años de importantes transformaciones para la Iglesia argentina y para la vida religiosa.Con 45 años, fue elegido para suceder a Adolfo Servando Tortolo, trasladado por Juan XXIII al arzobispado de Paraná. La designación pontificia convirtió a Torres Farías en el sexto obispo de Catamarca. Recibió la ordenación episcopal el 23 de diciembre de 1962 de manos del nuncio apostólico en la Argentina, monseñor Umberto Mozzoni, acompañado como co-consagrantes por Tortolo y por el obispo auxiliar de Santa Fe, Enrique Príncipe.
La toma de posesión se produjo el 3 de marzo de 1963, cuando el Concilio Vaticano II estaba en pleno desarrollo. Había sido convocado por Juan XXIII en 1962 y continuaría bajo Pablo VI hasta diciembre de 1965. Torres Farías participó en las sesiones conciliares y debió intervenir en las deliberaciones y votaciones de los documentos que fueron aprobados durante aquellas asambleas.
Durante su episcopado correspondió aplicar en la diócesis las disposiciones surgidas del Concilio. La tarea comprendió la organización de las parroquias, la formación sacerdotal, la actividad misionera, la educación religiosa y el trabajo de las comunidades y movimientos de laicos. También promovió nuevas estructuras pastorales a medida que aumentaban las necesidades religiosas de la población catamarqueña.
La atención de las comunidades rurales ocupó un importante lugar dentro de su actividad. En 1963 invitó a los Padres Lourdistas, procedentes de Francia, para hacerse cargo de la parroquia de Ambato. Los sacerdotes Clemente Pujade y Daniel Hladki fueron los primeros integrantes de esa congregación que desarrollaron allí su ministerio pastoral.
La formación de los futuros sacerdotes constituyó otro de los ámbitos de su gobierno. El seminario diocesano quedó integrado en una estructura pastoral que también comprendía la preparación catequística y la atención de las vocaciones. Bajo su episcopado se multiplicaron las iniciativas destinadas a sostener la enseñanza religiosa y la participación de los laicos en las actividades de la diócesis.
El ejercicio de su ministerio atravesó además períodos políticos particularmente complejos de la Argentina. Gobernó la diócesis durante los años de inestabilidad institucional de las décadas de 1960 y 1970, el régimen militar iniciado en 1976 y el retorno de la democracia en 1983. Durante la última etapa de su episcopado también se produjo el conflicto eclesiástico provocado por la sanción de la ley de divorcio vincular en 1987.
En 1988, después de más de un cuarto de siglo al frente de la diócesis, continuaba ejerciendo sus funciones episcopales. El 5 de noviembre murió, a los 71 años, dejando vacante la sede catamarqueña. La administración diocesana quedó provisionalmente a cargo del sacerdote Gerardo Denett, elegido por el Colegio de Consultores, hasta la designación de su sucesor.
La sucesión se demoró hasta el 19 de diciembre de 1989, cuando Juan Pablo II nombró a Elmer Osmar Ramón Miani como séptimo obispo de Catamarca. Miani tomó posesión el 3 de marzo de 1990, casi un año y medio después de la muerte de Torres Farías, cuyo gobierno había constituido el período episcopal más prolongado registrado hasta entonces en la diócesis catamarqueña.
Ramírez de Velasco®


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