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| La muerte de Avellaneda |
El 3 de octubre de 1841, es ejecutado Marco Manuel Avellaneda, abogado y dirigente político unitario, figura central de la Coalición del Norte
El 3 de octubre de 1841, en Metán, Salta, fue ejecutado Marco Manuel Avellaneda, abogado y dirigente político unitario, figura central de la Coalición del Norte y uno de los principales responsables civiles de la guerra interna desatada contra la Confederación Argentina durante el bloqueo extranjero y las conspiraciones armadas de fines de la década de 1830. Fe luego de la derrota militar de la coalición y en el marco de un conflicto que él mismo había impulsado y radicalizado.Avellaneda fue un abogado, orador y dirigente político, nacido el 18 de junio de 1813 en San Fernando del Valle de Catamarca, hijo de una familia vinculada al poder provincial. Se formó en Buenos Aires, donde obtuvo el título de abogado en 1834. Desde joven se destacó por su elocuencia, su formación clásica y su ambición política, rasgos que le permitieron ascender con rapidez en la escena tucumana y ganarse la admiración de contemporáneos que lo llamaban Marco Tulio Cicerón por su elocuencia.Su carrera pública se consolidó bajo la protección del general Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán, veterano de la Independencia y jefe del Ejército del Norte. Gracias a ese respaldo, Avellaneda ocupó cargos clave: presidió el Tribunal de Justicia, la Legislatura provincial, ejerció como ministro general y finalmente accedió a la gobernación. Mientras Heredia sostuvo una política de equilibrio y conciliación, Avellaneda lo exaltó como garante del orden y la estabilidad.
La ruptura se produjo cuando Heredia se negó a sumarse a los planes conspirativos del unitarismo del Norte y a la estrategia insurreccional de Juan Galo de Lavalle, alentada desde el exterior. Heredia buscaba evitar una guerra civil abierta, protegía antiguos adversarios y había sido advertido por Juan Manuel de Rosas sobre las conjuras en marcha. Avellaneda, en cambio, se integró al clima conspirativo que culminó con el asesinato del gobernador en noviembre de 1838, hecho que desarticuló el último intento serio de equilibrio político en la región.
Aunque Avellaneda procuró desligarse formalmente del crimen, su responsabilidad política resultó ineludible y palpable. El asesinato de Heredia requirió organización, cobertura civil y legitimación posterior, condiciones sin las cuales no habría sido posible. Tras ese hecho, Avellaneda emergió como el principal cerebro civil de la oposición armada y asumió la dirección política de la Coalición del Norte, de Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja.
Desde su origen, la Coalición no se limitó a un conflicto interno. Se articuló como parte de una estrategia que preveía la intervención directa e indirecta de potencias extranjeras interesadas en quebrar la soberanía de la Confederación. El bloqueo francés al Río de la Plata, iniciado en 1838, buscaba imponer el libre comercio irrestricto, debilitar el control aduanero y someter la economía local a intereses europeos. Derrocar a Rosas desde las provincias aparecía como una vía más eficaz que la invasión directa.
Avellaneda no sólo aceptó esa lógica, sino que la defendió. Su correspondencia muestra que tenía recursos extranjeros y esperaba financiamiento de Francia y de Bolivia, gobernada por el mariscal Andrés de Santa Cruz, reciente enemigo de la Confederación Argentina. La alianza con ese poder, derrotado pocos años antes por el Ejército Argentino comandado por Heredia, implicó sacrificar la memoria de la guerra y la soberanía territorial en función de una ambición política inmediata.
En el plano interno, la Coalición del Norte aplicó una política sistemática de terror. Avellaneda avaló fusilamientos sin juicio, persecuciones políticas y confiscaciones de bienes. Junto a Gregorio Aráoz de Lamadrid, firmó decretos que imponían la pena de muerte a quienes se negaran a aceptar un papel moneda sin respaldo, utilizando la coerción económica como herramienta de dominación política. Las ejecuciones sumarias alcanzaron a oficiales, civiles y vecinos comunes acusados de adhesión federal.
La derrota militar llegó con la batalla de Famaillá, el 19 de septiembre de 1841, cuando el ejército de Lavalle fue vencido por las fuerzas federales comandadas por Manuel Oribe. Días más tarde, Lamadrid sería derrotado en Rodeo del Medio, sellando el colapso definitivo del proyecto político de la Coalición. Avellaneda emprendió la huida hacia Jujuy con intención de refugiarse en Bolivia, donde ya había enviado a su familia.
Durante la retirada fue entregado por Gregorio Sandoval, jefe de la escolta de Lavalle, que se pasó al bando federal y ofreció su captura como prueba de lealtad. Detenido en Metán, Avellaneda fue sometido a un consejo de guerra como dirigente responsable de conspiración armada, alianzas con potencias enemigas y promoción del terror institucional. El 3 de octubre de 1841 fue ejecutado, en una decisión propia de un contexto de guerra civil extrema, bajo las mismas reglas de excepción que él había defendido y aplicado cuando detentaba el poder.
A hierro mataba, a hierro murió.
Ramírez de Velasco®


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