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1930 CALENDARIO NACIONAL Roqué

Benjamín Roqué

El 6 de octubre de 1930 muere el Payo Roqué, que se hace célebre por su vida social, su elegancia y sus ocurrencias

El 6 de octubre de 1930 murió Benjamín Roqué, conocido como el Payo Roqué, en Buenos Aires, a los 65 años. Había nacido en Córdoba en 1865, pertenecía a una familia distinguida y se hizo célebre por su vida social, su elegancia y sus ocurrencias.
Llegó a Buenos Aires en 1886, acompañado por su amigo Miguel Juárez Celman, quien había sido gobernador de Córdoba y posteriormente sería presidente de la Nación. Durante el gobierno juarista de 1886 a 1890 recibió respaldo económico de su protector y frecuentó los círculos políticos y sociales de la capital.
Cultivó una imagen cuidadosamente construida. Solía presentarse con galera, bastón, guantes, levita, corbata de plastrón, clavel en el ojal y grandes bigotes negros. Los cronistas destacaron sus modales, sus saludos ceremoniosos y una conversación abundante, salpicada de bromas y relatos de viajes, amistades y aventuras.
Frecuentó el Jockey Club, el Club del Progreso, el Círculo de Armas, la Confitería del Águila y el Café de París. Allí coincidió con escritores, políticos, periodistas y artistas. Entre sus conocidos figuraron Rubén Darío, José Ingenieros, Ricardo Rojas y Miguel Cané. También mantuvo amistad con Benito Villanueva, presidente del Senado.
Desarrolló actividades vinculadas con el periodismo y fundó Pif Paf, La Roncha y Buenos Aires Sport. Una anécdota sobre su ingreso al diario El Censor cuenta que, al preguntarle el director qué obras había leído, respondió que conocía las Obras Sanitarias de la Nación, juego de palabras que le habría permitido conseguir el puesto.
París ocupó un lugar importante en su vida. Viajó reiteradamente a Europa y frecuentó allí ambientes de la sociedad y de la bohemia. Adoptaba títulos y personalidades imaginarias para relacionarse con nobles y personas adineradas. A su regreso retomaba sus lugares habituales en Buenos Aires.
Su fama alcanzó también la literatura, el teatro y el tango. Enrique Loncán lo retrató, mientras Alberto Novión escribió El Payo Roqué, estrenado en 1927 con Florencio Parravicini. Más tarde, su figura quedó asociada al tango Shusheta, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, aunque la inspiración atribuida a Roqué es discutida.
Durante sus últimos años atravesó dificultades económicas y físicas. Perdió parte del respaldo recibido, cambió varias veces de hotel y terminó alojándose en pensiones modestas. Procuraba conservar la apariencia de otros tiempos y llegó a teñirse el cabello. Todavía era reconocido en la calle Florida.
Murió en la Asistencia Pública de Buenos Aires, en la calle Esmeralda. Estaba completamente solo cuando fue llevado allí y los enfermeros lo afeitaron después de su fallecimiento. Benito Villanueva tuvo dificultades para reconocerlo debido a ese cambio en su apariencia. La prensa porteña informó sobre su muerte.
En 1925, Caras y Caretas anunció uno de sus viajes a París, Francia, y recordó que, durante sus años de esplendor, había sido un cicerone habitual de los argentinos que llegaban a París. Para entonces, su situación había cambiado: alternaba hoteles y pensiones, mientras proyectaba regresar a la ciudad francesa. Murió en Buenos Aires cinco años después.

Anécdota
En París habría estrechado la mano del rey de los belgas en un ascensor, presentándose como “conde Benjamín de Roqué”. La historia figura en una publicación del Colegio de Escribanos de Córdoba, que cita como fuentes a Carlos Ighina y archivos de Clarín, La Nación y Todo es Historia.
Ramírez de Velasco®

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