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| Enrique Gorriarán Merlo |
El 18 de octubre de 1941 nace Enrique Gorriarán Merlo, que participa en organizaciones armada y protagoniza el ataque al Regimiento de La Tablada
El 18 de octubre de 1941 nació Enrique Gorriarán Merlo, en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Fue una figura clave en la historia política y armada argentina de la segunda mitad del siglo XX. Su vida atravesó las etapas más turbulentas del país, desde la resistencia peronista hasta los movimientos revolucionarios de los años setenta y la posterior reinserción civil tras el retorno democrático. Participó en organizaciones armadas, trabajó en el extranjero y protagonizó uno de los episodios más audaces de la historia reciente: el ataque al Regimiento de La Tablada en 1989. Murió el 22 de septiembre del 2006.Nació en una familia de clase media. Estudió en colegios católicos y comenzó a militar en la Juventud Peronista, atraído por el clima de efervescencia política que siguió a la caída de Juan Domingo Perón en 1955. La prohibición del peronismo y la represión contra sus símbolos marcaron a su generación, que vio en la lucha armada una vía legítima para la transformación social.Durante los años sesenta se incorporó al Movimiento Revolucionario Peronista, sector radicalizado que buscaba un retorno del líder exiliado mediante la acción directa. Más tarde fue uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, organización marxista que combinaba la influencia de la Revolución Cubana con el ideario peronista. Su nombre comenzó a ganar notoriedad dentro del ambiente militante por su disciplina y su capacidad organizativa.
En 1973, tras la apertura política que permitió el regreso de Perón, las Fuerzas Armadas Revolucionarias se unieron a Montoneros, grupo armado de mayor envergadura y estructura. Gorriarán Merlo participó entonces en la planificación de operaciones de alto impacto, como secuestros y sabotajes, que pretendían presionar al gobierno para profundizar el proceso revolucionario. La muerte de Perón en 1974 y el giro represivo del gobierno de Isabel Martínez marcaron el inicio de la persecución más dura contra las organizaciones armadas.
Con el golpe militar de 1976, se exilió en varios países de América. Desde Nicaragua, tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979, integró las fuerzas del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Allí colaboró en tareas de inteligencia y entrenamiento, en la guerra contra el régimen de Somoza y posteriormente en la defensa frente a la “Contra”. Su experiencia guerrillera lo convirtió en un asesor militar de referencia dentro del movimiento revolucionario hispanoamericano.
En 1980 participó en el procedimiento que terminó con la ejecución del dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle en Asunción, Paraguay, acción atribuida al grupo “Ejército Revolucionario del Pueblo — Fracción Roja”. La operación fue concebida como una represalia simbólica contra uno de los principales enemigos de las revoluciones latinoamericanas. Tras el hecho, Gorriarán Merlo se mantuvo en la clandestinidad durante varios años.
Regresó a la Argentina a mediados de los años ochenta, en pleno proceso democrático. En 1986 fundó el Movimiento Todos por la Patria, organización política y social que proclamaba la defensa de la democracia y denunciaba el resurgimiento de sectores militares golpistas. Sin embargo, la deriva del grupo hacia posiciones radicales desembocó en el asalto al cuartel de La Tablada, el 23 de enero de 1989, acción que dejó más de treinta muertos y marcó su destino judicial.
Fue detenido en México en 1995 y extraditado a la Argentina. Tras un juicio extenso, fue condenado a prisión perpetua por los delitos de La Tablada. Durante su encarcelamiento escribió libros, dio entrevistas y reflexionó sobre su trayectoria, reivindicando su compromiso político, pero admitiendo errores estratégicos. Su figura generó un intenso debate en torno a la violencia política y las fronteras de la militancia.
En el 2003 recibió el indulto presidencial firmado por Eduardo Duhalde y recuperó la libertad. En los años siguientes se mantuvo alejado de la política partidaria activa, aunque participó en charlas y actividades culturales vinculadas a los derechos humanos y la memoria histórica. Se dedicó a la escritura y a relatar sus experiencias en la lucha armada y el exilio.
Cuando murió tenía 64 años. Estaba en San Nicolás, donde había nacido. Hasta sus últimos días vivió con perfil bajo, acompañado por su familia y algunos compañeros de militancia. En su casa conservaba documentos, recortes de prensa y notas personales sobre las distintas etapas de su vida, testimonio de una época en la que muchos creyeron que la revolución era una tarea urgente y posible.
Ramírez de Velasco®



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