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1762 ALMANAQUE MUNDIAL Manila

Muralla del Puerto de Santiago

El 22 de septiembre de 1762 los ingleses atacan Manila y se inicia una magnífica resistencia hasta que se van

El 22 de septiembre de 1762, una poderosa escuadra británica apareció frente a Manila y sorprendió a las autoridades españolas, que desconocían hasta entonces la llegada de la guerra de los Siete Años al archipiélago filipino. Trece embarcaciones, al mando del almirante Samuel Cornish, fondearon en la bahía y transportaron una fuerza expedicionaria dirigida por el general William Draper. La guarnición española rechazó la exigencia de rendición y comenzó una resistencia que se prolongó hasta la caída de la ciudad el 5 de octubre, mientras Simón de Anda y Salazar organizó desde el interior una campaña que impidió a los británicos extenderse por Filipinas.
La expedición había partido de Madrás, en la India, el 29 de julio. El Gobierno británico había aprobado en enero el proyecto de atacar Manila, aprovechando que España estaba en guerra con Gran Bretaña desde 1762. La fuerza reunió cerca de 7.000 hombres entre soldados regulares, marineros e infantes de marina, además de tropas auxiliares. La operación quedó encuadrada en la guerra de los Siete Años, que enfrentó a las principales potencias europeas y extendió sus combates a territorios de América y Asia.
Al caer la tarde del 22 de septiembre, desde Manila se divisaron trece barcos que avanzaban por la bahía. La llegada produjo sorpresa porque en la capital no se tenía noticia de la declaración de guerra. El gobernador y capitán general interino, el arzobispo Manuel Rojo del Río y Vieyra, ordenó inmediatamente preparar las defensas y reforzar Cavite. También envió una comunicación a los recién llegados para exigirles que informaran su nacionalidad, el motivo de su presencia y las razones por las cuales habían entrado en la bahía sin anunciarse.
La respuesta británica llegó al día siguiente. Cornish y Draper comunicaron que habían recibido órdenes de su soberano para conquistar las islas y exigieron la entrega de Manila, sus fortificaciones y el territorio circundante. Advirtieron que comenzarían las operaciones militares si encontraban resistencia. Rojo rechazó la exigencia y declaró que los habitantes de la capital estaban decididos a defender al rey y la religión. La contestación dejó planteado el enfrentamiento que comenzó inmediatamente después.
Las defensas de Manila presentaban numerosas dificultades. La ciudad estaba protegida por murallas, baluartes, fosos y el fuerte de Santiago, pero la guarnición disponible era reducida frente al contingente expedicionario británico. A esas tropas se sumaron efectivos filipinos procedentes de las provincias y distintos cuerpos locales. El desembarco británico se produjo el 23 de septiembre y las operaciones terrestres comenzaron mientras los defensores reforzaban las posiciones situadas alrededor de la ciudad.
El bombardeo de las posiciones españolas se inició el 25 de septiembre. Durante los días siguientes, los británicos emplearon artillería pesada contra las fortificaciones y prepararon el asalto. La resistencia se mantuvo pese a la superioridad material del enemigo. Las fuerzas españolas realizaron además salidas desde la ciudad, en ocasiones durante la noche, mientras las autoridades intentaban sostener las defensas con los efectivos disponibles.
Mientras la batalla se desarrollaba, el oidor de la Real Audiencia Simón de Anda y Salazar había salido de Manila con la misión de mantener las provincias bajo la autoridad de Carlos III. Después de conocer la situación de la capital, se trasladó hacia Bulacán y posteriormente estableció su centro de operaciones en Bacolor, Pampanga. Desde allí asumió la organización de la resistencia y reunió fuerzas filipinas para continuar la guerra contra los ocupantes.
El 5 de octubre, después de varios días de bombardeo, las tropas británicas lanzaron el asalto definitivo. Manila capituló y quedó en manos de los invasores junto con Cavite. El arzobispo Rojo, que ejercía provisionalmente el gobierno general, terminó aceptando las condiciones de la rendición. La ciudad fue saqueada y poco después Dawsonne Drake, representante de la Compañía Británica de las Indias Orientales, asumió la autoridad civil bajo la ocupación.
La caída de la capital no significó la conquista de Filipinas. Desde Bacolor, Anda organizó un ejército que reunió más de 10.000 combatientes, en su mayoría voluntarios filipinos. Con recursos militares inferiores, mantuvo la oposición a los británicos e impidió que extendieran efectivamente su dominio fuera de Manila y Cavite. La resistencia incorporó a vecinos y religiosos y adoptó características de guerra irregular.
La ocupación británica se prolongó durante unos veinte meses, pero el dominio quedó limitado fundamentalmente a Manila y Cavite. El Tratado de París, firmado el 10 de febrero de 1763, puso fin a la guerra y dispuso la restitución de Manila a España. La noticia del acuerdo llegó a Filipinas en marzo de 1764 y, el 2 de abril, las autoridades españolas recuperaron formalmente la capital. La resistencia organizada desde el interior había mantenido durante la ocupación una administración y unas fuerzas fieles a la Corona fuera del territorio controlado por los británicos.
Ramírez de Velasco®

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