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| Jacques de Mahieu |
El 27 de septiembre de 1974 Jacques de Mahieu da a conocer nuevos resultados de sus investigaciones sobre la presencia vikinga precolombina en el Paraguay
El 27 de septiembre de 1974, el investigador francés radicado en la Argentina Jacques de Mahieu dio a conocer nuevos resultados de sus investigaciones sobre una supuesta presencia vikinga precolombina en Paraguay, trabajos que había desarrollado mediante expediciones al territorio guaraní. Sus estudios se concentraban en los guayakíes o achés, determinados petroglifos, fragmentos de cerámica y signos que interpretaba como runas, y sostenían que grupos nórdicos habían llegado a Sudamérica siglos antes de Cristóbal Colón. Aquellas afirmaciones fueron posteriormente rechazadas por especialistas en arqueología y arte rupestre americano.Nacido en París el 7 de octubre de 1915, Jacques Marie de Mahieu llegó a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial y desarrolló aquí buena parte de su actividad intelectual. Se dedicó a la antropología, la historia, la lingüística y los estudios sobre culturas precolombinas, aunque también estuvo vinculado al nacionalismo de extrema derecha.En Buenos Aires creó el Instituto de Ciencia del Hombre y publicó numerosos trabajos sobre América anterior a la conquista europea.
La hipótesis sobre Paraguay había comenzado a tomar forma durante sus investigaciones de campo. En 1970 viajó a la Asunción para presentar ante autoridades paraguayas y periodistas un informe preliminar sobre el origen de los guayakíes. Desde allí se trasladó a Cerro Morotí, acompañado por el coronel Infanzón, director del Departamento de Asuntos Indígenas, y por el profesor Pedro Eduardo Rivero. Buscaba examinar directamente a integrantes de aquellas comunidades y recuperar fragmentos de cerámica con signos grabados.
Los guayakíes, actualmente conocidos principalmente como achés, eran uno de los principales objetos de estudio de De Mahieu. A partir de observaciones antropológicas, características físicas, tradiciones y paralelos lingüísticos, sostuvo que determinados grupos eran descendientes de poblaciones europeas nórdicas llegadas a América en época precolombina. Vinculó esas afirmaciones con relatos indígenas sobre hombres blancos y con características que consideraba incompatibles con un origen exclusivamente americano.
Los petroglifos ocuparon otro lugar central. Durante las campañas realizadas en Paraguay se examinaron grabados de la Sierra de Yvytyruzú, particularmente en Cerro Polilla, además de otros sitios. En 1972, el Instituto de Ciencia del Hombre publicó el folleto Las inscripciones rúnicas precolombinas del Paraguay, basado principalmente en trazos encontrados en fragmentos de cerámica de Cerro Morotí y en grabados rupestres. De Mahieu interpretó aquellos signos como una forma degenerada de escritura rúnica.
La investigación se amplió después de que en 1973 se difundieran noticias sobre numerosos petroglifos localizados en cuevas y abrigos rocosos de la Sierra de Amambay. Los primeros hallazgos habían sido registrados por el geólogo Pedro M. González. Durante septiembre y octubre de ese año, colaboradores del Instituto de Ciencia del Hombre realizaron relevamientos de algunos de aquellos lugares y localizaron también una estructura que interpretaron como un posible dolmen.
La obra que concentró buena parte de estas investigaciones fue La agonía del Dios-Sol, cuyo original francés, L'agonie du Dieu-Soleil, apareció en 1974. El libro estaba dedicado específicamente a los vikingos en Paraguay y presentaba capítulos sobre los supuestos "indios blancos", las inscripciones rúnicas, las tradiciones indígenas, la toponimia y la presencia europea precolombina. La edición española de Hachette apareció posteriormente, en 1977, con 193 páginas.
La interpretación alcanzaba una dimensión continental. De Mahieu sostenía que los vikingos habían llegado hasta Tiahuanaco y que desde allí habían establecido rutas hacia las tierras bajas, Paraguay, Brasil y otras regiones sudamericanas. Consideraba que algunos descendientes de aquellas poblaciones habían permanecido aislados después de la desaparición de ese supuesto dominio y que determinadas comunidades indígenas conservaban características físicas, lingüísticas y culturales atribuibles a sus antepasados nórdicos.
Las campañas paraguayas continuaron después de 1974. Fuentes paraguayas señalan que De Mahieu realizó cuatro expediciones relacionadas con los supuestos vikingos y sus descendientes y que algunas fueron declaradas de interés oficial durante el gobierno de Alfredo Stroessner. Años después, esas investigaciones alimentaron nuevas expediciones al Amambay, realizadas entre 1975 y 1979 por militares, exmilitares paraguayos y académicos vinculados con la Argentina.
Las interpretaciones de De Mahieu no fueron aceptadas por la arqueología académica. Investigaciones posteriores consideraron que los grabados atribuidos por él a escrituras rúnicas correspondían a manifestaciones del arte rupestre americano conocidas como estilo de pisadas y calificaron su explicación como una interpretación difusionista y eurocéntrica. Entre los especialistas que cuestionaron aquellas conclusiones figuraron Josefina Schobinger y Carlos Gradin. La discusión sobre los petroglifos paraguayos quedó así vinculada a uno de los debates más controvertidos sobre posibles contactos transatlánticos anteriores a Cristóbal Colón.
Ramírez de Velasco®


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