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El 21 de octubre de 1946, el presidente Juan Domingo Perón presenta ante el Congreso el Plan Quinquenal
El 21 de octubre de 1946, el presidente Juan Domingo Perón presentó ante el Congreso el Plan de Gobierno 1947-1951, conocido como Primer Plan Quinquenal. Elaborado bajo la conducción de José Figuerola desde la Secretaría Técnica de la Presidencia, proponía organizar durante cinco años la economía y la acción del Estado, impulsar la industrialización, ampliar las obras públicas, fortalecer los servicios sociales y aumentar la intervención estatal en áreas consideradas estratégicas.La presentación reunió en el Congreso a ministros, legisladores, gobernadores y funcionarios, y convirtió al programa en una de las primeras grandes expresiones de planificación estatal de la Argentina. No se limitaba a la economía: tenía 27 proyectos de ley sobre administración pública, organización ministerial, salud, educación, justicia, régimen municipal, derechos electorales y distintos aspectos de la actividad nacional.El programa colocaba a la industrialización en un lugar central. Buscaba aumentar la producción nacional, ampliar el mercado interno y disminuir la dependencia de las importaciones. Energía, transporte, comunicaciones, caminos, ferrocarriles, obras de riego, vivienda y servicios públicos aparecían entre las áreas que debían recibir inversiones. La disponibilidad de combustibles y materias primas también era considerada indispensable para sostener el crecimiento industrial.
El Estado adquiría un papel mucho mayor en ese esquema. Las nacionalizaciones y la utilización del crédito oficial debían proporcionar instrumentos para dirigir la economía. El Banco Central, el IAPI y otros organismos públicos quedaron vinculados con el financiamiento y la regulación del comercio y de la producción. La planificación pretendía, además, distribuir recursos hacia sectores considerados prioritarios y ampliar el consumo de los trabajadores.
Las dificultades aparecieron desde el comienzo. La Argentina carecía de estadísticas suficientemente completas para conocer con precisión sus recursos, necesidades y capacidades productivas. Esa insuficiencia complicaba la fijación de metas y la evaluación de resultados. También se cuestionó que el programa reuniera numerosos objetivos sin establecer siempre prioridades suficientemente claras ni mecanismos precisos para medir su cumplimiento.
El sector agropecuario ocupó otro de los centros de las críticas. Las políticas destinadas a favorecer la industria y el consumo interno fueron señaladas por distintos economistas como un factor que reducía los incentivos para aumentar la producción agrícola exportable. El problema adquirió mayor importancia cuando disminuyeron los excedentes destinados al exterior y, con ellos, las divisas necesarias para comprar en otros países máquinas, combustibles e insumos industriales.
El costo del programa también generó cuestionamientos. La previsión inicial rondaba los 6.000 millones de pesos moneda nacional, pero las erogaciones efectivas terminaron siendo considerablemente mayores. Los críticos señalaron que la expansión del gasto y del crédito podía alimentar la inflación y que la amplitud de la intervención estatal incrementaba las dificultades para controlar el equilibrio financiero. El crecimiento de los precios se convirtió posteriormente en uno de los problemas económicos del gobierno.
La disponibilidad de divisas terminó siendo otra limitación importante. La industria necesitaba importar maquinaria, combustibles y materias primas, mientras las exportaciones agropecuarias constituían la principal fuente de moneda extranjera. Las restricciones comerciales internacionales, el deterioro de los términos del intercambio y las malas cosechas posteriores redujeron ese margen. El esquema industrial quedó así condicionado por una contradicción: para producir más se necesitaban importaciones que requerían las divisas generadas, en buena medida, por las exportaciones agropecuarias.
También recibió críticas la concentración de decisiones económicas en organismos estatales. El IAPI, que intervenía en el comercio exterior de productos agropecuarios, fue cuestionado por sectores rurales y opositores, que objetaban los precios y mecanismos utilizados para comprar las cosechas y comercializarlas internacionalmente. Desde posiciones favorables al libre mercado se criticaron asimismo el proteccionismo, los controles y la creciente presencia estatal en bancos, servicios, comercio y empresas.
El Primer Plan Quinquenal se desarrolló entre una fuerte expansión de las obras públicas, la industria y las políticas sociales y problemas crecientes de inflación, producción agropecuaria, financiamiento y divisas. Hacia los últimos años del período, las restricciones externas y la necesidad de modificar el rumbo económico llevaron al gobierno a preparar un nuevo programa. En 1952 comenzó así el Segundo Plan Quinquenal, con prioridades diferentes y mayor atención a la producción agropecuaria y al equilibrio económico.
Ramírez de Velasco®



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