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| San Atilano |
El 5 de octubre de 919 muere San Atilano, primer obispo de Zamora, monje, eremita, fundador de comunidades y obispo
El 5 de octubre de 919 murió, según la tradición zamorana, San Atilano, primer obispo de Zamora, nacido hacia 850 en Tarazona. Monje, eremita, fundador de comunidades y obispo, desarrolló buena parte de su actividad religiosa junto a San Froilán, en una época de expansión del reino de León hacia territorios fronterizos. Consagrado en 900, quedó al frente de la diócesis de Zamora, ciudad que atravesaba entonces un período de reorganización política, religiosa y demográfica.Los datos sobre sus primeros años son escasos y proceden principalmente de fuentes medievales. La Vita Froilanis, escrita hacia 920 por el diácono Juan, presenta a Atilano como compañero de Froilán en la vida religiosa. Ambos practicaron inicialmente el retiro eremítico y establecieron una comunidad en el monte Curcurrino. Aquella experiencia dio paso después a una actividad de fundación de monasterios en territorios vinculados al reino leonés.La expansión de esas comunidades coincidió con el proceso de repoblación impulsado durante el reinado de Alfonso III. El monarca conoció la actividad de ambos religiosos y les proporcionó apoyo para sus fundaciones. En Tábara establecieron un monasterio dúplice, destinado a hombres y mujeres, que habría llegado a reunir alrededor de seiscientas personas. También fundaron otro cenobio junto al río Esla, donde se congregaron unos doscientos monjes.
La trayectoria de ambos quedó estrechamente vinculada a la organización eclesiástica del reino. El mismo día de Pentecostés del año 900 fueron consagrados obispos. Froilán recibió la diócesis de León y Atilano la de Zamora. La designación se produjo cuando las autoridades leonesas buscaban consolidar las estructuras religiosas en territorios que habían sufrido los efectos de las incursiones musulmanas y que comenzaban a ser nuevamente poblados.
Zamora ocupaba entonces una posición estratégica y se encontraba expuesta a las campañas militares procedentes del sur. En 901 sufrió un importante ataque musulmán, relacionado por las fuentes con las operaciones de Alfonso III. Las noticias concretas sobre la actuación de Atilano durante su episcopado son, sin embargo, muy limitadas. Buena parte de los episodios conocidos actualmente procede de relatos hagiográficos elaborados o difundidos después de su muerte.
Una de esas tradiciones relata que, cansado de las responsabilidades episcopales y dispuesto a emprender una vida de penitencia, decidió peregrinar a Jerusalén. Antes de partir habría arrojado su anillo episcopal al Duero. Permaneció dos años en Tierra Santa y, al regresar, habría evitado inicialmente darse a conocer. Cerca de Zamora se instaló en la ermita de San Vicente de Cornú, donde habría continuado temporalmente su vida retirada.
El episodio más conocido de su biografía pertenece también a esa tradición. Un día recibió como limosna un pez destinado a su alimentación. Al abrirlo, encontró en su interior el anillo episcopal que había arrojado al Duero antes de marcharse. El relato añade que las campanas de Zamora comenzaron entonces a sonar sin intervención humana y que los habitantes acudieron para reconocer al antiguo obispo.
Las fuentes tampoco coinciden completamente sobre la fecha de su muerte. La tradición de la diócesis de Zamora sitúa la muerte el 5 de octubre de 919, aunque otros estudios la colocan en un período comprendido aproximadamente entre 917 y 922. Después de su muerte, sus restos quedaron vinculados a la iglesia de San Pedro y San Ildefonso de Zamora, donde fueron objeto de veneración.
El culto desarrollado alrededor de Atilano quedó acompañado por la atribución de diversas reliquias. Una parte de sus restos fue trasladada a distintos lugares durante los siglos posteriores. El cráneo se conserva en la catedral de Toledo; un hueso de su brazo derecho fue entregado en 1644 a Tarazona, su ciudad natal, y otras reliquias quedaron en Zamora. También se conservaron objetos asociados tradicionalmente con su condición episcopal.
La fiesta de San Atilano se celebra el 5 de octubre. La diócesis de Zamora lo considera su patrono principal y mantiene su memoria vinculada a los comienzos de la organización eclesiástica de la ciudad. Su figura aparece relacionada documentalmente con San Froilán, con las primeras comunidades monásticas de la región y con el proceso de consolidación religiosa desarrollado en los territorios del reino de León durante los siglos IX y X.
Ramírez de Velasco®



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