Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Rumor

ACEQUIA Cantimplora y camello

Belgrano y Avellaneda Escrito en primera persona para destacar la personalidad de algo que se perdió para siempre en Santiago Estuve todo el tiempo que me necesitaron. Desde las épocas de Francisco de Aguirre, durante más de cuatro siglos acompañé a los santiagueños, entregándoles frescura, sombra, abrigo y una identidad que serpenteaba en medio de la ciudad y la atravesaba de lado a lado. Al principio hubo protestas, pero pocas nomás. Yo era verde, repleta de pájaros que alegraban las calles y, según dicen los más viejos, a veces hasta se pescaban mojarritas en mis orillas rumorosas. Vino la modernidad y me arrancó de cuajo. Me reemplazaron por un bosque infame de mástiles de metal, cables ensuciando el cielo, cemento y un calor de fuego que provoca que, durante los veranos, a la siesta, sean pocos los que se animen a pasar sin llevar una cantimplora con agua, un camello y víveres suficientes para cruzar el desierto que divide la ciudad de lado a lado. Cuando comenzaba la década del 7...

LEYENDA Aliento de la noche (con vídeo)

Ahí tá Reaparece en el monte, guarda silencio y se vuelve sombra rumor y espanto sin que nadie sepa de dónde viene Todavía hoy, en noches sin luna, salgo a asustar a los paisanos. Aunque ya no tengo tanta prensa como supe tener cuando el universo era joven y recién nacían las estrellas, y muchos opinaban que quizás fuera un espanto que venía del barrio de los muertos. Apenas me sienten pasar, llaman a la policía, que llega en un santiamén a ver qué pasa. Hay ocasiones en que, en vez de disparar para cualquier parte —como antes— los changos pelan el telefonito para filmarme como si fuera una actriz, un cantante, un político de la televisión. No saben que mi fama se forjó en cientos de fogones amanecidos, en versos recitados a la orilla de la cocina, a la hora en que tallaban los grillos y entonaba el cacuy su lastimero canto. En esos tiempos, un silbido en la oscuridad bastaba para que un pueblo entero se persignara. Un viento de modernidad inicua barrió millones de siglos y tradiciones...