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| Titán en el ring |
El 28 de octubre de 1977 posiblemente desaparece Yolanka, personaje del programa televisivo Titanes en el ring
El 28 de octubre de 1977 es una de las primeras fechas posibles de la muerte de Jorge Antonio Catanese, conocido porque personificó a Yolanka, en el programa televisivo Titanes en el ring. Tenía 36 años, trabajaba como chofer en la Dirección de Parques y Paseos de la Municipalidad de Buenos Aires y militaba en Montoneros. Había sido secuestrado el 15 de septiembre de su domicilio de Loma Hermosa, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, por un grupo de tareas de la dictadura. Testimonios de sobrevivientes permitieron reconstruir parte de su recorrido por centros clandestinos de detención, pero su destino final sigue sin aclararse.Nacido el 13 de septiembre de 1941, Catanese desarrolló su vida laboral en la administración municipal porteña. Ingresó el 19 de febrero de 1970 y quedó asignado a la Dirección de Paseos, donde se desempeñaba como chofer. Estaba vinculado al mundo del espectáculo popular y había participado en el entorno de Titanes en el ring, el ciclo de lucha libre creado y conducido por Martín Karadagián, que alcanzó una amplia audiencia en la televisión argentina.El personaje de Yolanka era presentado como un extraterrestre llegado a la Tierra, asociado a un mensaje de paz y a la promoción del yogur. Su aparición televisiva se produjo en 1972, y posteriormente continuó en algunas actuaciones y giras. Su relación con el personaje requiere una precisión: además de haberlo interpretado ocasionalmente, trabajaba como colaborador de la troupe, en funciones de acompañamiento y asistencia a los luchadores. Así lo explicó su hija Marta durante una declaración judicial.
Su militancia política se desarrolló en los años de creciente represión contra las organizaciones armadas y sus entornos. Integraba Montoneros, organización político-militar peronista que había surgido a comienzos de la década de 1970. Después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad desplegaron un sistema clandestino de secuestros, torturas y desapariciones. Entonces, numerosas personas fueron capturadas sin orden judicial y trasladadas a dependencias policiales y centros clandestinos.
El 15 de septiembre de 1977, alrededor de las 22, un grupo de hombres armados y vestidos de civil irrumpió en su domicilio de Loma Hermosa y se lo llevó. La detención se produjo en el partido de Tres de Febrero, provincia de Buenos Aires. Desde ese momento, sus familiares comenzaron a buscar información sobre su paradero.
Los testimonios reunidos posteriormente permitieron ubicarlo en la Brigada de Investigaciones de San Justo, dependencia policial que funcionó como centro clandestino de detención. José Eduardo Moreno declaró haberlo visto allí. Según las reconstrucciones judiciales, permaneció cautivo en ese lugar durante aproximadamente diez días, aunque la duración exacta se estableció dentro de un intervalo documental. Durante ese período fue sometido a privación ilegítima de la libertad y tormentos, hechos investigados en las causas por delitos de lesa humanidad.
Más tarde fue trasladado al centro clandestino conocido como Pozo de Banfield, instalado en dependencias de la Brigada de Investigaciones de esa localidad bonaerense. Allí fue reconocido por sobrevivientes, entre ellos Nieves Acosta. Los testimonios sobre su paso por ese lugar resultaron fundamentales para reconstruir su itinerario. Las instalaciones integraban el circuito represivo de la Policía bonaerense, por el que circularon numerosas personas secuestradas en la provincia y en el conurbano.
El 13 de octubre de 1977, fue trasladado junto con otras ocho personas a la Comisaría Tercera de Lanús, ubicada en Valentín Alsina. Los registros y testimonios incorporados a las investigaciones permitieron establecer esa fecha como el último tramo conocido de su cautiverio. Permaneció allí alrededor de quince días, de acuerdo con las reconstrucciones judiciales. La documentación no permite determinar con certeza qué ocurrió después ni establecer un día preciso de su muerte.
La fecha del 28 de octubre debe entenderse, por tanto, como una referencia posible dentro de la reconstrucción de su destino, no como una fecha de asesinato confirmada. Los registros oficiales lo mantienen en la condición de detenido-desaparecido. La investigación judicial acreditó el secuestro, los lugares de cautiverio y los tormentos sufridos, pero no estableció de manera concluyente cuándo ni dónde murió. La distinción resulta necesaria para no convertir una hipótesis cronológica en un hecho probado.
El caso fue incorporado a las investigaciones sobre los crímenes cometidos en el circuito de centros clandestinos de Banfield, Quilmes y Lanús. Durante las audiencias judiciales celebradas décadas después, su hija Marta Catanese brindó testimonio sobre la desaparición de su padre y las gestiones emprendidas por la familia para encontrarlo. También relató que conoció las referencias sobre su paso por el Pozo de Banfield a través de información aportada por sobrevivientes. Sigue sin aparecer.
Ramírez de Velasco®



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