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| "Mate y venga", de Raúl Cisterna |
Dulces, amargos, termos, porongos y bombillas, una vieja costumbre atraviesa diferencias irreconciliables
Por comodidad le decimos “mate” a la infusión de una planta originaria de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y el curso superior del Uruguay. Lo tomamos poniendo un leve puñado de yerba mate (Ilex paraguariensis) sobre el agua y colándolo luego. También llenamos una calabaza de unos 200 centímetros cúbicos con esas hojas, previamente secadas, cortadas y molidas; luego le echamos agua caliente por un agujero que habremos tenido el tino de hacerle al recipiente, casi siempre un porongo (Lagenaria siceraria), y lo bebemos con una pajita o sorbete de metal, que llamamos bombilla.Es parte de uno de los desayunos más extendidos en la Argentina. Se ingiere también en el Uruguay, sur del Brasil, Bolivia, Chile y dicen que ha llegado a la convulsa Siria, de la mano de nacionales de aquel país que viven aquí. Hace un tiempo también hubo noticias de que se exportaba al Japón, donde la usan para colorear de verde los fideos, pero quién va a creer, che.En la Argentina, el mate recorre la columna vertebral de las clases sociales, por lo que bien podría constituirse en un factor de unión, en estos momentos en que pareciéramos estar divididos en güelfos y gibelinos de manera irreconciliable. Hay quienes creen que no se desata una guerra civil por el simple hecho de que unos y otros no abandonarán el uso del Facebook para tomar una ametralladora y salir a matar a su vecino. Además, ambos bandos saben que una conflagración abierta llevaría el precio de la yerba a las nubes, una posibilidad que los aterra.
Los que han viajado aseguran que hay varias maneras de tomar el mate, según los gustos y la región de la que se hable. Los uruguayos son cuidadosos en no dejar que el agua hierva, lo toman en recipientes grandes y sobaquean un termo, pues lo llevan dondequiera que van. En el norte argentino, por lo general, hierven el agua y le agregan azúcar (hay dos equiipos bien definidos: los dulces y los amargos). Y hay quienes, a pesar de que no les gusta su sabor, se hacen de tomarlo con unas mescolanzas de yuyos en las que menos yerba, hay hasta pasto ruso.
El mate en jarro, digamos, se acompaña en el desayuno o la merienda con tortilla, pan francés de hoy, ayer, anteayer y antes también, galletitas de agua, pan criollo, bizcochos de grasa, milanesa fría o caliente, sándwich de mortadela, huevos duros y cualquier otro tentempié.
Suelo escribir estas líneas entrecortadas por un mate mañanero, cebando tranquilamente en mi jarrito enlozado de siempre, mientras alrededor mi casa, que es todo mi mundo, duerme a pata suelta.
Juan Manuel Aragón
A 6 de octubre del 2026, en la Plaza Libertad. Pensando, sentado.
Ramírez de Velasco®



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