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| "Comprensión", de Raúl Cisterna |
Un viejo libro heredado, unas palabras de San Clemente y una enseñanza que termina dejando callado al lector
Repaso un viejo libro de religión de la biblioteca que fuera de mi tata. Su título es "El Evangelio del día", pero es para reflexionar en cualquier época del año. Abro una página cualquiera y ahí hay una perlita. Quizás los lectores quieran recordarla también. Ahí va.El evangelista Marcos cuenta que Juan le dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros". Capaz que creían que se enojaría o que saldría en su búsqueda para denunciarlo, dice uno, pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo".Como si hubiera querido machacar su enseñanza agregó: "Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar".
Y fue por más todavía: "Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".
San Clemente de Roma, que fue Papa del año 90 al 100 más o menos, aprovecha esta parte del Evangelio para señalar la gracia de la conversión.
Dice: "Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios su Padre, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la conversión para todo el mundo. Recorramos todos los tiempos y aprenderemos cómo el Maestro, de generación en generación, “concedió un tiempo de conversión” a todos los que deseaban convertirse a él. Noé predicó la conversión, y los que le escucharon se salvaron. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido".
También predica: "Los ministros de la gracia de Dios inspirados por el Espíritu Santo, hablaron de la conversión. El Maestro del universo habló también con juramento: ´Por mi vida, oráculo del Señor, yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta´ (Ez 18,23). Y añade aquella sentencia llena de bondad: “Convertios a mí, casa de Israel, de vuestra inquietud. Di a los hijos de mi pueblo: Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como la púrpura y rojos como escarlata, si os convertís a mí de todo corazón y decís ´Padre, os escucharé como a mi pueblo santo”.
"Queriendo, pues el Señor, que todos los que él ama tengan parte en la conversión, lo confirmó con su omnipotente voluntad. Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio, e implorando con súplicas su misericordia y benignidad recurramos a su benevolencia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las contiendas y la envidia, que conducen a la muerte". Hasta aquí San Clemente.
Después uno se queda callado, ¿no? Porque, ¿qué más puede agregar?
Nada.
Juan Manuel Aragón
A 18 de octubre del 2026, en Quebracho Coto. Tironeando el potro.
Ramírez de Velasco®



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