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| En bicicleta |
Una máquina silenciosa podría convertirse en la solución más razonable para viajar en tiempos difíciles
Feliz cumpleaños, Carlos Vitautas
“Ventajas y reflexiones acerca de un vehículo que la humanidad descubrió demasiado tarde, pero que va camino de ser el único que va a tener el combustible necesario para andar desde el año 2100”, podría llamarse esta crónica, si los agentes literarios de este blog permitieran títulos tan largos.Hay una técnica para pedalear y no cansarse: dejar que el pie que va adelante, simplemente se pese sobre el pedal, no emplear la fuerza bruta para empujarlo hacia abajo, con eso nomás, cualquier alfeñique ya puede andar kilómetros sin cansarse ni un ratito.Sabido es que la popularidad de este vehículo se debe, más que nada, a la ruda sencillez de su mecánica, a la posibilidad que brinda a los usuarios de arreglar cualquiera de las partes de su motor (si así se le puede llamar), armado solamente con una pinza, tres llaves y un par de destornilladores. El silencio de su recorrido es otra de las ventajas de este vehículo.
Algunos nombres de sus partes, independientemente de su belleza o su utilidad, son eufónicos, oiga, amigo, diga “manubrio”, diga “rayos”, diga “chaveta”, diga “timbre” y observará que acuden a su mente recuerdos de la infancia o en su defecto se le llena la boca del sabor de las palabras bonitas. Deletree "gomín", ¡vamos!, ¿no es hermosa?
Nada como una bici para conservar la estampa como mandan los médicos. Es cierto que en primera instancia recomiendan caminar, pero si no hay más remedio se conforman con que uno pedalee unos veinte kilómetros por día, cosa de mantener esa achura que le llaman corazón en buen estado. Una pedaleada por día asegura a un buen ciclista que aguantará tres o cuatro desamores por año sin que sístole y diástole dejen de funcionar adecuadamente.
Despacio y calladamente, sin prisa y sin descanso, la bicicleta va ganando terreno en la consideración de quienes piensan que no se puede viajar en paz sin sentir el canto de los pájaros. Va siendo hora de que, por el bien de nosotros y de nuestra posteridad, la adoptemos como vehículo para canalizar nuestras ansias de acometer los caminos con placer y hondo sentimiento.
Si este texto llegara intacto hasta el momento en que serán totalmente necesarias las bicicletas, tal vez seré tenido por un gurú que se adelantó a su tiempo y propuso una solución cuasi mágica para enfrentar el drama de la escasez de petróleo, carbón o sol. Lo más probable es que entonces sea desechado y, desde algún planeta lejano, a años luz de este, una nueva humanidad se ría a las carcajadas de tan peregrinas especulaciones. Si sucediera esto último, les diría desde ya: "Pero no se olviden de andar en bicicleta".
Juan Manuel Aragón
A 5 de noviembre del 2026, en Rodar. Comprando un inflador.
Ramírez de Velasco®


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