Ir al contenido principal

FRANCO “A mí no me pica el cuerpo”

Francisco Franco

El autor de esta nota afirma que el Caudillo español fue un hombre fuerte en tiempos difíciles, santo o, al menos, de virtudes heroicas

Por Jaime Gurpegui
en Info Vaticana
La ministra *Alegría dice que “a la derecha le pica el cuerpo” cuando se menciona a Franco. Pues no, ministra, a mí no me pica nada. Le echo de menos. Le agradezco que salvó a España de vosotros, le agradezco 40 años de prosperidad, orden y respeto.
Franco no solo fue un hombre fuerte en tiempos difíciles, fue un hombre santo o, al menos, de virtudes heroicas. No se trata de nostalgia, se trata de reconocer la verdad: reconstruyó un país devastado, levantó hospitales, escuelas y universidades, y evitó que cayéramos en manos de regímenes que llevaron al horror a media Europa.
Ustedes, ministra, intentan presentar la historia como un combate de buenos y malos según su conveniencia ideológica. Lo que no soportan es que Franco ganó, y no solo ganó la guerra: ganó la paz para millones de españoles que, de otro modo, habrían conocido la persecución y la miseria.
No quiero retroceder ni un paso en la defensa de lo que es justo. Aquí lo que está en juego no es un relato, es la memoria de quienes vivieron tiempos de verdad, no discursos vacíos de salón. Así que, no, ministra: no me pica el cuerpo. Me hierve la sangre cuando veo cómo intentan reescribir la historia con resentimiento.
Franco no salvó solo una época, salvó a una nación entera. Y eso, les guste o no, quedará en la historia para siempre.
*Se refiere a María del Pilar Alegría Continente, vocera del gobierno español
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

PALABRAS Psicología fácil para el hombre moderno

Psicoanálisis de café Usamos diagnósticos complejos como insultos cotidianos sin detenernos a averiguar qué significan realmente "Fulano de tal es un narcisista", dice uno, señalando a otro, que es un vanidoso, egoísta, que se saca muchas fotos y piensa a cada rato en sí mismo. Todo el mundo piensa: "Ah, pero este había sabido mucho de psicología, mirá que decirle narcisista, qué genio, che". Pero yo, que ando todo el día buscando la quinta pata al gato, me voy a internet y averiguo qué significa esa palabra. El trastorno de la personalidad narcisista es una patología severa caracterizada por un patrón inflexible de grandiosidad, necesidad patológica de admiración y una incapacidad estructural para sentir empatía por los demás. Y está mal usado el término, amigo, porque se confunde un rasgo de carácter —el egoísmo o la vanidad cotidiana— con un trastorno que puede destruir vínculos y requiere evaluación psiquiátrica. Al leer esta crónica, más de uno me va a querer ´...

OPINIONES Si me pides la verdad…

"Libros y gustos", de Raúl Cisterna Un escritor quiere conocer la opinión de un amigo, pero esperaba algo distinto: historia de un sincericidio Esta mañana en el café, un amigo me leyó un cuento que había escrito. Le señalé lo que era, a mi juicio, un pequeño gazapo: cuatro verbos juntos. Se enojó. Me dice: “Me parece que está bien”. Le digo: “Creo que está mal, pero me has pedido una opinión y te la he dado". Me dice: “¿Por qué no cuestionas el fondo del texto?’”. Le digo: “Porque no corresponde, es lo que piensas, es tu planteo, y con los argumentos no me meto”. Me dice: “No me parece que esté mal poner cuatro verbos juntos”. Le digo: “En realidad no está mal, es poco elegante, pero, en fin, quizás es un pensamiento mío nomás”. Me dice: “¿En qué quedamos?”. Le digo: “Hay asuntos que técnicamente no están mal, son poco elegantes”. Me dice: “Hay muchos ejemplos de autores famosos que escriben cuatro verbos juntos”. Le digo… ¡báh!, no le digo nada, me quedo mirándolo, a l...

SECRETO No me tengas así

"Chisme", de Raúl Cisterna Una historia nacida en una visita empezó a circular hasta convertirse en asunto conocido por todo el pueblo Después de mucho andar, se reconstruyó la historia aquella que cuentan que comenzó la tarde que María Eugenia fue a tomar el té en lo de su prima Olinda, que se estaba por casar, y le pidió detalles, la otra le dijo que tenía un secreto secretísimo, que no tenía que avisar a nadie en el mundo, bueno, si me vas a contar, contame, y si no quieres, no me cuentes, pero no me tengas así, y después de que lo supo, Olinda corrió a decírselo a su madre, a pesar de lo que le había prometido, pero era su madre y en ese tiempo se confiaban todo, y doña Jacinta, la madre de la Olinda, esa noche se lo contó al marido, que al otro día, entre grandes risotadas, lo repitió en el club, cuyos socios se encargaron de difundirlo por todo el pueblo, más rápido que ligero, y la que se le armó a la pobre María Eugenia, porque vino el marido a reclamarle, y la madre ...

MITO Licaón de sobremesa

"Licaón", de Raúl Cisterna Una historia griega es el tema de conversación de muchos vecinos en asados, galas, recepciones, fiestas, bailes y saraos Tema de conversación en la mesa familiar de los santiagueños cuando se juntan en asados, galas, recepciones, bailes, fiestas y saraos, es el de Licaón, pero no el hijo de Príamo y Laótoe que, hecho prisionero, fue vendido como esclavo por Aquiles. Lo mataron porque intentó fugarse. Tampoco se trata del que era hijo de Antenor, a quien en consideración a su padre los griegos respetaron la vida cuando ganaron la Guerra de Troya. No, mis amigos, el que ocupa las conversaciones de los buenos vecinos es Licaón, el rey arcadio, hijo de Pelasgo y Melibea, que era hija a su vez de Océano. En vez de leer la tracalada de noticias policiales con que los periódicos de la ciudad asesinan el idioma todos los días, los santiagueños se dedican a averiguar detalles de la vida de este personaje y se entusiasman con sus idas y venidas, con el horror...

ESTANCIA Así que era esto

"El diario", de Raúl Cisterna Los primeros días me dediqué a observar, callar y tratar de entender las reglas de aquel extraño lugar Los primeros días hubo un tanteo, observaba y me observaban para averiguar de qué lado rengueaba, cómo corría. Me quedaba callado, sentado, leyendo. Agarraba el diario cuando los demás lo dejaban. De todas maneras, lo que sucedía afuera me tenía sin cuidado. Tampoco había que exagerar, releí la “República” de Platón, pero, para no escandalizar, también repasaba esas revistas frívolas, que tratan de actrices hablando como actores y actores comportándose como actrices. Quería hallar la clave del funcionamiento del asunto. Recuerdo que el primer día pensé: “Así que era esto”. Una casa gris, con olor a comida, una silla de ruedas en el pasillo y una enfermera haciendo algo, sin mirar a ninguna parte, en una piecita, que luego supe que tenía nombre inglés. La piecita, claro. Me sucede que nunca las primeras impresiones son duraderas, pero aquella con...