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VIEJOS El mundo sigue andando

Niño en la calle

Hasta la década del 40, se pasaba de niño a adulto, a los 15, cuando se dejaba de usar pantalones cortos


¿Hasta cuándo es chico un chico? Si vamos a poner una determinada fecha, digamos que cuando terminan la escuela secundaria se convierten en hombres los niños y en mujeres hechas y derechas las chicas. En los tiempos antiguos, se dejaba de ser un infante cuando se terminaba la escuela primaria, a los 12 o 13 años. Luego, para retrasar su ingreso al mundo laboral, se estiró la niñez hasta los 17 o 18. Entonces se llega a la adultez.
Un tipo cualquiera, a los 20 años es lanudo viejo, por ahí se dio el lujo de procrear uno o dos hijos, tiene un trabajo, mantiene a esos críos o no tiene trabajo y una mujer le reclama que le pase plata para la prole. Sea cual fuere su situación, es claro que no tiene los problemas de un infante. Por lo tanto, no es un chico.
Hasta la década del 40, se pasaba de niño a adulto, a los 15, cuando se dejaba de usar pantalones cortos, a veces con unos canutos de pelos larguísimos, y se ponía sus primeros pantalones largos. A esa edad quizás lo dejaban fumar delante del padre y en una de esas, el dueño de la tornería en que trabajaba lo sacaba de la categoría de aprendiz o “che pibe” y lo nombraba medio oficial, con sueldo y todo.
Un buen día, en el camino de la vida, algo se hizo trizas contra el suelo. Los chicos que antes querían ser hombres, empezaron a intentar un imposible, seguir siendo niños por siempre. El mundo de Peter Pan estirado hasta la idiotez más malsana. La del ridículo.
Hay viejos de 65 años que hoy se llaman “chicos”. Usted va a un asado, pregunta a qué hora llegarán los demás. El dueño de casa le avisa: “Los chicos ya van a llegar” y uno cree que se confundió de casa. “¿Qué chicos?”, pregunta. Lo mirarán raro, como si fuera un loco, un desubicado. “Cómo que qué chicos, los amigos nuestros”.
Desde la casi ancianidad, uno los mira y se pregunta por qué se dicen así, si hace al menos cuatro décadas dejaron de ser niños, qué les funciona mal en el marote para que se ofendan entre ellos de esa manera.
Antes llegaba a una tienda y en cuanto alguien me decía: “Espere un momento, ya lo van a atender los chicos”, pedía: “Por favor, a mí que me atienda un adulto”. Sabido es que los años no vienen solos; con el tiempo me he vuelto más intolerante a las boberías. Ahora si me avisan que me atenderán chicos, miro para todas partes, indico que los denunciaré por tener niños trabajando, algo prohibido por la Convención de Ginebra y por la Ley de Contratos de Trabajo, doy media vuelta y me marcho rápidamente. Y no me importa si se dan por enterados de que, lo que les acabo de decir es un insulto a su comprensión del mundo o a su parca inteligencia.
En serio, che, ¿qué ganan diciéndose chicos, tipos que tienen la lana gris desde hace por lo menos 30 años?, ¿qué cretinismo insólito les ha tomado el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo para que intenten ser críos de nuevo?, ¿querrán volver a la mamadera, el pañal, el babero?
Las palabras no deben ofender si nombran aquello para lo cual fueron ideadas. La vejez es un concepto relativo, además. Se es joven a los 20, a los 30 años pongalé. Los 40 y los 50 son los de la adultez plena y a partir de los 60 se entra en el tiempo de la vejez, la ancianidad y al final, si Dios quiere, la decrepitud. Si le gusta, muy bien, si no, lo mismo es amigo, el reloj sigue andando, los días pasan, y usted está cada vez más viejo.
Si no le gusta, compresé bombachitas de goma, consiga un biberón. Diga “¡agó!”, tome un sonajero. Inscríbase en un jardín de infantes, salita de cuatro. Espere el recreo, no se haga pis encima.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy bueno. Lo digo con 80 recién cumplidos. Carlos Zigalini.

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  2. Cristian Ramón Verduc7 de enero de 2023 a las 8:35

    Todo, o casi todo el vocabulario en general viene por la televisión o el celular. Lamentablemente, hay una gran cantidad de gente obediente, esperando la última novedad enviada desde esos medios, para adoptarla, tal vez para no "perder el tren" y seguir pareciendo "chicos". Llegada cierta edad, por más que le digan o se diga "chico", uno va a tener que cuidar de no hacerse pis encima.

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  3. Muy bueno, Juan. Coincido con el planteo del artículo y con el diagnóstico de Verduc.
    Varias cosas han sido trastocado por les estilos propuestos por la publicidad en los medios, incluyendo los nuevos criterios de consumismo, como la edad aparente de las personas (hasta cuando se es "joven"), el tuteo porteño ("ya podés pedir tu número para participar!!!"), y otros por el estilo. Hasta hace 100 años, antes de la industrialización agrícola y la producción masiva por fertilizantes, las familias vivían en el campo y los hijos se arremangaban desde los 10 años para hacer las tareas rurales. La niñez duraba muy poco. En las ciudades la cosa fue cambiando y ahora, con el nihilismo que ha invadido a la juventud, y los llamados ni-ni, se quedan con los padres y todos juegan los jueguitos electrónicos, se visten igual y esas cosas. En fin, habrá que esperar que estáa sea una solo moda y no una tendencia que se consolide.

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